Hay tres tipos de focos y la mayoría provocados
La Guardia Civil cree que la naturaleza solamente ha provocado una mínima parte
La investigación que lleva a cabo la Guardia Civil para determinar el origen de los incendios, que asolan desde hace 10 días a la provincia de León subdivide en tres categorías los siniestros, de acuerdo a los primeros datos que van revelando los estudios elaborados por el Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona).
De acuerdo a la casuística, se establece un grupo menor de casos provocados por la naturaleza, fundamentalmente debidos a las tormentas que se produjeron los primeros días de la ola y que básicamente por causa de los rayos que alcanzaron a las zonas de monte seco, generaron algunos de los episodios.
Hay un segundo grupo, un tanto más numeroso, que se debe a la acción del hombre, pero de forma involuntaria. El epígrafe se recoge en prácticas agrícolas indebidas y consta la existencia de al menos un caso de un tractor que mientras estaba empleando en las labores propias, generó un foco de calor que provocó la ignición de una zona. La propagación de las llamas no pudo ser controlada en ese asunto, que se tiene totalmente constatado y en el que el propio afectado ha reconocido los hechos.
El tercer grupo, el más preocupante y en el plano subjetivo el más numeroso es el de los incendios provocados con la intención de llenar el monte de llamas. La aparición de las nuevas formas de delincuencia de estas características introduce un dato novedoso. Hasta ahora resultaba sencillo identificar a este tipo de autores por su tendencia a personarse en la zona de los hechos y contemplar in situ la devastación de las llamas. Se trata de una forma sociopática mental de gozar del disfrute, tanto por el daño que se causa como por el ejercicio de fascinación que suponen los fuegos.
Pero la investigación se encuentra ahora con que la intensidad informativa con la que se están siguiendo estos episodios, genera que buena parte de estos afectados por trastornos decida conseguir a través de los medios audiovisuales la satisfacción que antes tenían que procurarse in situ, con lo cual resultan más complicados de detectar.
El gran problema sigue siendo la recopilación de pruebas suficientes para sostener una acusación judicial que permita proponer cargos contra personas acusadas de delitos contra el medio ambiente. Y en el trasfondo de la investigación, subyace una queja velada que no se hace pública, pero que es latente en el ambiente: necesidad de endurecer el código penal para delitos de estas características cuando se produce un círculo y consecuencias como las que se están viviendo estos días.
Actualmente, el código penal castiga con penas de prisión de entre uno y cinco años de cárcel a los autores de incendios, que atenten contra espacios protegidos de la naturaleza. La legislación es más concreta para los casos específicos de zonas protegidas. Seis de las siete reservas de la biosfera con que cuentan la provincia están afectadas actualmente por incendios, de acuerdo a los últimos datos recopilados.