El nuevo escenario climático obliga al lúpulo a reinventarse si quiere sobrevivir

Lúpulos de León apuesta por nuevas variedades más resistentes al calor y al estrés hídrico

Lúpulo en una plantación de la zona de la ribera del Órbigo, donde es uno de los cultivos más importantes.virginia morán

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León

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El lúpulo, al igual que otros cultivos, tiene que adaptarse a las nuevas condiciones impuestas por el clima si quiere sobrevivir. «Hay que mirar nuevas variedades que se adapten mejor al calor y al estrés hídrico», confirma Alberto Martínez, presidente de Lúpulos de León.

No atraviesa esta planta trepadora su mejor momento, acuciada por la falta de relevo generacional, la reconversión varietal y la disolución de la sociedad agraria de transformación que agrupaba a los lupuleros, que ahora negocian de forma individual con la conercializadora, quedándose así sin la fuerza de grupo a la hora de establecer las condiciones de los contratos.

El clima tampoco ayuda y el calor está comprometiendo el cultivo en los últimos años. «Antes, hasta junio no se empezaba a regar, pero ahora ya tenemos que hacerlo a finales de mayo», explica Martínez. El calor también afecta al riego, una labor que está más modernizada en la zona del Órbigo y permite el goteo, mientras que en la zona de la Vega del Tuerto se sigue regando por inundación, lo que conlleva un mayor gasto del agua. «No podemos seguir regando así, hay que modernizarse», asevera el presidente de Lúpulos de León.

El panorama generado por el nuevo escenario climático es especialmente relevante para la provincia leonesa, principal zona productora de esta materia prima esencial para la elaboración de cerveza.

Alternativas

La reducción de las cosechas provocadas por el cambio climático ha motivado un estudio realizado por investigadores de la Universidad de León (ULe) en el que se destaca el potencial del cultivo de lúpulo en interiores mediante agricultura vertical como una alternativa. La investigación, publicada en la revista especializada Casos de Marketing Público y No Lucrativo, analiza el caso de la empresa española Ekonoke, pionera en la producción de lúpulo en interiores mediante sistemas hidropónicos y automatizados y plantea este modelo como una posible respuesta a los retos que afronta el sector en las próximas décadas.

El trabajo, consultado por la agencia Efe, está firmado por los investigadores de la ULe José Luis Vázquez Burguete y María Purificación García Miguélez, junto a Raúl Llera Villegas y José María Vázquez García, y pone el acento en la necesidad de buscar soluciones innovadoras para garantizar el abastecimiento de una planta cuya producción depende en gran medida de unas condiciones climáticas cada vez más inestables.

Los autores recuerdan que el lúpulo, conocido por su contribución al aroma y al amargor característicos de la cerveza, afronta una disminución de la producción en diversas zonas productoras.

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Alemania, principal productor mundial de esta planta seguido de cerca por Estados Unidos, también está estudiando alternativas después de que este año la cosecha haya mermado un 20%. En la región de Hellertau, Baviera, están buscando variedades más resistentes al cambio climático y tienen un proyecto de creación de un infraestructura pública mediante la cual extraer agua superficial de río durante los periodos en los que el caudal sea abundante. Al parecer, la idea es que el agua se almacene en balsas distribuidas por la zona para que los agricultores tengan reservas durante los meses de verano y no sobreexploten las aguas subterráneas. Y es que el 80% del lúpulo germano se riega únicamente con el agua procedente de la lluvia, lo que supone un importante problema para el desarrollo del cultivo en este nuevo escenario climático.

Campaña similar a la del año pasado

La campaña del lúpulo está prácticamente terminada. La mayoría de los cultivadores han concluido ya los trabajos. A falta de las cifras concretas, que se sabrán algo más adelante, los lupuleros coinciden en señalar que la de este año es una campaña «normal», dentro de lo que se considera la media, tal y como aseguran desde Lúpulos de León. En general, la campaña es similar a la registrada el año pasado, cuando fue algo menor en cantidad pero de una calidad excelente. Para conocer las cifras concretas, habrá que esperar a que finalice la recogida, hacia el mes de noviembre.Las altas temperaturas registradas durante los meses de verano, en los que diversas olas de calor fueron las grandes protagonistas, no han sentado bien al cultivo del ‘oro verde’, poco acostumbrado al calor adelantado y a la escasez de lluvia.En cuanto a plagas y enfermedades, este año han estado bastante controladas, si bien algo antes de la llegada del verano, entre finales de mayo y principios de junio, hubo algo de mildiu; mientras que en julio y agosto también algo de oídio en la zona del Órbigo, aunque sin demasiada trascendencia gracias también al calor y a la falta de humedad.Aunque la campaña no está siendo desfavorable, el lúpulo sigue sufriendo la escasez de mano de obra. A la caída en el número de lupuleros registrada de forma constante en los últimos años —a causa de las condiciones comerciales y también motivada por el cambio en las variedades— se suma también la falta de relevo generacional y la dificultad para encontrar mano de obra disponible, además del problema que supone la subida del coste de los insumos, una realidad que afecta a todo el campo de forma generalizada.