La DO León concluye una vendimia de 2,85 millones de kilos de muy buena uva mermada por el granizo y el calor
La autóctona blanca Albarín, aunque con más extensión vitícola, pierde casi 89.000 kilos sobre la vendimia anterior y con los 439.000 recogidos en las 101 hectáreas de plantación deberá cubrir una demanda creciente
Las bodegas y viticultores adscritos al Consejo Regulador de la Denominación de Origen León concluyeron la vendimia 2026, marcada por sobre todo por la anormalidad meteorológica del verano máscaluroso desde que existen registros fiables, con la recogida de 2.844.769 kilos de uva (frente a los 3.008.365 de la anterior y los 2.829.211 de la de 2024), lo que supone una merma de la producción del 5,44% sobre la de 2025. Las granizadas de primavera, especialmente la que el 28 de abril afectó a Valdevimbre, que concentra un tercio del viñedo, y la ausencia casi total de lluvias en julio y agosto mermaron considerablemente el tamaño y peso de la uva y rompieron las previsiones que inicialmente apuntaban a más de tres millones de kilos. Sin embargo, apenas interrumpieron el trabajo en la viña y posibilitaron una recolección ordenada, escalonada y en perfectas condiciones de maduración de la uva, de equilibrados parámetros generales y en unas condiciones sanitariamente perfectas que auguran, una muy buena añada para sus vinos.
La vendimia, que concluyó el 13 de octubre, se inició el 19 de agosto, con casi tres semanas de adelanto (exactamente 19 días) respecto a la de las dos campañas anteriores (7 de septiembre), que ya habían supuesto una anticipación importante sobre las tradicionales. Es la consecuencia de un verano extraordinariamente caluroso y de mínimas precipitaciones que viene a evidenciar los efectos de un amenazante cambio climático.
La previsión, de más de tres millones de kilos, inicialmente similar o algo superior respecto a las cifras de 2025, finalmente no pudo cumplirse por esas condiciones meteorológicas que afectaron al viñedo, sobre todo a partir del envero. Una primavera lluviosa había permitido al subsuelo acumular buenas reservas de humedad y desarrollar con normalidad la floración y el cuajado del racimo. Pero la tremenda sequía acumulada desde julio hasta después de iniciarse la vendimia y el excesivo calor, especialmente durante todo el mes de agosto e incluso las primeras semanas de septiembre, con altísimas temperaturas y sin apenas contraste térmico entre los días y unas noches inusualmente tropicales, terminaron por mermar la producción.
Las semanas previas a la vendimia la planta ya empezó a mostrar signos de estrés hídrico y la uva dejaba ver evidencias de deshidratación, precipitando la concentración de azúcares, impidiendo su desarrollo en volumen y, consecuentemente, mermando su peso. Y además, las ligerísimas y focalizadas lluvias de los últimos días de agosto y primeros de septiembre apenas tuvieron el efecto deseado sobre la fruta, más allá de aligerar su equilibrio y contener el grado alcohólico.
Sin embargo, fue ese calor del estío y la sequedad del final del ciclo vegetativo lo que evitó la aparición de plagas y propició racimos bien formados, homegéneos, limpios y de uva de menor tamaño, pero extraordinaria sanitariamente y de altísima calidad, lo que augura grandes vinos para la añada 2026. La merma de la producción del 5,44% rompe el crecimiento del 6,3% de la vendimia de 2024 y vuelve a situar a la DO León ligeramente por debajo de los tres millones de kilos, aunque en un escenario económico adverso para el consumo con carácter general y para el vino muy en particular.
La caída del Albarín limita la capacidad para responder a su creciente demanda
En ese contexto, la variedad reina Prieto Picudo acapara con 2.064.817 kilos (2.140.492 en 2025) la mayor parte de la producción entre las tintas, se mantiene la Mencía (8.773 frente a 8.778), prácticamente testimonial, aunque también principal para la elaboración de rosados y tintos, y recupera la complementaria Tempranillo (163.680 frente a 148.160). Aumenta la Negro Saurí (5.400 frente a 2.780). La modificación del Pliego de Condiciones del Consejo Regulador para incorporarla como variedad principal, cuando prácticamente estaba desaparecida, permitió la elaboración y comercialización de un segundo vino, también rosado, por parte de la sociedad de viticultores Melgarajo (Melgar de Abajo-Valladolid). Esta vinífera, aunque con otras sinonimias en El Bierzo y Galicia (Merenzao) y norte de Portugal (Merençao), siempre tuvo presencia en el territorio de la DO León y en su momento fue incluida por el Itacyl en el programa de recuperación de variedades autóctonas históricas de las denominaciones de origen de Castilla y León. Pero su producción sigue siendo simbólica, aunque sorprende por sus excelentes cualidades organolépticas. Y entre estas tintas vuelve a quedar sin registro de vendimia la Garnacha, con la condición de autorizada, aunque ya en desuso.
La contrariedad la protagoniza la blanca Albarín, con 438.979 kilos, frente a los 527.764 de 2025, lo que supone un varapalo para las bodegas, que no podrán satisfacer la creciente demanda de un blanco emblemático y que venía generando grandes expectativas por su calidad, singularidad y diferenciación. Vuelve a caer también la Verdejo (152.960 kilos frente a los 173.411 de 2025), y se mantiene en cifras casi residuales la Godello, que mejora su aprovechamiento (10.160 kilos frente a 6.980 de la cosecha anterior). Las dos son principales como blancas.
Una añada con grandes expectativas
La mecanización de la vendimia (casi el 93% del censo vitícola corresponde a viñedos en espaldera) posibilitó realizarla en las mejores condiciones de maduración, grado alcohólico y acidez. La uva presentó una excelente relación piel-pulpa y muy buenos parámetros generales. Los enólogos destacan de manera unánime las excelentes cualidades para la elaboración de vinos con las variedades de referencia, Albarín y Prieto Picudo, y sobre todo resaltan el enorme potencial aromático de la blanca, al igual que en 2025 muy por encima incluso de su alto nivel habitual. Los blancos serán muy terpénicos, florales, frutales y frescos en boca por las características de las propias variedades, especialmente los albarines, equilibrados y con excelentes aptitudes también para elaboraciones complejas.
La Prieto Picudo, esencialmente destinada a la elaboración de rosados (suponen el 68% de la producción total), permitirá elaborar vinos de gran pureza varietal, aromáticos y también con muy buenos equilibrios entre alcohol, como respuesta a la exigencia en ese sentido, y la acidez característica que siempre le aporta frescura. Los enólogos se enfrentarán, un año más, al reto de gestionar esas excepcionales condiciones de la fruta para elaborar unos tintos que, con magníficas aptitudes también para la crianza, incluso larga, probablemente recordarán a los de las mejores añadas. Serán vinos muy raciales, con toda la fuerza y rusticidad de una variedad difícil como la Prieto Picudo, pero con la agradable finura, sedosidad y elegancia que caracterizan a los de las últimas añadas.