La plaza del Arquitecto Gaudí recuerda al autor del palacio episcopal
La envoltura visual de Astorga
La plaza del Arquitecto Gaudí se encuentra en pleno centro de la ciudad
Entre el laberinto de calles tranquilas y sosegadas que dan forma urbana a Astorga, encontramos la plaza que homenajea en su rótulo al genio de la arquitectura modernista española, aunque, por ejercer como abogado del diablo, un personaje de semejante relieve artístico, y que gracias a su obra ha paseado el nombre de nuestra ciudad por todos los foros culturales, merecería algo más que este modesto enclave, delimitado por las calles Cortes Leonesas, Señor Ovalle, Alférez Provisional y la escalonada Brecha. Aquí se ubica un lateral del cuartelillo de la Policía Local y alguna casita de agradable presencia, definiendo una atalaya desde la que se divisa una bella perspectiva del entorno que rodea al viejo recinto amurallado. Una panorámica que sin duda habría sido del agrado de Antonio Gaudí, venido al mundo en la villa de Reus allá por el año 1852. También era natural de Reus el obispo Juan Bautista Grau Vallespinós, quien al poco de tomar posesión de su cargo episcopal en Astorga fue testigo del incendio que destruyó por completo su residencia. El prelado llamó entonces a su amigo Gaudí para que realizase los planos del nuevo palacio episcopal, imaginado como una mole caprichosa y arrítmica, digna del singular talento de su creador. El 24 de junio de 1889, coincidiendo con la onomástica del obispo, se colocó la primera piedra, dando comienzo a unas obras que se vieron truncadas, trágicamente, en 1893. El 18 de septiembre de aquel año falleció repentinamente el prelado, cuando realizaba una visita pastoral a Tábara. Como último homenaje a su compañero, Antonio Gaudí labraría el sepulcro que aún puede verse en la catedral, utilizando la misma piedra blanca que empleaba para la construcción del palacio. Para entonces ya estaba hecho el sótano, la primera planta, y se iniciaban las curvaturas de los arcos de la segunda, aunque pronto comenzaron las discusiones y malentendidos entre el cabildo y el arquitecto. Sin el apoyo y la comprensión de Grau, Gaudí abandonaba Astorga dejando la obra inacabada y jurando que «ni subido en globo volvería a cruzar esa ciudad». Serían otras manos y décadas más tarde, pero finalmente el extraordinario Palacio Episcopal quedaría rematado. Y aquí permanece, luciendo la genial impronta de Antonio Gaudí.