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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Han sido unos días que ni te cuento; unos para el recuerdo, otros para olvidar, que será difícil. Fuimos a Ponferrada a despedir a Ignacio, ese monstruo de la radio que engendró aquella tierra; se nos fue Ignacio pero su voz permanecerá en la memoria. Lo que se podría decir de él lo has oído o leído estos días. ¿Qué te puedo decir yo? Que todo dios le quería, que nunca tuvo enemigos, los amigos a gavillas, que amó al Bierzo hasta la extenuación y al Bierzo se entregó en cuerpo y alma; que con Yolanda dejó la semilla Linares-Ordás arraigada fuertemente para bien de la radio y de la comarca; que era un buen amigo, pero mejor compañero. Nada más. En estos días anda en boca lo del Lyda, con nuevo proyecto y financiación, parece, segura, que se espera sea el revulsivo cultural de esta ciudad. Me hurga en la memoria, un siglo de distancia imaginando aquella década prodigiosa para Astorga que se cerró con las conmemoraciones heroicas del Centenario de los Sitios. Años aquellos de Marcelo Macías, Martínez Salazar, Matías Rodríguez, Ángel Sanromán, las sagas Aragón, Revillo y Fidalgo, políticos de altura y gentes astorganas enamoradas de su ciudad por la que peleaban con ahinco. Yo quiero entender, hermano, la enorme distancia que existe en cuanto al potencial humano, que otra década como aquella tardará en llegar; pero también quiero entender, y de eso estoy seguro, que los astorganos somos capaces de superar obstáculos que para otros pueden ser calificados de insalvables. Por ello veo como si fuera un sueño, un bonito sueño que, en puertas de nuevas efemérides, cuando estamos alcanzando el II centenario, el proyecto Lyda sea una realidad, el eje monumental tenga un remate digno, la Casa Panero pueda albergar la casa de las letras , que el plan director de la muralla -la que tanto desbarató aquella generación, ya ves- esté en marcha. Y una retahila más pero, aparte de aburrirte, sería como pedir peras al olmo; pues bien sabes el repelús que me da y el reparo que tengo a esas rimbombantes declaraciones que las diferentes administraciones prodigan como bien cultural, interés turístico, monumento, parque natural y qué se yo. Por eso, querido, con los pies en la tierra, procuro disuadir a algunos de ciertas aspiraciones relacionadas con todo ese papeleo. Que, al fin y a la postre, aunque nada más fuera para presumir ante vosotros, me encantaría pero, racionalmente no puede ser y, como diría aquel famoso torero, además es imposible. Me refiero a ese empeño de un grupo político, Prepal creo que se llama, en abogar para que Astorga sea declarada como patrimonio de la humanidad. Ya me gustaría, ya; pero tenemos que aterrizar y no crear falsas expectativas, que en Europa no comulgan con ruedas de molino, aunque de vez en cuando le pasen alguno de tipo romano. Vamos, eso sí, - y en ello hay que poner, como se dice vulgarmente, toda la carne en el asador- a aprovechar, al máximo, el tirón que tendrá en su día el palacio de Gaudí, cuando la obra de este genial arquitecto tenga tal declaración, Seamos conscientes de lo que somos, de lo que tenemos, que no es poco, y sepamos hasta dónde podemos llegar; después, hermano, que no se nos quede un resquicio sin aprovechar. Tenemos buenos, inmejorables mimbres para hacer un buen cesto; aprovechemos las varas, hagamos el cesto que ya vendrán las flores. Ah, coño, se me olvidaba; en estos días nos han subido el vino; la cultura un poco más alta, pero esto es otra historia.

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