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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Pues nada, los expertos tenían ya listo el estatuto maragato que tendremos que aprobar los cuatro afiliados del partido independentista y se nos ha caído. De los cinco puntos que lo conforman, pues no hacen falta más, el tercero no se adapta a la Constitución. Nolete, tan cazurro él, intentó meterlo a tornillo con el fin de incorporar al territorio nacionalizado los pueblos de Brimeda, Requejo, Bonillos y otros. Acabado el alboroto comienza el jaleo, por lo cual se han tomado un descanso con la Semana Santa. Van a tener que llamar a todos los expertos historiadores para ver cómo y de qué manera se forma esta nueva nacionalidad; que ellos decidan si Brimeda, Requejo y adyacentes pertenecen a Maragatería porque tuvieron arrieros en sus tiempos y vean si el hábito hace al monje o se le quita la capucha. Así que a esperar acontecimientos que eso del tuto es cosa seria y quieren que pase a la primera como el de Cataluña. Entre mientras por estas tierras donde aún andamos esperando la lluvia, hay quien se troncha de risa hasta saltarle las lágrimas, buenas para el riego por aspersión, por la salida de Matías Llorente, sí, el de Cabreros. Que razón, digo yo, hermano, quizás no le falte por eso de los viajes transatlánticos a la firma de convenios con viejos emigrantes, casas regionales y desarraigados que sueñan con sus raíces leonesas. Personalmente pienso que esos dineros fueron bien gastados aunque podían haberse aprovechado mejor. Y Llorente que lleva -¿sabes cuántos años en el machito?- en viajes más kilómetros que el baúl de la Piquer levanta el zancajo. Si te relaciono los viajes promocionales en los que ha intervenido, puede que te de el soponcio; entonces protestaban otros, claro, porque así ha sido siempre. Recuerdo el más espectacular de aquellos, cuando una serie de diputados, entre ellos don Matías, se fueron a la Bretaña francesa para adquirir un caballo semental con el que mejorar la yeguada leonesa. Sus cuatro o cinco días tiraron por las verdes campiñas y se trajeron un buen ejemplar que costó una pasta gansa. Pero... el bicho de buen porte, guapo, de buenas ancas, pelaje hermoso y propio para el menester que se le quería encomendar, resultó del género epiceno. Total, que no funcionaba; lo cual digo yo, si estuvieron sus buenos cuatro o cinco días por las Francias bien podían haber realizado la prueba del nueve; que me supongo por aquellas tierras sí tendrán hermosas yeguas para comprobar si el aparato le funcionaba o le ocurría lo que al del diputado de marras en el Congreso. Creo que fue una falta de previsión. Por eso aquí muchos se mondan de risa. Cosas. A partir de mañana, hermano, vente para Astorga; las saladillas este año están exquisitas; Daniel ya me dijo que tenía la limonada a punto, las torrijas le salen bien a la santa y si quieres alguna flor espero que la madre de Pipo siga haciéndolas. Bueno, vino también. Ayer mismo me llevé una agradable sorpresa; bien sabes que de catador no tengo nada; solamente sé si me gusta un vino o no; pues eso de su color cereza de Corullón, olor profundo que se mete en el cerebro, sabor afrutado de manzana camuesa y demás no va conmigo. La sorpresa fue que estrenamos vino de La Bañeza donde vuelven a resucitar su solera vinícola que tanta fama tuvo hace un siglo y más. Repasa viejos periódicos, o lee Vendimiario y verás cómo se exportaba vino bañezano; los de Ribera del Ornia andan recuperando la gran viña de aquel patriarca que fue don José María Marcos, y ya ruedan las primeras botellas. El nombre nos trae reminiscencias de romanos que supongo ellos serían los primeros en explotar esos barcillares. Ah, y si vienes tendrás procesiones a tu gusto, que de eso andamos abundosos. Astorga es así, hermano. Con Valdornia salud y fuerza al estatuto maragato.

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