Castrocalbón | El Ayuntamiento asumiría la conservación del viaducto «si se nos otorgan las oportunas ayudas»
El alcalde lamenta el abandono del puente de hierro sobre el río Eria
Algunos elementos de la estructura aún muestran los golpes recibidos en accidentes de tráfico
Algunas vigas, como las dos primeras transversales, aún muestran los efectos de accidentes
En plena polémica por la conservación del puente de hierro de Sopeña de Carneros, el alcalde de Castrocalbón, Luis Antonio Cenador, manifestó ayer en declaraciones a este periódico el abandono que sufre el puente, de las mismas características que el cepedano, aunque de mayor tamaño, sobre el Eria, en la localidad de la Valdería. «Aún se conservan las planchas de metal que se utilizaron para tapar los agujeros que existen en la tablero», señaló el regidor. El puente sobre el río Eria ha sido ejemplo para la reclamación vecinal en Sopeña. Cuando se arreglo la carretera La Bañeza-Camarzana de Tera (LE-110), se levantó un nuevo viaducto que evitase las estrecheces del viejo puente, paralelo a éste y unos pocos metros -no llegarán a la decena- aguas arriba del antiguo. El regidor señaló que el puente «debe pertenecer a la Consejería de Fomento, titular de la carretera» y recordó que «hace ya muchos años que pudo haberse perdido, pero aquello quedó en nada». La desaparición del puente, construido por el sistema ideado por Eiffel volvió al debate público antes de iniciarse el arreglo de la carretera de Camarzana, en el año 2004, con el mismo resultado. Además de los agujeros en la tabla, distintos elementos del puente muestran golpes, resultado de accidentes de tráfico, tanto en algunas vigas verticales como en las transversales, a consecuencia del impacto de algún vehículo de gran altura. Cenador, que lamentó que el hierro no haya recibido «ni una mano de pintura», señaló, sin embargo, que la corporación municipal no se ha planteado iniciar el expediente para que se declare el paso Bien de Interés Cultural, aunque señala que al municipio no le importaría «hacerse cargo de su conservación si recibiese las subvenciones oportunas para acometerla, ya que no contamos con los suficientes medios». Los agujeros del tablero fueron objeto de polémica en 1999, al exigir el Ayuntamiento que se arreglasen. Finalmente, se taparon con chapas de metal que siguen en la actualidad situadas sobre el firme.