ALGUNOS TÍTULOS RECOMENDADOS
La narrativa en León durante el año 2009
NICOLÁS MIÑAMBRES
F iel a su contemplar la vida que pasa, Andrés Trapiello engrosa su Salón de pasos perdidos con una nueva entrega, más voluminosa aún que las anteriores. En Troppo vero el lector asiste a las observaciones del escritor y, sobre todo, a sus curiosas reflexiones sobre la vida, el arte, los libros y, por supuesto, al Rastro de Madrid. A pesar de la humildad de sus planteamientos («Esto, señores, no es más que un vidario») su búsqueda de la palabra precisa sigue siendo una feliz obsesión: «las mías están hechas de arcilla, como los cántaros rotos», advierte en «Confesiones de un pánfilo», temeroso también del eco que pueden encontrar en los lectores. A pesar de ser un campo en el que ha discurrido buena parte de su vida literaria, el escritor confiesa la humildad artesana de su esfuerzo creativo: «Eso es lo que ha hecho uno toda la vida, cuando lo piensa bien: recoger en sus márgenes lo que la vida y los amos desecharon, en el Rastro, en la literatura». No faltan novedades en esta entrega literaria. La visión casi bíblica de la zarza ardiendo y el hecho de no terminar el año en su finca de Las Viñas parecen índice de algún planteamiento nuevo.
De acontecimiento editorial hay que considerar la aparición de las memorias de Antonio Gamoneda. Un armario lleno de sombras es la crónica desangelada de una infancia vivida en condiciones dramáticas. Las vivencias del escritor se convierten casi en resplandores de la dureza de una ciudad y del desamparo en el que el niño Antonio Gamoneda tendrá que ir descubriendo la vida. Nuestro Premio Cervantes ha sido también objeto de análisis en la obra El río de los amigos. Escritura y diálogo en torno a Gamoneda, obra coordinada por Rafael Saravia.
Novela histórica
Superando coyunturas espacio-temporales precisas, Leonardo Ropero ha escrito una novela plena de fantasía. En La estrella oscura, los cuatro reinos que se mantienen en la península de Nerdhos empiezan a observar extraños sucesos en el Estrecho de Darnar, relacionados con la desaparición humana. Es una trágica premonición de la antigua leyenda que anticipa la destrucción de Nerdhos. La supervivencia, y no la conquista, se convertirá en el objetivo dramáticamente esencial.
La Edad Media, recibe, como en cada año que pasa, el homenaje de los escritores leoneses. Domingo González López (además Manantial de ilusiones , una obra sobre las costumbres leonesas) acerca a la figura de Guzmán el Bueno en su novela Aromas de lealtad (Historia de Guzmán el Bueno). El centenario del Alfonso VI le lleva a José Pedro Pedreira a novelar la vida del monarca en Alfonso VI. Vida pública y vida privada del rey : el novelista rescata las experiencias vitales de un rey que recibió una exquisita educación de cortesano, condición que explica su mirada nostálgica del tiempo pasado llegado el momento del adiós. En la Edad Media también, en el espacio italiano, se localiza la novela de Antonio Martínez Llamas, El enemigo de Roma , con san Francisco de Asís como protagonista. Pero, lejos de una visión hagiográfica rancia y clásica, Martínez Llamas opta por ofrecer una imagen diversa, iconoclasta incluso, como fue esa vida de il poverello , aquejado en la obra de unas limitaciones físicas cuya causa interpreta Antonio Martínez Llamas con una hipótesis médica muy sugestiva. La época del monarca castellano Enrique IV, El impotente y el mundo de la reconquista le sirve a Luis Fdez. Arias Argüello de localización espacio-temporal para su novela El señor de Poladura y la daga mágica . El instrumento bélico se convierte en una curiosa clave de enigmáticos comportamientos humanos. Invariable en su presencia, el Camino de Santiago sirve de escenario a la novela de José María Fernández Chimeno, El maestro de la luz, donde el maestro vidriero, Diego de Chartres, narra diversos avatares relacionados con al ciudad de León y futuro templo gótico.
Los tiempos modernos aparecen contemplados desde una doble perspectiva. Alejandro M. Gallo retoma en Operación Exterminio el mundo de la posguerra desde una visión bravía psicológica (el mundo de la guerrilla republicana en las montañas asturianas, evocado en buena medida desde la visión de María Libertad Llaneza) y desde una visión de las altas esferas, obsesionadas con llevar a cabo el terrorismo de estado. Los efectos de la guerra y la condición de desamparo familiar están presentes en la novela de Manuel Cortés Blanco, Mi planeta de chocolate, biografía dramática de un ser recluido en un orfanato en sus primeros años. Javier Menéndez Llamazares , ausente durante varios años de las tareas creativas, ha retornado con gran pujanza al mundo de la novela con El método Coué . Utilizando fuentes y recuerdos familiares, van tomando cuerpo literario las experiencias de un joven español (de origen bañezano, con el que el autor guarda un lejano parentesco) alistado en la División Azul en la Alemania nazi y que alcanzaría gran prestigio y popularidad. En el mundo de la transición ambienta Pedro Víctor Fernández su novela Los hijos de Caín. Gran conocedor de este momento histórico (como se comprueba en obras de investigación al respecto) el autor centra en la persona de Pinacho y Carlota, dos agentes del CESID, la actividad para descubrir una serie de asesinatos perpetrados en este momento de la transición. Elementos de todos los elementos conflictivos colaboran en el desarrollo de la trama, pero no vivirán una experiencia estéril. A algunos de ellos les servirá como orientación para encontrar su camino. El mundo de la convivencia entre colonizadores y colonizados es el argumento que desarrolla Luis López Álvarez en Cóncavo Congo, una novela ambientada en el país africano en la que los conflictos humanos encuentran su simbolismo en la fuerza natural del río Congo, con su presencia natural y su simbolismo.
Entre la fantasía y la creación metaliteraria
En un campo literario de tanta riqueza creativa, no faltan las muestras de autores de esta tierra. Ana Merino en El hombre de los dos corazones crea un mundo que bascula entre la fantasía, el afecto familiar y los recursos metaliterarios. La historia que inventa la madre de Raquel para que la niña se duerma es tan sorprendente que Abraham, su propio padre y esposo, queda deslumbrado, exigiendo con admiración que él sea el destinatario de la segunda parte de la historia. El viaje fantástico que se inicia y el tratamiento humano de los dos corazones llevan al lector a un admirable desenlace. El llorado Víctor Peña debe ser recordado por dos obras . La primera, D3snudos , engloba tres obras de gran originalidad, reflejo de ciertos dramáticos avatares humanos. En Carlota, la princesa arco iris crea un mundo de intensa imaginación . Se trata de un personaje de llamativa y delicada filantropía, cuya misión esencial es hacer algo «por los olvidados del Reino», un pueblo pobre, tan pobre que sólo pudo merecer el nombre de «El Valle del Silencio». La delicada condición de la Princesa Arcoiris, ayudada por el harapiento, conseguirá el milagro. Un bello libro, realzado por la excelente armonía con las ilustraciones de Julia Díez Velázquez. Fantasía y recursos metaliterarios alcanzan su cima en la obra de Amparo Carballo El misterio de la torre del reloj. La fantasía y la realidad, como personajes reales, marcan el ritmo de la obra, en la que Viviana y su Gato forman un curioso tándem creativo y una pareja que se adentra animosa en el mundo de los libros, representado por inesperados y curiosos recintos, en los que no faltan presencias maléficas, como es el caso del Diablo del Diccionario. Citada en otro apartado, debe recodarse aquí La sima, de José María Merino, de grandes efectos metaliterarios también.
La novela psicológica
Un gran documento humano esconde La muerte y las cerezas, una novela en la que Elena Santiago retorna de alguna manera al mundo de zozobras psicológicas de algunos personajes de obras anteriores. La infancia de Antonio (marcada por la presencia obsesiva de su madre primero y por su desaparición después) condicionará su trayectoria vital, presidida por una dramática soledad. Perdida la mujer a la que de verdad amó, tendrá que confesarse a sí mismo que no podrá amar a las mujeres. De ahí la amargura vital y el pesimismo con el que contempla el horizonte de la vida. No es extraña la observación: «Lo rodeaba un caos».
La novela de Elena Santiago enlaza con un grupo de novelas que puede ser considerado dentro de este marbete de novela psicológica. Lo arriesgado del término se compensa con su ventaja a efectos de clasificación. En este bloque pueden quedar incluidos diversos títulos. Es el caso de El animal piadoso , de Luis Mateo Díez. La condición humana de Samuel Mol, un policía jubilado, hace de su obsesión profesional (aclara la muerte de dos personajes, ocurrida hace catorce años) una actividad de búsqueda del tiempo perdido. Samuel Mol trabaja con vivencias, no con evidencias, y lo hará en espacios que traerán al lector ecos y recuerdos de obras y escenarios de la Celama de otros tiempos. Aunque diferente en otros aspectos, La sima de José María Merino es, en esencia, un viaje psicológico al pasado. Fidel retorna al pueblo, pero retorna a sus sentimientos personales, mezclados con los ecos de la investigación, el amor y la guerra. Al final de la obra, se dirigirá a un futuro, incierto, pero aliviado por la presencia de Puri. En tono de humor, muy lejano por tanto del de las obras citadas, Beatriz Berrocal se acerca a una delicada situación personal, una mujer en paro, en Cantando las cuarenta. Un tono más filosófico presenta la novela de Óscar M. Prieto, Las horas se ríen de mí.
De gran eco mediático ha resultado la novela de Andrés Trapiello Los confines. El trasfondo de un aspecto humano tan delicado como el incesto no recibe aquí un tratamiento heterodoxo o sorprendente. Max y Claudia vivirán su nueva experiencia amorosa, pero no existen garantías de que sea un sentimiento que pueda perpetuar. No admite reparos el término de novela psicológica Jardín perdido. La aventura vital de los Panero, de Andrés Martínez Oria, pero reducir sus valores exclusivamente a esta calificación puede ser casi un menosprecio. Como sería reducirla exclusivamente al género narrativo o biográfico. La categoría del libro exige mayor generosidad crítica. Estamos ante una de las obras más brillantes del panorama leonés del pasado año.
El mundo del teatro ha quedado plasmado de forma precisa en la novela de José Luis Rodríguez, Parque de atracciones, novela de connotaciones psicológicas también . En ella, el escritor aborda el mundo del teatro desde una doble perspectiva. El mundo propiamente teatral, plasmado en la presentación de un montaje de El rey Lear que lleva a cabo Rafael Caneda permite comprobar la actitud de los diversos actores de la obra. Esta visión se completa con la actividad policiaca, en la que el detective Guillermo Ventura desarrolla una actividad semejante. Deslumbrante como siempre en sus planteamientos creativos, Luis Miguel Rabanal sorprende una vez más con sus creaciones literarias. En este caso se trata de una obra que, en su originalidad, difícilmente admite una etiqueta. La sorpresa del título Elogio del proxeneta se completa con los hallazgos literarios que la obra esconde. Escrita entre 1996 y 1997, inexplicablemente retrasada en su aparición, la obra no ha perdido sin embargo frescura alguna. El pretexto del manuscrito encontrado, recurso siempre rentable, le sirve a Luis Miguel Rabanal para ofrecer una inesperada e imprevisible versión del sexo. Sexo y dolor conforman buena parte de los índices creativos del libro. Y presente siempre una extraña soledad, que al escritor le lleva a incorporar a sus líneas un verso de Antonio Gamoneda: «Que sí, que sí, que ya estoy harto. Arden las pérdidas». En el fondo, la obra esconde un misterioso objetivo: una visión poética y filosófica de la sublimación del dramatismo. Un caso de difícil clasificación en especial supone la novela La senda de aquella mina cuya autoría queda reflejada sólo por « Piorno». La novela ahora publicada es la crónica desolada y dramática una familia que debe subsistir después de la muerte del progenitor.
Menos títulos nuevos se observan en la narrativa breve, aunque hay que saludar la reedición del relato El origen del mono , una obra de gran relevancia en la carrera literaria de Juan Pedro Aparicio. El mundo de la minería no ha dado los frutos literarios que su condición merece. De ahí lo interesante que resulta la colección de relatos Héroes del silencio que, firmados por Piorno, reflejan a través de la glosa y comentario de diversas fotografías, la dureza de este mundo. No se trata de relatos en el sentido ortodoxo, pero sí de extraordinarios documentos humanos. El prolífico escritor cepedano Ricardo Magaz ofrece una variada presentación de tipos como protagonistas de los relatos incluidos en Miénteme, poeta, dime que me quieres. Protagonizados en muchos casos por personajes marginales, los relatos se ajustan a una variada estructura y técnica literaria. Con bellas ilustraciones de Silvia Álvarez López-“Dóriga, Alberto Rodríguez Torices ha dado a la luz Los sueños apócrifos, una serie de relatos que sirven homenaje a ciertos autores de los que el escritor se considera deudor y que ha elaborado siguiendo procedimientos oníricos. Fermín López Costero se asoma a este escaparate de la narrativa breve con La soledad del farero y otras historias fulgurantes.
Coordinada por Isabel Cantón, ha aparecido una colección de relatos, Narraciones de la escuela , que integra trabajos de diversos autores, si bien la mayoría corresponden a autores leoneses, de ahí lo razonable de su presencia en estas líneas.
En los aledaños de la erudición. Libros de viajes y estudios sobre narradores
La versatilidad de la actividad itinerante no tiene límites. Buena prueba de ello es el tomo coordinado por María Rodríguez et alii El Bierzo de Pereira. Es innecesario advertir que el espacio berciano es el mejor y más querido contexto de la obra del llorado escritor. Pero sí conviene indicar la existencia de una serie de claves bercianas que pueden pasar desapercibidas al lector medio. Conocerlas enriquece la lectura de la obra del ilustre berciano y ése es el objetivo que se plantea este libro dividido en tres apartados: «El Bierzo de Pereira», «El mundo visto por un berciano» y «Dos poemas para un poeta».
En este apartado de actividades viajero-itinerantes conviene aludir a un subgénero culto, integrado por obras que, sin pretender visiones de extremada erudición, ofrecen miras eruditas. Abundan las muestras. Estanislao de Luis Calabuig figura como coordinador de Arribes del Duero. Guía de la naturaleza , obra de varios autores . Una espléndida edición y una detallada y precisa interpretación de esta comarca salmantina hace de la obra un trabajo modélico. Algo parecido puede decirse del viaje de salvación arquitectónica que lleva a cabo José Luis García Grinda en Valles Occidentales. Laciana, Babia, Omaña. Es trabajo que continúa en su rescate de Valles Centrales. Luna, Bernesga y Torío.
La Biblioteca «La Posada» ha acogido el pasado año memorables trabajos de viajes eruditos , con carácter de amena divulgación, de escritores leoneses. Hay que recordar las obras de Luis Grau, Castilla mística, junto con Capillas sixtinas en Castilla y León. Se trata de visiones al margen de los estudios convencionales, centradas en aspectos que no han recibido la razonable divulgación que merecen. Es el mismo planteamiento del trabajo de Ernesto Escapa, Pueblos en la naturaleza de Castilla y León, realmente una visión de los atractivos artísticos, más que paisajísticos, de los diversos pueblos. Ernesto Escapa es autor también de un monumental y documentadísimo libro de un viaje cultural por el recorrido del Duero, Corazón de roble , inexplicablemente condenado hasta el momento a una especie de ostracismo editorial. La editorial Lobo Sapiens se ha sumado de momento al homenaje literario al Camino de Santiago con dos aportaciones bibliográficas de momento: una antología de visiones de esta senda milenaria en Allá en el noroeste-¦ y el rescate editorial de una obra clásica del maragato Esteban Carro Celada: Picaresca, milagrería y malandanzas en la Vía Láctea.
Veinte años después de la aparición de Viaje del Vierzo de Valentín Carrera, el escritor repite la experiencia itinerante berciana titulada ahora Viaje interior por la provincia del Bierzo, con claros ecos en el título de Enrique Gil y Carrasco y Raúl Guerra Garrido. Otra cosa es su contenido y, especialmente, la perspicacia del autor, dueño de variadísimos recursos creativos. El canto del zaigú, una curiosa novela de Luis Leante que tiene como escenario esencial la villa de Valderas. Tal vez uno de los libros de viajes más representativo sea el de Gregorio Fernández Castañón Ríos de pasión y fuego. El libro (presentado con la habitual exquisitez tipográfica y editorial con que el autor rinde cada año un apasionado homenaje a estas tierras leonesas) es un viaje itinerante en lo real y creativo en su espíritu. Desde el recorrido por rutas leonesas lejanas hasta el caminar espiritual, henchido en ocasiones de panteísmo, los pasaos del autor recuperan buena parte de la esencia leonesa.
Dentro de esta delimitación temática debe quedar referida la obra de José María Hidalgo, Villamor de Riello. Un antiguo concejo leonés en la comarca de Omaña. Más lejana geográficamente, la ciudad de Ceuta ha sido rescatada con originalidad por María Elena Gómez Martínez: Melilla viva. Esta actividad investigadora tiene su justo complemento en el trabajo de campo (llevado a cabo in situ o a través del manejo de documentación antigua) presente en la obra de Jesús Álvarez Courel, Nacimiento, matrimonio y muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo (1901-1902). O la investigación de representaciones navideñas, presente en la obra de José Luis Alonso Díez Los reyes de Quintana Raneros.
En este apartado debe quedar reflejado el esfuerzo documental que supone la admirable aportación de Fernando Alonso García en su León en los grabados históricos, un corpus documental deslumbrante para la recreación, literaria incluso, de un León que se nos fue. León está como elemento esencial en la recopilación de artículos de Enrique Cimas, Pulsos de León y otros latidos, una gavilla de artículos en los que están presentes diversos géneros literarios. Mezcla de géneros es la peculiaridad de la octava entrega de Conrado Blanco en sus Capiteles para la Historia de La Bañeza , una miscelánea humana y cultural sobre esas tierras.
El análisis de la narrativa ha merecido atención por parte de los investigadores. Algunas obras deben ser recordadas aquí. La obra de Victoriano Crémer recibió incluso en el año de su muerte tres justos reconocimientos. Dos son obra de José Enrique Martínez, el mejor conocedor del poeta: Los signos de la sangre (1944-2004 ), como antólogo y Victoriano Crémer. Cien años de periodismo y literatura, como coordinador. Del tercero, Victoriano Crémer: el periodista, es autor Félix Pacho Reyero .
Raúl Guerra Garrido ha sido objeto de una atención especial en alguna de sus facetas personales: en Raúl Guerra Garrido en el Ateneo de Madrid recibe un emocionado homenaje de sus amigos, analizando su persona y su obra. Como lo hace Carlos Javier García con El espíritu del páramo, de Luis Mateo Díez e igualmente Miguel Tomás-Valiente, en su edición de luna de loboso, de Julio Llamazares. Aunque sin acercamiento a escritores concretos es innegable la aportación y lectura de ciertos aspectos de la creación recogidos en las actas del congreso Amar la literatura. Jornadas. Cultura, Medicina y Psicoanálisis, coordinadas por Luis-“Salvador López Herrero.
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Las líneas anteriores son la mejor referencia a la narrativa escrita por leoneses. En ella, como se ha dicho, se observa una vitalidad incuestionable. Hemos intentado dejar constancia de todo lo escrito a lo largo del año que se fue. Las ausencias, sin embargo, serán inevitables. Desconocimiento de la obra, distribución deficiente, ausencia de interés en algún caso por parte de su autor-¦ pueden servir de atenuante ante posibles olvidos.