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NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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El ruido de las cosas al caer

Juan Gabriel Vásquez. Premio Alfaguara 2011. Ed. Alfaguara, Madrid, 2011. 262 pp.

De breve trayectoria literaria (en la que se incluye algún título de gran prestigio, como Los informantes ), el colombiano Juan Gabriel Vásquez ha ganado el Premio Alfaguara con una novela excelente. Dentro del mundo del narcotráfico, pródigo en frutos literarios, El ruido de las cosas al caer ofrece una mirada íntima, psicológica, centrada en los efectos indirectos de este mundo terrible. De alguna manera, se trata de una novela generacional, con la amistad como trasfondo temático, que arranca de los años setenta y llega hasta 1999, aproximadamente.

La obsesión de Antonio Yammara por conocer qué esconde la vida de su amigo Ricardo Laverde, en cuyo asesinato estuvo presente, se transforma en una especie de memorias. Esta indagación en la vida de su amigo Ricardo Laverde irá descubriéndole a Antonio Yammara el proceso aterrador e imparable del mundo del narcotráfico. La presencia de la americana Elaine Fritts, que llega a Colombia formando parte de los cuerpos de la paz, es el testimonio de un comienzo idealizado a comienzo de los años setenta en relación con este mundo. El momento en que se sitúa la narración de Antonio Yammara (profesor de Derecho, casado con Aura y padre de Leticia) es aquel en el que Antonio accede a la petición de Maya Lavarde, la hija de Ricardo Lavarde, para saber todo lo que pueda explicarle sobre sus padres. La soledad de Maya (obsesionada porque cree que fue engañada por su madre al hablarle de su padre) sólo tiene como alivio saber lo que fue de ellos antes de morir. De esta forma, el pasado de ambos desfila por estas páginas, asociado de forma inevitable al tráfico de drogas. El encuentro en la casa donde Maya vive aislada del mundo, servirá para acercarse de forma sentimental, hablar de la droga y comprobar los efectos del tiempo, patentes simbólicamente en la vista a la famosa hacienda Nápoles del capo Pablo Escobar.

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No hay lugar para la felicidad ni el optimismo. Incluso el retorno de Antonio Yammara a su casa es el retorno al fracaso, que difícilmente va a tener solución. De estos mundos desolados, da cuenta literaria el narrador en esa especie de memorias que dotan a la novela de un sabor descriptivo psicológico, elaborada con un estilo que une la sencillez narrativa a la recuperación muy jugosa de los recuerdos, rescatados siempre desde la perspectiva del fracaso.