Un rescate humano y político de honda belleza literaria

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NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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Asesinaron La Democracia. Autopsia a Miguel Castaño, alcalde y periodista

represaliado

Carlos J. Domínguez. Asociación Juventudes Activas, León, 2012. 310 pp.

Escribo mejor que hablo y pienso mejor que escribo», confiesa Carlos J. Dominguez, identificado con Miguel Castaño Quiñones cuando éste se halla en la Cárcel de León. Basándose en los documentos epistolares del alcalde republicano, el autor de la obra recrea esos momentos de hondo dramatismo. En los textos de Carlos J. Domínguez aflora la grandeza de ese personaje relevante en el periodismo leonés y en la política de ese momento. Rescatar su personalidad y su compromiso político es el objetivo de esta obra, en las que Carlos J. Domínguez muestra su condición de periodista de raza y buen hacer literario. Presentadas en forma de narración, el lector tiene la sensación de encontrarse ante las páginas de una novela, dado que en ningún momento la obra desfallece en su amenidad y en su gradación narrativa.

La obra, precedida de «Hasta ahora…», un enjundioso prólogo, se estructura en dos bloques («Miguel Castaño» y «Tristán Falcó», distribuidos en treinta y tres capítulos) y se completa con «Apéndice», que incluye «Biografías de Miguel Castaño y los quince juzgados en su misma causa», y 352 «Notas», muy jugosas. Hay que advertir que la obra carece de aparato bibliográfico, excepción hecha de algunas referencias a obras de Victorino Crémer y Wencelao Álvarez Oblanca, así como a la prensa del momento.

Precedida de cuatro capítulos (en los que se ofrece la dramática condición de «hijo ilegítimo» de Miguel Castaño y su rutilante carrera como periodista de La Democracia y político republicano, hasta su llegada a la alcaldía de León) el cuerpo esencial de la obra se inicia el 17 de agosto 1936, cuando es encarcelado en San Marcos. Comienza un calvario que, después de una temporada en la prisión de Puerta Castillo, conducirá a Miguel Castaño al Campo de Tiro de Puente Castro donde, en la madrugada del día 21 de noviembre, será ejecutado en compañía de otros quince compañeros. La Parte segunda, «Tristán Falcó», ofrece la semblanza de un personaje de la aristocracia madrileña, implicado de forma activa sorprendente en la ejecución.

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La muerte de Miguel Castaño es el final de una trayectoria vital y profesional admirable, narrada por Carlos J. Domínguez con gran soltura: el dinamismo en la presentación de los hechos, la capacidad para evocar la crueldad del ambiente carcelario (con ecos de alguna obra de Victoriano Crémer) y las referencias casi impresionistas al León del momento, dotan a la obra de un gran atractivo literario. Dentro de todo ello, es decisivo el corpus epistolar dirigido a su familia, recreado literariamente por el autor desde la p. 127 hasta la p. 154 y, a buen seguro, el bloque más emocionante y expresivo de la obra. Son cartas desoladas, con ecos humanos de Miguel Hernández. Palabras dirigidas a esos seres queridos y, en especial, a una de esas mujeres que, como leemos al final de la obra… «Podrán llorarlo todo cuando nadie las vea».