POESÍA

Las sombras que son estas palabras

segunda oscuridad Andrés Trapiello Editorial Pre-Textos, Valencia, 2012. 96 páginas

Publicado por
josé enrique martínez
León

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Hay en la poesía española una línea que propende a la palabra natural preñada de emoción transitiva. Machado habló de “una honda palpitación del espíritu” como origen del poema y, sin dud, también como finalidad. En esa tradición y en la palabra vivificante de Machado se reconoce la poesía de Andrés Trapiello, que tras Un sueño en otro (2004) reaparece líricamente con Segunda oscuridad , título que procede del primoroso historiador Antonio de Solís: «Íbase acercando la noche, que en tierra no conocida trae sobre los soldados segunda oscuridad»; es cita con la que Trapiello parece indicar que también la poesía es tierra desconocida y que el poeta avanza palpando sombras.

La poesía de Trapiello habita entre las cosas próximas y menudas de cada día: una fragancia, unas hojas secas, una casa en ruinas, un cántaro roto o un jilguero. De las cosas cercanas brotan los poemas: ellas son depositarias de recuerdos y esperanzas, suscitan ideas y emociones, materializan el paso del tiempo y modulan nuestra vida.

Golondrinas, por ejemplo, celebra su vuelta y su afán de trazar y deshacer la cinta de Moebius sobre el agua; y el poeta piensa: «Estos versos son eso, sólo un giro / con otros que fui dando, / antes que las dos nadas con suavidad deshagan / en la cuerda del cosmos el nudo de mi vida».

El tiempo, en efecto, y todo lo que es inherente al mismo, es el tema esencial de Segunda oscuridad: el recuerdo como compañía, pues lo que uno recuerda vive siempre con él; la muerte como memoria del futuro, pues el poeta sabe que un día las cosas y los seres queridos seguirán siendo sin él que ahora los mira; su carácter imprevisible: «Ni ellos ni yo podríamos asegurarle a nadie / que veremos la aurora».

Acaso momentáneamente se pueda tener la sensación del instante eterno: con conciencia de la fugacidad de todo, la ebriedad del perfume de unas lilas reúne en uno el tiempo de una vida, como si nada se hubiera ido.

Está la muerte en esta poesía porque está la vida: el gozo de las cosas que el mundo ofrece gratuitamente, bellas de tan sencillas como son (una rosa, una rama florecida, etcétera).

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La mesa luisiana bien abastada es para Trapiello el fresco y perfumado tapiz de la naturaleza como expresa el hermoso poema Heno cortado, signo también del gozo de las palabras que se respira en esta poesía.