Sherlock Holmes con acento leonés
l. El inspector Malo, Trinidade Ramalho, Fierro o el comisario Muller son algunos sabuesos de novela. La literatura leonesa está poblada por múltiples sabuesos. No se parecen a sherlock holmes. son hábiles en su trabajo y fracasados en la vida. La lista es tan larga como los delitos de los criminales a los que persiguen.
En León muchos escritores han sucumbido al género negro y han creado fascinantes detectives
León no es tierra para Sherlock Holmes. Aquí los detectives son de otra pasta. Como el esperpéntico investigador de Club La Sorbona , el nuevo thriller de Luis Artigue, que sigue el rastro a una valiosa flauta de pico que perteneció a Mozart por un extraño pueblo llamado Violincia. En su localidad natal el autor de La mujer de nadie sitúa a un investigador de la casa de subastas Christie’s y a una maestra republicana que para eludir la prisión finge un acento eslavo y se dedica a traducir novelas falsas que ella misma escribe. Una «original parodia de la novela negra, psicológica y de alterne», como la ha definido el crítico leonés Germán Gullón.
Mister Tatel, cuyas pesquisas le llevarán de burdel en burdel, es un homenaje al detective de Agatha Christie Hércules Poirot. «No me imagino a Poirot investigando en León, porque aquí la lógica está trastabillada», asegura Artigue.
Sostiene el escritor leonés Óscar M. Prieto que «resolver su misterio es un caso al que ningún detective renunciaría»; tampoco su personaje Oscar Palmer, protagonista de Love is a game, que se lanza tras el rastro del escurridizo grafitero Banksy, uno de los artistas más enigmáticos y cotizados, que sin embargo ha elegido el camino del anonimato, es un detective al uso. Banksy es un auténtico mito moderno, un artista omnipresente, cuyas obras emergen en un muro de Londres o en cualquier barrio de New York o Palestina. Palmer es un investigador retirado que tiene la peculiaridad de presentir en sueños los crímenes que se van a cometer. Y es que le reventó el corazón y le trasplantaron uno de mandril…
¿Era Elicio Cedal culpable del atroz asesinato de un matrimonio? La respuesta la tenía pendiente desde hacía catorce el comisario Samuel Mol. El viejo policía no pudo entonces resolver el caso, pero ahora, ya jubilado, tendrá un presentimiento y se verá obligado a desempolvar el pasado. Luis Mateo Díez se mete de lleno en el thriller en El animal piadoso. Su sabueso, Samuel Mol, como casi todos sus personajes, es un fracasado. Una novela tangencialmente policíaca, como en su día también lo fueron, a la manera de Mateo Díez, Las estaciones provinciales, La fuente de la edad y El expediente del náufrago, todas ellas impregnadas del afán indagatorio de sus protagonistas. Samuel Mol reconoce que «El oficio de la sospecha está lleno de miseria».
Fracasados
En general, los sabuesos leoneses son tipos poco sociables, auténticos inadaptados, muy alejados del prototipo que representa el sagaz y metódico Sherlock Holmes. Revelador resulta el título Ángeles, detectives y otros fracasados, de Miguel Paz, historias de personajes cuyas vidas han naufragado.
A principios de los ochenta Juan Pedro Aparicio hacía un retrato de Franco a través del general Longuero en Lo que es del César. Con la misma táctica, décadas después inventa al inspector Malo, un ‘calco’ de Aznar. Tanto se parece el detective al político que en La gran bruma Malo investiga un extraño caso de dobles de famosos, que son creados para que los originales esquiven la cárcel. El especialista en dobles le llega a espetar a Malo: «¡Qué gran Aznar haría con usted!»
De policía a policía
Los lectores de Trinidade Ramalho, el inspector creado por el astorgano Alejandro M. Gallo, con seguridad se imaginarán al sabueso como un detective con mucho parecido con el autor, que en la vida real ejerce de jefe de la Policía Local de Gijón. Gallo piensa rescatar a este singular personaje en próximas novelas. En Una mina llamada infierno , Trinidade Ramalho se hacía pasar por minero para investigar varios asesinatos cometidos en la cuenca leonesa. En La última fosa Gallo hace un guiño sobre los tópicos del género negro puestos en boca de uno de los personajes. «La muerte le sirve al escritor para reconstruir dos almas: el alma individual del sujeto y el alma colectiva de todos los que le rodearon», afirma Gallo. Al autor de Morir bajo dos banderas su editor le sugirió que recopilara casos reales que hubiera conocido de primera mano como policía. «Los escribí y no se los creyó. Eran totalmente inverosímiles. La realidad es casi siempre increíble», confiesa.
El escritor leonés y experto en márketing Javier Pérez ha concedido el protagonismo de tres de sus novelas – La espina de la amapola, La crin de Damocles y El gris, con la que obtuvo el Premio Azorín- al peculiar comisario Muller, que se mueve en la convulsa Alemania nazi y detiene al mismísimo Hitler por su intento de golpe de Estado y el robo de varios billones de marcos al Banco de Alemania. La última novela de la saga, El gris, ahonda en la misma temática y personaje: una investigación del comisario Müller en el Munich de 1923. El autor leonés en esta ‘trilogía de Muller’ ha construido unos personajes complejos, como el propio comisario, un hombre adicto al riesgo, inocente y culpable; así como una maraña de políticos y delincuentes unidos por un interés común. Una genuina novela negra.
Es escritor murciano Luis Leante encontró en el pueblo de Valderas un escenario idóneo para el crimen. En El canto del zaigú ( 2009) mezclaba humor e intriga, hechos inexplicables y un magistral detective alcohólico.
Una escritora al acecho
La escritora y periodista leonesa Noemí Sabugal se ha adentrado en la narrativa por la vía del thriller. Su ‘bautismo’ literario fue El asesino de Sócrates, en la que el policía Marcos Robles, atormentado por una complicada situación familiar, debe esclarecer la extraña muerte de un escritor conocido por su pseudónimo, Sócrates.
Ahora acaba de publicar Al acecho, ambientada en el Madrid prebélico de 1936, donde una niña aparece estrangulada en un callejón y ataviada con un extraño atuendo que se repetirá en muertes posteriores, las cuales deberá investigar, entre las bombas y los atentados de las milicias políticas justo antes del golpe católico-militar, el inspector Julián Fierro. «Una novela sobre el hombre al acecho del hombre». Fierro es un tipo descreído, que deberá cercar a un asesino múltiple en un momento en el que todo el país huele a pólvora y a nadie parecen importarle los asesinatos de unas niñas.
A Raúl Guerra Garrido también le sedujo el género negro. Autor de títulos como Escrito en un dólar - con la que fue finalista del Premio Planeta- , La costumbre de morir y Tantos inocentes , uno de sus personajes inolvidables es el detective Gorgonio, un ser despreciable que hace chantaje a las personas a las que espía. Curiosamente, Alejandro Gallo también tiene un celebrado comisario Gorgonio, un hombre que provoca risa sin proponérselo. El inspector Ramalho da Costa -el otro sabueso de Gallo- describe a Gorgonio como «un individuo grueso de cabello escaso y revuelto, cejas anchas, gabardina beige arrugada, traje gris con la raya del pantalón torcida y el nudo de la corbata ladeado». Un comisario que perdió la pistola, y ni él mismo sabe cuántos años han pasado de aquello. Quizá porque «nadie es perfecto» que dijo Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco ; y nadie es del todo inocente...