«La crónica negra de un pueblo admite de mala manera la ficción»

Alejandro Gallo recupera a su detective Trinidade Ramalho para un crimen que salpica a la iglesia. La nueva novela del leonés Alejandro Gallo salpica de lleno a la iglesia. Y ya prepara otra sobre el intento de asesinar a franco en la inauguración de la térmica de ponferrada...

Alejandro Gallo en Mérida, junto a la estatua de Margarita Xirgú

León

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El escritor leonés Alejandro M. Gallo, comisario jefe de la Policía Local de Gijón, rescata a su mejor sabueso, Trinidad Ramalho da Costa ‘El Trini’, para resolver un oscuro crimen en el madrileño barrio de Vallecas. La muerte de un sacerdote que organizaba un encuentro mundial de seguidores de la Teología de la Liberación es el detonante de la nueva novela de Gallo, Oración sangrienta en ValleKas (editorial Reino de Cordelia), que llega este mes a las librerías.

—¿Por qué casi todos los escritores de novela negra acaban teniendo un detective ‘en nómina’?

—No olvidemos que la actual novela negra es la evolución de la antigua novela detectivesca, en la que Aguste Dupin, de Edgar Allan Poe, y Sherlock Holmes, de sir Arthur Conan Doyle, son sus mejores representantes. Actualmente hay escritores que casi en exclusiva escriben sobre las aventuras de un detective, véase el caso de Donna Leon y su comisario Brunetti. Otros, como el desaparecido Manuel Vázquez Montalbán o los incombustibles Juan Madrid y Andreu Martín, tienen sus investigadores, pero escriben también de otros temas sociales que les interesan. Hay un caso, el del escritor italiano Carlo Lucarelli, que me cautiva en especial. Él tiene varios personajes en diferentes ciudades de Italia y escribe por separado de ellos, pero en ocasiones los cruza. Es como si hubiese creado un universo literario propio. Esto me seduce mucho y mis personajes se irán cruzando a lo largo de mis novelas. De hecho, pese a que el inspector Ramalho da Costa y el comisario Gorgonio tienen saga propia, ya los he cruzado en varias ocasiones. Lo mismo haré con otros personajes.

—¿Trinidad Ramalho Da Costa es el policía que le gustaría ser?

—No. Ramalho da Costa es un personaje de ficción que me permite jugar con el abismo existente entre ley y justicia, entre lo que está bien para la sociedad y si de verdad existe el bien, entre las verdades con mayúsculas y las mentiras en minúsculas o viceversa, entre las consideraciones sociales y la ética personal, entre el deber y el ser. Y, sobre todo, modificar el concepto de héroe moderno, que parecía que habíamos caído en manos de antihéroes siesos, llorones o canallas que nada aportaban ni a la realidad ni a la novelística.

—¿Cree que le traerá problemas haber metido a la iglesia en la novela?

—La Iglesia católica es una institución más. Tiene sus luces y sus sombras, como todas. No soy el primer escritor que introduce esta institución en sus noveles y creo que no seré el último. Lo que de verdad me interesaba era hablar de las distintas facciones de la Iglesia, desde las más conservadoras a las más progresistas y situar en ese contexto la Teología de la Liberación, hoy casi desaparecida por las políticas ultraconservadoras de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

—¿Aparecen personajes reconocibles de las distintas facciones de la iglesia católica?

—No, ese nunca fue mi propósito.

—¿Por qué ‘Oración sangrienta en Vallekas” tiene esa grafía?

—En Vallecas siempre ha habido un sentimiento de «pertenecía» al barrio, de «identidad», de diferencia frente a otros barrios de Madrid. Algo que proviene ya del pasado, desde que en los sesenta del siglo pasado fue un barrio enteramente obrero. Con lo cual, diferentes colectivos suelen utilizar expresiones que remarcan esas señas de identidad, pertenencia o diferencia. Así se suelen referir a Vallecas como el Valle del Kas, ValleKas... Si la acción se desarrolla en ese barrio madrileño no podía eludir estas cuestiones y más cuando se mencionan pandillas urbanas.

—En el libro hay un asesino de escritores. ¿Se carga sólo a los autores insoportables? Hay un justiciero que acaba con todo el que haya sido acusado de corrupción... ¿un Robin Hood contemporáneo? También hay un violador de menores... Toda la ‘fauna’ delictiva. ¿Se ha dejado alguno?

—Pinto un Madrid muy cercano al Londres de Alan Moore en V de Vendetta, en el que la inseguridad ciudadana se ha convertido en un grave problema y nadie sabe dar soluciones, excepto si son las policiales. Y muestro además cómo la seguridad ciudadana se puede convertir en una capa mediática de ocultación de la realidad social, de los verdaderos problemas de la gente. Esto en España no se nota tanto, pero en cualquier país sudamericano usted podrá ver cómo la mayoría de los diarios no abren con noticias de economía, política, que reflejen el nivel de pobreza o de cobertura sanitaria o educativa, sino que lo hacen con algún crimen y cuanto más macabro, mejor.

— ¿La trama es una excusa para retratar a la sociedad actual?

—O para crear una metáfora sobre ella. En Francia, a primeros de los setenta del siglo pasado, nació una corriente en la novela negra que se denominó neopolar, con nombres como Jean Claude Izzo, Jean Patrick Manchete… que defendía la mutación de la antigua novela policial hacia una novela que utilizase esos recursos pero para escarbar en las cloacas sociales. Los sudamericanos ya llevaban muchos años realizando esa mutación, hasta tal punto que su novela policial o negra era una verdadera novela social que les servía de denuncia ante los excesos del poder económico y político o del narcotráfico o de las maras sobre la población civil. Esto se extendió por Europa y nació lo que vino a llamarse la novela negra mediterránea, que tiene aún una fuerte impronta. Así, en Grecia está Petros Markaris; en Italia, Andrea Camilleri o Carlo Lucarelli; en Francia sigue incombustible Dominique Manotti; en España, Juan Madrid y tantos otros. Y es un bloque literario en el que me siento como en casa; es decir, siento que es mi lugar. De ahí que siempre utilice la trama para auscultar la realidad de todos los días.

—¿Todos somos delincuentes en potencia?

—No lo creo. No conozco a nadie que cuando nació el médico le dijese a su madre: «Ha tenido usted un delincuente». El delincuente se hace si el medio que le rodea —llámese sociedad, familia, entorno, amistades…— es el propicio.

—¿No hay poca delincuencia teniendo en cuenta lo mal que lo está pasando mucha gente?

—Es un error grave identificar la pobreza con la delincuencia, que la población con la crisis esté pasando muchas necesidades no quiere decir que se vayan a convertir en delincuentes. El 25% del dinero emitido por todos los bancos del mundo, nada más que sale al mercado, desaparece. No se sabe dónde está ese dinero, pero como es lógico está empleado en cuestiones ilícitas: el narcotráfico, la trata de mujeres, el comercio de armas… Como ve, a veces es la riqueza o la desigualdad en su distribución el origen del delito.

—¿Sabremos toda la verdad del caso de Isabel Carrasco o quedarán cabos sueltos?

—Esta pregunta tendrá que hacérsela a los investigadores, yo soy un mero espectador

—¿Cómo titularía este caso en una novela?

—Pienso que son unos hechos que no se pueden novelar, toda crónica negra de un pueblo admite de mala manera la ficción.

— ¿Qué es lo más frustrante para un policía? ¿Conoce algún crimen perfecto?

—Creo que lo más frustrante es el crimen o delito impune; es decir, el crimen o delito perfecto.

—¿Cuál es su detective favorito Jaritos, Bevilacqua, Amelia Peabody...?

—Cualquiera de los protagonistas de las novelas de los autores citados anteriormente.

—León también aparece en la novela... ¿es un guiño a su tierra?

—La provincia de León, de una forma u otra, siempre ha estado presente en mis novelas. En Una mina llamada Infierno la acción se desarrolla por entero en El Bierzo. Es, por decirlo de alguna manera, la primera novela negra cuyo escenario son las cuencas mineras. En La última fosa hay una parte que narra los sucesos de la revolución del 34 en la provincia de León En Caballeros de la muerte hay capítulos que se desarrollan en Villablino y en el resto del Valle de Laciana. Y en Oración sangrienta en Vallekas obligo a los protagonistas a acudir a León y Astorga en busca de pistas para la resolución del misterio.

—¿Hay algún caso que le haya marcado?

—Sí, uno no es de granito, todos te dejan huella.

—¿Se inspira en hechos y personajes reales para construir una novela negra?

—Mis novelas abarcan un periodo histórico que va desde 1934 a la actualidad. Si escribo de memoria histórica procuro ser riguroso con los hechos. Todas mis novelas que hablan del pasado tienen como columna principal hechos reales que la mayoría de la gente no conoce. En el caso de que escriba de la actualidad, lo que construyo es un mundo imaginario que me sirve de metáfora.

—¿Por qué ahora la novela negra vive un momento dulce?

—Porque en todos los momentos de crisis, la novela negra es la literatura más solicitada. Véase que fue como producto de las condiciones del crac del 29 cuando nació la novela negra norteamericana, con gigantes como Raymond Chandler, Dashiel Hammett, Jim Thompson... Estos momentos históricos son muy malos para la lírica, pero muy buenos para la novela negra.

—Hay quien sostiene que las mujeres asesinan mejor, que son más cuidadosas con los detalles...

—¿En la ficción o en la realidad? Yo enfocaría esta pregunta de otra manera. Hasta hace unos años, el papel de la mujer en las novelas negras se limitaba a ser la afamada mujer del policía protagonista o se le tenía reservado el de feme fatale . En los tiempos actuales su papel es muy distinto, y no me refiero solo a que se les haya asignado en ocasiones el rol de asesinas, también las vemos como protagonistas de sagas. En ello, sin duda, han contribuido las excelentes escritoras que se han incorporado al género.

—¿Mantendrá en activo al inspector Ramalho Da Costa?

—Sí, siempre seguirá ahí. Ha sido mi personaje talismán: con su primera novela salté al panorama nacional con fuerza. Lo que ocurre es que no me subordinaré a sus aventuras en exclusiva. Me quedan muchas historias por contar.

—¿Está trabajando en otra novela?

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—En cuanto Oración sangrienta en Vallekas salga al mercado he de comenzar con la promoción. En estos momentos ya tengo fijadas siete presentaciones en Madrid, más las de Segovia, Toledo, Granada y Castellón. Sin contar las que aún no se han concretado. Cuando termine me introduciré de frente en una novela inconclusa que narra unos hechos reales: En 1948, la guerrilla antifranquista asturiana y leonesa unen sus fuerzas para asesinar a Franco en la inauguración de la térmica de Ponferrada. Como ve, la provincia de León y sus historias ocultas o poco conocidas me siguen trasmitiendo la inspiración.