... y habitó entre nosotros Y la palabra se hizo carne... «La religión es una ideología» «La política como fracaso es un triunfo» Preguntas «Desmitificar el hecho artístico» Esperanza Salir del tiburón para hacerse real La fuerza del lenguaje en la realidad

l A pesar de los problemas económicos, Leteo sigue adelante en su proyecto de filantropía cultural. Recopilamos algunas de las entrevistas concedidas a diario de león por los escritores premiados con el leteo durante los últimos quince años Han sido quince años durante los cuales los poetas se arrancaron el estigma de la juventud y, en algunos casos, se pasaron a otras trincheras creativas. rafael saravia, nacho abad, yago ferreiro, alberto R. torices, miguel paz, sergio santa cruz, javier arce... todos ellos hicieron posible que león fuera por un día la capital literaria Leteo sigue adelante gracias a la implicación de la Fundación Monteleón, que recogió el guante del Ayuntamiento Carlos Loreiro, el último premio Monteleón, consiguió hacerse el año pasado con el Nacional de Poesía Joven «Queríamos que hasta León se acercara la otra cultura, esa que no había tenido plataforma para mostrarse»

Imagen de la ceremonia del último premio Leteo, concedido a Erri de Luca, que no pudo llegar a causa de una enfermedad

León

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Han pasado quince años, tres lustros desde que, entonces sí, unos jóvenes escritores de León, demostraron que querer es poder. Pusieron en marcha un premio, por entonces, muy modesto que, sin embargo, demostró su voluntad de prevalecer. El primero de los premiados fue Antonio Gamoneda. Por entonces, el poeta no había recibido aún el Cervantes. No sería hasta seis años después que el autor de Lápidas entrara en el olimpo de los grandes escritores en español. Antonio Gamoneda les dio suerte. Cuentan que el día que el poeta aceptó convertirse en premio Leteo solo les puso una condición. «Sólo os pido que no seáis tan generosos que os olvidéis de vosotros mismos». Desde entonces, la lista de ‘leteos’ ha ido creciendo, aumentando al tiempo el asombro de los leoneses, que han tenido la oportunidad de ‘dialogar’ con los mejores escritores del mundo. Y no es exageración. El último premiado ha sido Erri de Luca, uno de los grandes narradores italianos de la actualidad. Pero antes de él, pasaron por León grands como Martin Amis, Michel Houellebecq, Fernando Arrabal o Paul Auster. «Queríamos que hasta León se acercara la otra cultura, esa que por unas u otras razones no había tenido plataforma desde la que mostrarse, desde la que promocionarse». Al tiempo, los escritores querían trasladar su labor creadora fuera de la ciudad y atraer hasta ella la que se genera en el exterior

Sin embargo, y a pesar del esfuerzo demostrado por el principal impulsor del proyecto, Rafael Saravia, y de la implicación de la sociedad leonesa, que ha abarrotado de manera literal los auditorios que han acogido la celebración del premio, las instituciones no han estado a la altura. El Ayuntamiento se comprometió a dotar la iniciativa con una subvención de 12.000 euros. Fue el propio alcalde, Mario Amilivia, el que impulsó esta colaboración, que se firmaría en septiembre del 2005. Sin embargo, la colaboración se fue diluyendo hasta desaparecer con el actual equipo de gobierno. En la actualidad, el premio sobrevive gracias a la ayuda de la Fundación Monteleón.

Rafael Saravia gestiona en solitario esta semana cultural. «He pensado muchas veces en tirar la toalla, pero al final, me puede la responsabilidad», subraya el poeta, que busca la manera de reinventar el premio para que pueda sobrevivir en unos tiempos en los que el Estado ha proscrito la cultura hasta hacerla casi desaparecer.

Los premiados aportaron a la sociedad algunas pistas de la discusión intelectual que sigue estando en el ojo del huracán. Es el caso de Martin Amis o Adonis, que mostraron su punto de vista acerca de las consecuencias del integrismo islámico, de Paul Auster, Enrique Vila Matas o John Banville, que relataron sin tapujos su proceso de creación literaria, de Fernando Arrabal o Michel Houellebecq, que demostraron que el absurdo es muchas veces el mejor camino para llegar a la razón, o de Juan Gelman, que iluminó la deseperanza al decir que «la utopía fracasa cada noche para abrir la puerta a otra mejor».

Por otro lado, y desde el punto de vista de la edición, el marchamo Leteo ha sido capaz de poner en marcha en una ciudad como León toda una serie de iniciativas que no se circunscriben a los premiados de cada año. La ya nutrida e interesante producción editorial de «los Leteo» comenzó en los sótanos de una pequeña librería de la capital leonesa. Rafael Saravia trabajaba de barrendero para pagar las portadas de imprenta, y el resto se hacía con una «impresora multifunciones». Y allí mismo se guillotinaban las páginas. En ocasiones se laboraba día y noche («¡trabajábamos más que los chinos!», exclama Saravia). Así, aquellas primeras ediciones fueron de tirada reducida (150 ejemplares, por ejemplo, se publicaron del Autonocturnidad de Silvia Zayas), con algunas ilustraciones hechas sobre papel cebolla. Una vez que se cerró aquella curiosa librería-editorial se cambió el formato y se anduvo a la caza del apoyo institucional: se tardó dos años en conseguir la primera subvención del Ayuntamiento, siendo concejal de Cultura Javier García-Prieto. Nació entonces la colección Azul de Metileno, y después llegó la colección de narrativa, El relojero de Banaguás, inaugurada con El Monstruo, de Alberto Rodríguez Torices. Y, por supuesto, la revista literaria The Children’s Book of American Birds. En las páginas de esta proyecto autores noveles han tenido la oportunidad de ver sus escritos publicados junto a los de escritores consagrados, literatos premiados por el club que han tenido la generosidad de cederles algunos de sus textos inéditos.

Además, y gracias a la implicación de la Fundación Monteleón, Leteo participa ahora en el descubrimiento de nuevo talento creativo. El último, Carlos Loureiro, que tras adjudicarse el premio Monteleón fue galardonado con el Nacional de poesía joven.

Corría el año 2007 y Martin Amis protagonizaba en Gran Bretaña una polémica por su libro ‘The second plane’, en el que criticabala corrección política de Occidente con el Islam. Amis aseguraba, entre otras cosas, que cuando te sometes a una religión estás aceptando perder parte de tu libertad.

Como siempre, Fernando Arrabal convirtió su entrevista en un a gynkana intelectual. ¿Qué hacer con quienes tratan de salvarnos? «Oídos sordos, como mis pajaritas», dijo entre otras cosas el dramaturgo más importante de la actualidad, que acabó la entravista con un imprescindible: «Lo creo porque es confuso».

«La cultura religiosa reinante en el mundo árabe es una cultura de respuestas. La situación hace más fácil aceptar una verdad definitiva».

Enrique Vila Matas conversó acerca del fenómeno de la creación literaria. Entre otras cosas, destacó que utiliza la ironía para pensar. «Todo lo relativizo y me río de todo: del mundo, de la importancia de la literatura, de mi propia importancia. Mi labor siempre ha sido la desmitificación del hecho artístico».

Juan Gelman se refirió a la literarura y a su propia vida, de la muerte y de la esperanza, la única que nos puede salvar del propio recuerdo.

Paul Auster desentrañó las claves de su creación literaria, del vientre del tiburón, de las palabras — «nos muestran el mundo pero, al mismo tiempo, nos lo roban, nos roban su esencia», y del azar, el gran protagonista de sus novelas, al que calificó como uno de los elementos que determinan lo que somos.

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La entrevista de John Banville se condujo de manera casi exclusiva a través del atribulado mundo del lenguaje, de la relación que el escritor va desarrollando con las palabras y de cómo estas son las que mandan: «La realidad solo existe para mí cuando he sido empujado a ella por la fuerza del lenguaje»