Vargas Llosa, felicísimos ochenta

l Su entrada en el sello ‘La Pléiade’, el mejor regalo de un Nobel pletórico. Sólo 16 autores entraron en vida en ‘La Pléiade’, Jorge Luis Borges lo hizo siete años después de su muerte La mítica editorial publica ocho novelas del escritor, que reunirá en su homenaje a Rajoy, Aznar y González

Mario Vargas Llosa cumple mañana 80 años

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miguel lorenci
León

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M ario Vargas Llosa cumple mañana 28 unos esplendorosos 80 años. En plena actividad, enamorado como un adolescente y con novela recién entregada al lector, Cinco esquinas , recibió cuatro días antes un regalo de ensueño que, según confesó, le ilusiona más que el Nobel de Literatura que obtuvo en 2012.

El escritor peruano-español es el primer autor no francés que entra en vida en La Pléiade , la mítica colección del sello francés Gallimard, que publicó el jueves dos volúmenes con sus mejores novelas. Un día después de su cumpleaños tendrá en Madrid una fiesta entre literaria y mundana en la que reunirá en la Casa de América a Rajoy, Aznar, y González, a varios mandatarios latinoamericanos, a grandes escritores las dos orillas del español y colegas de Nobel como el turco Orham Pamuk. La legendaria colección del sello francés acoge muy excepcionalmente a autores vivos, menos de una veintena en casi un siglo y todos franceses. Pero su catálogo se amplía con ocho de las dieciocho novelas del académico, Nobel de Literatura y premio Cervantes, aparecidas entre 1963 y 2006. Salieron a la venta este Jueves Santo en un cofre de dos volúmenes. Se publican en traducciones al francés revisadas y actualizadas y fueron elegidas por el propio Vargas Llosa, que las introduce con un prólogo sobre el arte de narrar.

«Entrar en La Pléiade es un sueño que me maravilla», dijo Vargas Llosa, un «afrancesado» declarado que cada cumpleaños acostumbra a regalarse un volumen de la colección de clásicos y que señala a Dumas, Verne, Hugo y Flaubert como forjadores de su vocación literaria. No en vano, vivía en París cuando Carmen Balcells le obligó a dedicarse a la escritura en exclusiva y a dejar el periodismo a finales de los sesenta, y allí escribió sus primeras novelas.

«Fueron años decisivos para mí porque realicé mi sueño de niño: llegué a escritor», explica en el prólogo del primer tomo que incluye La ciudad y los perros , La casa verde —acompañada de un ensayo del propio autor sobre los secretos de esa novela—, Conversación en la catedral y La tía Julia y el escribidor . La guerra del fin del mundo , La fiesta del chivo , El paraíso en la otra esquina y Travesuras de la niña mala confoman el segundo tomo, que incluye una cronología de la vida y obra del escritor nacido en la localidad peruana de Arequipa en 1936.

Sólo dieciséis autores han entrado en vida en La Pléiade . El último fue el novelista francés Jean d’Ormesson, que se convirtió en miembro de este exclusivo club este año, con los 90 cumplidos. El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), otro miembro latinoamericano del ‘club Pléiade’ entró en la prestigiosa colección en 1993, siete años después de su muerte.

Editada desde1931 en papel biblia y tapas de cuero, La Pléiade incluye más de 800 volúmenes de los clásicos de las letras universales traducidos al francés, introducidos por prólogos de reputados autores y especialistas con aparato crítico, comentarios y abundares notas. En el caso de Vargas Llosa el abundante material biográfico que soporta el aparato crítico procede de los manuscritos, cuadernos, cartas fotos y apuntes depositados en la universidad de Princeton.

La preparación de ambos tomos ha exigido dos años de trabajo editorial bajo la dirección de Stéphane Michaud, que contó con la colaboración de Albert Bensoussan, Anne-Marie Cases, Anne Picard e Ina Salazar para las traducciones y el aparato crítico.

Desamores y puñetazos

Para su disgusto, dice él, Vargas Llosa está hoy más presente en la prensa rosa, de la que abomina, que en los suplementos literarios. La causa es su ilusionado y reciente amor por Isabel Preysler, emperadora del cuché, con quien el escritor convive y por quien abandonó a Patricia Llosa Urquidi, prima carnal y su esposa desde 1965.

Patricia es la madre de sus tres hijos, por quien el escritor derramó emotivas lágrimas de agradecimiento en su discurso del Nobel y por cuyo amor propinó a Gabriel García Márquez hace cuarenta años el puñetazo más aparatoso y sonado en la historia de la literatura hispana. Marito y Gabo pasaron en un instante de amigos del alma a enemigos íntimos.

Fue el 12 de febrero de 1976 tras un pase de la película Supervivientes de los Andes en el Palacio de Bellas Artes de México. García Márquez se disponía abrazar a su colega pero recibió un fiero y contundente derechazo de su hasta entonces queridísimo Mario que le dejó un ojo a la funerala. «Por lo de Patricia» dijo el ofendido y furibundo Marito al lanzar el puño que tumbó a Gabo, que cayó con rostro ensangrentado y sin decir ni mú. Otros dicen que no mediaron palabras. Elena Poniatowska, futura ganadora del Cervantes, fue quien aplicó el clásico y efectivo remedio del filete sobre el rostro amoratado del genio colombiano.

En 30 páginas de un libro indispensable, Aquellos años del boom , Xavi Ayén arroja luz sobre el incidente. Una noche de verano de 1975 Patricia, que ultimaba gestiones para cerrar la casa de Barcelona, sale a cenar y beber con Carmen Balcells, Jorge Edwards y Gabo. Patricia debía tomar muy temprano un vuelo a Lima. Gabo se ofreció a llevarla al aeropuerto, pero se extravió y Patricia perdió el avión, según Edwards.

Mario sospechó que fue porque Gabo quería llevársela a un hotel, pero Ayén aventura que en una velada de copas y confidencias el autor de Cien años de soledad «cometió una indiscreción mayúscula, y reveló a Patricia Llosa alguna correría de su marido en los años de Barcelona». Vargas Llosa sintió que «Gabo había corrompido la amistad al irse de la lengua».

Otras versiones apuntaron antes que García Márquez habría sugerido a Patricia que se separase de Vargas Llosa tras una infidelidad del escritor peruano. O que Patricia, para vengarse de la aventura de su marido y primo con una azafata sueca, le dio a entender que en su ausencia, había tenido una aventura con Gabo. Hubo quien dio una explicación ideológica, dado que ambos narradores estaban políticamente situados en las antípodas, socialista y amigo de las revoluciones Gabo, liberal conservador Marito.

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García Márquez tenía 49 años y Vargas Llosa 40. El colombiano pidió dos días después a su amigo fotógrafo Rodrigo Moya que le retratara con el ojo amoratado, acaso con la intención de denunciar al agresor. Y así apareció, sonriente y sin asomo de dolor, en la portada del rotativo La Jornada , que publicó la imagen tres décadas después.