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AYER HIZO 40 AÑOS DEL PRIMER CERVANTES, CONCEDIDO AL POETA JORGE GUILLÉN CON UNA DOTACIÓN DE CINCO MILLONES DE PESETAS. LA IMAGEN NOS MUESTRA SU ENTREGA SIN MONARCA NI MINISTRO. EL DIRECTOR GENERAL MIGUEL CRUZ HERNÁNDEZ LE ACERCA LA BANDEJA CON EL DIPLOMA Y UN SOBRE INDISIMULADO QUE SELLA EL REENCUENTRO CON UNO DE LOS GRANDES POETAS DEL SIGLO. divergente

Jorge Guillén, recibiendo el primer Cervantes hace 40 años

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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L a poesía de Jorge Guillén prescinde totalmente de la ornamentación modernista para quedar depurada de adornos y ceñida a su contenido con la máxima precisión. Esta búsqueda extrema del rigor verbal hizo que tardase varios años en escribir su primer libro, Cántico, cuya versión de 1928 fue ampliada sucesivamente hasta 1950. El subtítulo añadido a este poemario en 1945, Fe de vida, ofrece una idea exacta de su concepción literaria, que distingue la actitud apasionada ante el maravilloso espectáculo de la existencia.

Jorge Guillén nació en Valladolid, en 1893, y murió en Málaga, en 1984. Poeta español, perteneciente a la Generación del 27. Estudia Filosofía y Letras en Madrid y en Granada, graduándose en 1913. En 1924 se doctora y visita Alemania, después de haber sido lector de español en la Sorbona (1917-1923), actividad que repite años después en Oxford, entre 1929 y 1931. En 1925 obtiene la cátedra de Literatura Española en la Universidad de Murcia, pasando a la de Sevilla tres años después. Ocupa este puesto hasta que, durante la guerra civil (1938), se exilia a los Estados Unidos, donde imparte Literatura hasta su jubilación. La guerra civil lo pilló de vacaciones en Valladolid y en su camino a Francia (de donde era su mujer) fue detenido y encarcelado en Pamplona. Liberado por gestiones familiares y devuelto a Sevilla, allí tradujo el poema de Paul Claudel «A los mártires españoles», antes de pronunciar el discurso del Día de la Raza en el paraninfo de la universidad ante Queipo de Llano. Una servidumbre que Juan Ramón Jiménez no le perdonaría jamás.

Antes de exiliarse, colabora en las revistas intelectuales españolas más importantes de su época (España, La Pluma, Índice, Revista de Occidente), y posteriormente en las de América. Además, traduce a Paul Valéry (Cementerio marino) y a Jules Supervielle. También desarrolló una luminosa tarea crítica, en la que destaca el libro Lenguaje y poesía (1962). En 1992 se publicó su jugosa correspondencia con Pedro Salinas y en 1999 vio la luz en un volumen su Obra en prosa, que reúne la totalidad de sus textos críticos.

EL CICLO DE CÁNTICO

Su poesía va apareciendo en revistas desde 1919 hasta 1928, cuando se publica con el título de Cántico, considerado como una de las cumbres de su generación. Tenía entonces 35 años. La poesía de Guillén se divide en dos grandes períodos. El desarrollo de Cántico, entre 1919 y 1950, llena su primera etapa. El entusiasmo de Guillén se expresa de una manera estructurada y clasicista, rigurosa en la expresión intelectual, lo que ha llevado a relacionarlo con Paul Valéry, a pesar de que su radical optimismo contrasta con el enfoque negativo del francés. La armonía del universo y la afirmación vital del hombre que lo contempla y celebra hasta en sus aspectos más vulgares es el principio esencial del poeta, que se muestra ajeno a cualquier imperfección. Su obra es el correlato del optimismo que en los felices veinte ilumina las vanguardias. Aunque se resiste al testimonio de su aventura, el drama de la guerra irrumpe en la quietud de Cántico y le coloca el marchamo de Fe de vida. Cuando Guillén fue detenido en Pamplona en 1936, estuvo a punto de ser fusilado. Luego, pronunció el discurso de apertura de curso en la Universidad de Sevilla como salvoconducto para abandonar España en 1938.

CLAMOR DE ACOSO

La segunda etapa, que refleja el impacto de diversos conflictos políticos, se expresa en las tres partes de Clamor, tituladas Maremagnum (1957), Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las circunstancias (1963). En 1967, ve la luz Homenaje y un año más tarde Aire nuestro, que agrupa la reunión de su obra. La nostalgia del pasado, el paso del tiempo y la reflexión sobre la vejez se convierten en sus temas recurrentes. Las fuerzas que acechan la plenitud, representadas por los conflictos políticos, comparecen en las tres partes de Clamor. Esa conciencia de una realidad dolorosa conlleva una expresión más grave y elegíaca. También la apurada concisión de su primera época da paso a un discurso más pausado y jugoso, en el que se despliegan las construcciones largas y los poemas en prosa. A pesar de que el autor no renuncia a su emocionada postura inicial, la nostalgia del pasado, el paso del tiempo y la reflexión sobre la vejez contribuyen a que su voz se tiña de melancolía.

EPÍLOGOS DECLINANTES

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Por el contrario, Homenaje (1967) supone un retorno al enfoque de Cántico y recupera su impulso primordial de comunicación, con versos consagrados a la cultura, al amor y a la amistad, aunque también turbados por el aviso de la muerte. Sus últimas obras fueron Y otros poemas (1973), con una parte dedicada a la tarea poética, y Final (1982), que según confesión del autor aclaraba o introducía variantes a sus creaciones anteriores. Ambos libros son un epílogo menor a su vasta y ambiciosa construcción poética. Guillén concebía su poesía como un conjunto orgánico, no como mezcolanza arbitraria de textos diversos. En ese sentido, aspiraba a la unidad de Las flores del mal, de Baudelaire. Sus libros se organizan con criterios de simetría, que traducen la decisión del autor de situarse al lado de la vida y oponerse al caos. En su obra, el lenguaje es el instrumento.