poesía
Belleza desbocada
el país de los imbéciles José Manuel Díez Premio Jaén de poesía, Hiperión, Madrid, 2017. 92 pp.
B aile de máscaras (2013) fue un libro que descubrió a un poeta novedoso que se confirmó con Estudio del enigma (2015), en el que el extremeño José Manuel Díez indagaba en el misterio de la existencia. Su nuevo libro tiene título insólito para un poemario, El país de los imbéciles , dedicado «a quienes están dispuestos a perderlo todo, excepto la dignidad» y «a quienes viven y sobreviven contra la imbecilidad del mundo». El título no se refiere, claro está, a un país concreto sino a escenarios de todo tiempo y lugar.
Varios de los poemas de Díez aluden a su entendimiento de la poesía; entre ellos hay uno formidable que propone imaginar un caballo desbocado en la noche de una ciudad atónita, un caballo sin riendas ni montura que nadie sabe de dónde salió ni hacia dónde va: «así es un buen poema: / belleza desbocada donde nadie la espera». Aparte de otras connotaciones, el poema es imaginativo y armonioso como el mismo galope del caballo. Altura es otra pieza que en su brevedad manifiesta lo que debe hacer el gran poeta: lanzarse al abismo para que su poesía alce el vuelo. El abismo, si atendemos a la poesía de Diez, es tanto la calle como el interior de uno mismo. Cuando digo la calle aludo a distintas situaciones vitales del hombre concreto, manifestándose el compromiso del poeta con la vida y, sobre todo, con los que la padecen con mayor furor y contra los que los agreden en ese mundo de imbéciles que da título al poemario. Es impresionante el poema Los nombres de Sara , la muchacha violentamente atropellada por los hombres que sucesivamente han machacado su existencia hasta terminar en Auschwitz. Y no dejan de estremecer, aunque sea algo sabido, las distintas formas de suicidio de más de medio centenar de poetas, de Gerard de Nerval a Alfonso (no Alfredo) Costafreda. Junto a ello, realidades modestas como la evocación de las «tienduchas humildes, anacrónicas y bellas» que subsisten en los barrios. En contraste, la levedad de algunos poemas breves que esbozan, por ejemplo, la duración en la memoria del encanto de un beso o el pensamiento de la muerte, del que brotan poemas como Las campanas , lleno de resonancias sentimentales, pero que anuncian un futuro: «Y pienso en el sonido no escuchado, / el más triste, el postrero». No se despega de la vida la poesía de José Manuel Díez, sensible ante distintas situaciones penosas, con un sentido crítico que no evita la expresión de sentimientos emotivos.