Jorge G. Castrillejo y su 'Girasol en llamas'

Periodista y consultor en comunicación, el bañezano irrumpe con un poemario de largo recorrido, testimonial y en el que vuelca su creatividad y experiencia para sorprender con un libro que invita a una sana costumbre: leer poesía

Jorge G. Castrillejo, periodista y poeta bañezano.NOELIA BENITO

León

Creado:

Actualizado:

Entre el marketing digital y el periodismo de siempre huye un poeta en llamas. Jorge G. Castrillejo: un joven de La Bañeza que ya puestos a soltar por el corazón un poemario se lanza a las más de doscientas páginas de versos auténticos, sentidos, casi como un diario poético en el que muestra su sensibilidad y puntería literaria para dar con poemas que desde el corazón disparan e impactan en el corazón. Es Girasol en llamas (Talón de Aquiles), una excelente oportunidad para leer poesía en estos tiempos que corren. Realmente hay un hilo narrativo, o relato o trama. Cada poema tiene una fecha y logra este joven periodista que pasó por la redacción en prácticas de Diario de León que los lugares comunes brillen como lo que de excepcional tuvieron cuando le pasaron a uno y a otros. Es muy joven, aún no ha cumplido los 30, pero hay pulso poético en Castrillejo y luego resulta un tipo amable que contesta con brillantez a las necesarias preguntas convencionales. Editado en Talón de Aquiles, Girasol en llamas es su libro catarsis y también un trabajo de literatura al instante mimado luego para ser libro. «Trátalo con cariño, aún necesita amor y agua para crecer. Aún necesita de tu luz...», se puede leer. Y así se hará. Y habla el poeta.

«Todo lo que se proyecta frente a mis ojos (y todo lo que mis ojos no ven) es poesía, no puedo entender el mundo de otra manera (y ese mundo me incluye a mí). Llevo escribiendo desde siempre, sin darme cuenta, tratando de poner orden a mi cabeza, a mis sentimientos o a lo que no llego a comprender del todo. El mundo es un lugar complicado, lleno de conceptos abstractos y desafíos para personas sensibles, así que plasmar todo eso en palabras hace más fácil desenredar el nudo. Por eso este libro ha sido escrito de forma orgánica, lo que pasaba y me inspiraba, era plasmado con fecha, lugar y hora. Sin pretensiones, decorando un poco con palabras, pero sin tratar de esconder la herida. ¿Hay algo más tópico que un poeta diciendo que escribir es su forma de vivir? En mi caso, lo es. Aunque muchos poemas no se escriban, muchos rondan mi cabeza y los vivo a diario. Quizás en mi caso he de reformular el tópico porque escribir no es mi forma de vivir; sino que vivir es mi forma de escribir», relata en trago largo acerca de si la poesía le sirve para entenderse o al menos intentarlo.

Segundo asalto: El hecho poético. «Nunca escribí poesía por escribir poesía, de hecho, mi poesía no es la más académica. Cuando empecé a escribir, tan siquiera sabía que estaba haciendo poesía y mucho menos que era algo publicable. Creo que más que literario, el adjetivo es más humano. Mi relación con la poesía después de Girasol en Llamas es, si cabe, más pura. Veo belleza en muchas más cosas, transformo en palabras con más fluidez y conecto mejor con un mayor número de emociones. Además, he entendido mejor al ser humano, a la forma en la que siente y la forma en la que, de alguna manera, todos somos iguales. Ese algo del ser humano que lo hace ser, eso, humano. El sufrimiento, en su punto más romántico. La paz. El amor. La ansiedad, ira, todo».

Llegados a este punto hay que detenerse en el lado existencial de la vida, que ataca en cualquier parte y momento. Y algo de crisis existencial hay en el libro, como la hay en la vida de todos (para que le sirva de consuelo, que además no se quita ni con los años...). ¿Cómo va eso? «Va igual y quiero que así sea. No por masoquista, sino por poeta. Fuera de bromas me gusta plantearme las cosas, no estancarme en una versión de mí mismo si es que hay algo que no encaja. Tengo 26 años, los primeros poemas del libro los empecé a escribir con 24, creo que es la edad para tener crisis existenciales, aunque todas las edades son óptimas para ello. Me quedé en paro varias veces, tuve que mudarme, mi vida dio vueltas. Esto me permite hacer un alegato a favor de mi generación y defender que, si bien en algunas cosas lo tenemos más fácil, en otras no podemos estar más perdidos. Un mundo caótico, una inestabilidad laboral extrema, un acceso inexistente a la vivienda digna, un ritmo frenético… ¿Quién no se plantea su existencia en un mundo así?».

De momento, este Girasol en llamas es su herramienta y su argumento para formar parte del mundo literario. Y Jorge G. Castrillejo tiene también su análisis sensato. «Para mí podría ser mejorable, quizás por autocrítica y ambición, y porque lo estoy haciendo por mi cuenta y desde fuera solo se ve lo bueno. Me gustaría hacer más cosas de las que hago, que si miro en perspectiva no son pocas. He enviado cientos de notas de prensa, he organizado por mi cuenta varias presentaciones en Madrid y La Bañeza, he enviado personalmente todos los ejemplares de la preventa, me hice una buena amiga en la oficina de correos de la Calle Orense de Madrid, he hecho muchas cosas en redes sociales, he hablado con muchas personas. He hecho muchas cosas. Con esto quiero decir que, me estoy esforzando por conseguir asomar un poquito la cabeza, pero a veces me siento impotente», dice.

Cargando contenidos...

Realmente hay un poeta en Castrillejo. Y también mira a la poesía de otros. «Por supuesto. Lorca es un referente en muchos aspectos, Poeta en Nueva York me transmite esa esencia que yo quiero buscar en los poemas. Me gustaría que la gente se atreviera más con la poesía, la disfrutaría si se quita de encima alguna que otra capa de prejuicios», asegura. Coincide, además, en que en ella se encuentran los grandes temas de la vida: «El amor, la vida, el sufrimiento. Este último quizás es uno de los motores más fuertes. Escribo mejor cuando estoy triste y me cuesta plasmar cosas felices, es algo que he trabajado mucho y que he tratado de desarrollar en este libro. Precisamente con esa idea de focalizarse en lo bueno, la luz, como un girasol, es desde donde he escrito el libro. Lo primero que he dicho también es el amor, tanto propio como ajeno, creo que la poesía va también un poco de eso. En mi caso, este libro es la carta de amor más larga que he escrito nunca, con todos sus páginas, hacia mí mismo y hacia mi pareja», confiesa.Y no se despide sin una mención especial, merecida por otra parte y ya un asunto entre bañezanos... «Por supuesto quiero nombrar a Antonio Colinas, pero también me gustaría mencionar a compañeros menos reconocidos como Víctor Santos Vázquez». Y dicho quedó. Como queda a la espera lo próximo de Jorge.