Antonio Manilla: "La soledad nos vuelve numerosos"
El poeta leonés presenta 'Casa nostra', último poemario con el que ha obtenido el Premio Internacional de Poesía José Zorrilla
Antonio Manilla, la semana pasada en el ILC antes de la presentación de su libro ‘Casa nostra’, Premio Internacional de Poesía José Zorrilla. RAMIRO
Luis Alberto de Cuenca, Raquel Lanseros, Jorge de Arco, Fermín Herrero, Jesús Fonseca, Carlos Aganzo y Luis María Ansón como presidente decidieron aquel día que Casa nostra (Ediciones Hiperión), poemario de Antonio Manilla, poeta, escritor, columnista de Diario de León, era el mejor. No es la primera vez que le pasa. Ni a él ni a sus libros. Y por eso, premio internacional de poesía José Zorrilla, que se entrega en Valladolid impulsado por Enrique Cornejo, el gran productor teatral. Hasta ahí los hechos reales que surgen después de las sensaciones de un escritor que observa, que tal vez en el trabajo de escritura se desplace entre inspiración y ensoñación a miles de kilómetros y que despierte de un sueño nunca finalizado recordando su infancia en Cármenes. Esto sería la capacidad para ser autor de corte local en el buen sentido de la expresión porque sirve para entender lo de aquí pero no se queda en lo cercano, que sería aburridísimo. En definitiva, Manilla, refugiado en la poesía sin escatimar el sobreesfuerzo de estar en el mundo.
No hay que perderse. Volvamos a lo formal. Dice en este suplemento José Enrique Martínez, crítico de referencia de poesía no sólo de este periódico sino de largo alcance: «Casa nostra, de esmerada confección: tres secciones de 10 poemas en cada caso en torno al pasado, la infancia, la muerte y la literatura, ‘las cuatro casas que los hombres poseen’». Hiperión lo presenta así: Antonio Manilla (León, 1967) ha publicado once libros de poesía, entre ellos Una clara conciencia, Broza y Suavemente ribera, por los que ha merecido galardones como el Emilio Prados, Ciudad de Salamanca y Generación del 27, así como disfrutado de la Beca Valle Inclán en la Academia de España en Roma. Es autor además de biografías, ensayos y literatura infantil y juvenil. Su primera novela, Todos hablan, obtuvo la Encina de Plata de novela breve. Desde hace una década mantiene una columna semanal en el Diario de León. Casa nostra, ganador del XI Premio de Poesía José Zorrilla entre doscientos cincuenta originales de todo el mundo, alude —en palabras de su autor— a «las cuatro casas que los hombres poseemos en sentido metafórico: el pasado, la infancia, la muerte y, en muchos casos, la literatura». Antonio Manilla —«un autor consagrado que escribe con oficio y corazón», según Raquel Lanseros— nos ofrece uno de sus poemarios más perfilados, con una poesía clara y comprensible, que aúna pensamiento y emoción, y cuyos versos están marcados por la identidad, la experiencia y la esperanza.
Dice Luis Alberto de Cuenca de este libro: «Me he sumergido en estas páginas y no tienen desperdicio. Es un libro ejemplar en cuanto a la idea, la realización y sus virtudes métricas.»
—Con su antología ‘Lenguas en los árboles’ tenía sensación de hacer cierto balance de su camino poético recorrido. Resulta que después aparecen ‘Lo que deja de verse en el fulgor’ y ‘Casa nostra’, este con premio incluido. ¿Qué viene a traer de nuevo a su obra?
—Es un libro en el que afronto varios temas recurrentes en mi escritura poética, como la memoria familiar, la materia biográfica, la conciencia de las pérdidas o la despoblación, así como uno que es nuevo: el mundo de la lectura, el fulgor oscuro de las palabras que se reúnen alrededor del fuego para hablar por una vez de ellas mismas como protagonistas, así como de su amancebamiento con la belleza. Pero no como metaliteratura, literatura hablando de sí misma de una forma autorreferencial, sino de la lectura como abrigo y epifanía, de su papel salvífico en muchas ocasiones. Hay un verso que dice: «la soledad nos vuelve numerosos». La lectura sería ese empeño solitario encaminado a no ser solos. Fíjate que digo «no ser solos» en vez de «no estar solos», es algo que afecta a nuestra condición antes que a nuestra situación. El último repunte de la lectura en nuestro país no vino por una campaña de fomento de la lectura de esas tan repeinadas que hace el ministerio, sino a través de la pandemia. Las librerías todavía están sintiendo esa subida de ventas que produjo el coronavirus, por esa necesidad de «no ser solos», aunque podamos estarlo, que mejor que cualquier otra cosa satisfacen los libros y la lectura.
—¿Qué metas se pone como escritor? Y, al hilo de esto, ¿los años amplían las metas o las acortan? ¿Incluso desaparecen algunas?
—Los años sirven para acumular oficio y experiencia, que son medios para alcanzar cualquier meta cuando se tiene una clara conciencia de ellos. Pero ni tan siquiera el oficio asegura el próximo poema, porque la poesía es voluble y caprichosa. En un plano más pronosticable y llevadero, en el que sin embargo carezco de experiencia, me gustaría escribir un libro de cuentos poblado de personajes excesivos o fantásticos.
—’Casa nostra’, premio José Zorrilla, se convierte además en un libro muy elogiado por los que de esto saben. ¿Usted qué espera de ‘Casa Nostra’?
—Pues algo que es la razón de ser, en mi opinión, de la poesía: que los lectores hallen en algunos poemas lo que el crítico Luis Artigue definió, al hacer la recensión de este libro, como «un proceso de destilación que evita toda anécdota superflua». Aunque los poemas hablan de quien los escribe, la alquimia a la que el poema aspira es diluir las circunstancias personales hasta un punto en que hablen y sean de todos los lectores. También a que se perciba en mi escritura lo que Pablo Andrés Escapa denomina «el compromiso con la lengua en que uno escribe».
—¿La columna periodística le sirve para bajar a la tierra, es un escapismo, un divertimento o un compromiso con la sociedad...?
—Es un compromiso con la sociedad y, hasta donde soy capaz de llegar, con la literatura periodística o articulismo literario que he leído con mucho agrado desde bien joven y me parece una de las cumbres de nuestras Letras. Es un género curioso, por no decir algo extravagante, porque exige opinar más o menos categóricamente a alguien que considera que la duda es siempre lo más seguro, pontificar desde la inseguridad para, en definitiva, conquistar a través de las palabras, que es algo muy literario, pues Joseph Conrad decía que la persuasión es el objeto de la literatura. Además, en mi caso, la opinión supone una especie de cordón umbilical con el presente, pues me mantiene unido a una actualidad que, de otra manera, me interesa más bien poco, no por estar en una torre de marfil, sino por la baja estofa de realidad que produce nuestra sociedad y nuestra clase dirigente, que no diré política. Y una de las causas, precisamente, es la escasa cultura de la que hacen gala e incluso se ufanan nuestros gobernantes, que llevan como una medalla su ignorancia general básica.
—En estos tiempos tan globales, ¿queda algo de territorio que una a los autores?
—Creo que sí, porque algunos poetas castellanos y muchos leoneses y asturianos y gallegos comparten una sensibilidad semejante hacia el territorio, hacia las raíces. Existe una literatura del Noroeste o de Poniente, bastante estudiada en prosa y menos en poesía, que comparte una cosmovisión desde un paisaje común de memoria y leyendas, territorios imaginarios, componentes de fabulación mágicos y, sobre todo, un fuerte enraizamiento en lo local como lanzadera hacia lo universal.
—Un consejo a un joven poeta...
—Es sorprendente, porque el papel de la poesía en nuestra sociedad está en los arrabales de los intereses generales y totalmente desconectado de la idea imperante de éxito, pero continúa habiendo jóvenes interesados por la poesía. Quizá porque no tiene público, sino lectores. Estoy hablando de la poesía 'culta', porque la popular está tan boyante como siempre (la copla satisfizo las necesidades poéticas de toda una generación de españoles que no leían a Cernuda sino que escuchaban a Juanita Reina, por ejemplo), quizá incluso más ahora, porque no sólo aparece en el formato habitual de letras de canciones sino en otros géneros nuevos. En fin, a alguno de esos poetas jovencísimos, que en León los hay, de darles algún consejo no podría ser otro que leer. Que, como diría el Cholo, la lectura paga.