Enrique Andrés Díez: 'Mister Ángel del Río'

Lorca ocupa un lugar fundamental en la historia del libro.
Ángel del Río fue el compañero erudito de la generación del 27, un prestigioso profesor de Columbia, que recibió a Lorca en el viaje que daría origen a Poeta en Nueva York. El 1 de junio se publica Mister Ángel del Río. Enrique Andrés investiga la figura real de Ángel del Río y deja que resuenen al fondo los ruidosos acontecimientos históricos en los que éste se vio envuelto –el México postrevolucionario, la caza de brujas en Estados Unidos– para buscar la sustancia humana que sólo la literatura es capaz de revelar a través de los gestos íntimos y los instantes fortuitos en los que late una verdad muy distinta: una verdad emocional. Una novela que combina un gran trabajo de documentación con la ficción y la memoria literaria.
Ángel del Río (1901-1962) fue un insigne profesor español de la Universidad de Columbia y figura clave en el desarrollo del hispanismo. Del Río recibió y acompañó a Federico García Lorca en el viaje en el que éste alumbraría Poeta en Nueva York, algunos de cuyos poemas le están dedicados. Compañero y estudioso de la generación del 27, su destino se cruzó con el de pintores, escritores, exiliados, revolucionarios, agentes de inteligencia…, entre cuyos nombres los hay tocados por la gloria –como los de Machado, Lorca, Salinas, Hemingway o Diego Rivera–, pero también los hay falsos, los hay dobles, los hay oscuros, los hay invisibles. Este trágico contraste entre las vidas comunes y los seres bañados por la luz de la inmortalidad impregna toda la novela y revela, también, la condición fabulosa de la historia literaria y de sus héroes. Con una trama –de ritmo a veces trepidante y otras contemplativo– en la que lo metaliterario y la ficción se trenzan con la Historia, y mediante una prosa de aliento lírico, Enrique Andrés Ruiz pinta un vívido retrato de una parte del exilio español en Estados Unidos a raíz de la Guerra Civil.
Lo que empieza siendo una febril búsqueda de la huella del profesor acaba por transmutarse en una hermosísima novela sobre la pulsión de escribir, sobre lo que sabemos y nombramos, y sobre lo que desconocemos e inventamos. Como un «alfarero», el narrador de esta obra moldea la materia, «yerta, muda», de los documentos y la entrevera con la imaginación «para dar voz y cuerpo a las palabras, para que los nombres recobren la carne perdida».
Así surge un libro que fluye entre claves e intrigas: «Bueno –me decía Gabriel en su carta–, creo que hemos conversado bastante sobre lo que le interesaba tanto a usted, aunque, no sé, quizá no lo hayamos hecho acerca de lo que más le importa verdaderamente. Quizá vaya usted en pos de otra cosa; me ha quedado esa sensación.» Gabriel había enfermado, y, como yo no quería interrumpir su convalecencia, hacía algún tiempo que no nos veíamos. Pero, todavía de pie, con aquella carta en la mano y la mirada perdida al otro lado del ventanal, me quedé intrigado. En qué podía estar pensando Gabriel, qué podía ser esa «otra cosa» que a mí me debía de importar –«verdaderamente», según él– mucho más que sus lejanos, si bien siempre nítidos, recuerdos de don Ángel, como él lo llamaba, o Míster Ángel, como lo llamó más de una vez.–Así se refería a él un jardinero del campus –me dijo un día–, mexicano como yo, aunque de Puebla. Bromeaban, se reían juntos; nadie lo hubiese creído, ¿verdad? Siempre tan serio, tan tieso… Eso es lo que se decía del profesor Del Río. Pero sólo era una apariencia. Gabriel me había hecho conocer muchos episodios, había recreado para mí, con una gran plasticidad, el mundo aquel de la Universidad de Columbia en los años cincuenta o sesenta, el río, el invierno, las ventanas de Nueva York con sus luces encendidas en la noche, la pequeña colonia de profesores españoles y sus familias que él conoció en su juventud… A través de él había sabido de cosas que no están en los libros, muchas que pertenecían a la juventud de su profesor. Gabriel era misterioso, confiado y cauto a la vez, un hombre al final del camino, a quien nada puede dañar».
Enrique Andrés Ruiz (Soria, 1961) es poeta, novelista, ensayista y crítico de arte. Sus últimos poemarios publicados son Los verdaderos domingos de la vida (2017) y Ríos de Babilonia (2021). Entre sus ensayos se encuentran Vida de la pintura (2001), La tristeza del mundo. Sobre la experiencia política de leer (2010) y La carroña. Ensayo sobre lo que se pierde (2017), así como Las dos hermanas. Antología de la poesía española e hispanoamericana del siglo xx sobre pintura (2011). En 2021 Periférica publicó su novela Los montes antiguos, libro en el que cobra una singular calidad literaria la memoria humana del paisaje, a la que le siguió Las señoritas (2024).