Hay una clase de escritura que sale así, como recién tirada de la cama
Los pormenoresTomás Sánchez Santiago. Ed. Los libros de Camparredonda, León, 2007. 162 pp.
Así es esta escritura, confiesa el autor en la confesión que cierra la obra: «Revuelta y despeinada, sin previsión y sin alcance, hay una clase de escritura que sale así, como recién tirada de la cama, al asalto de quien ni siquiera la esperaba preparado». Es una escritura «sobrevenida», pero-¦ sólo relativamente.
Los pormenores
son en realidad la crónica de recuerdos de una infancia de posguerra, misteriosamente recuperada. Son también un sutil y original cuaderno de bitácora del tiempo actual, con fogonazos personales y experiencias actuales de Zamora, la ciudad del autor.
Reconocido poeta, ensayista y autor de una novela excepcional,
Calle Feria,
el libro de
Los Pormenores
tiene con ella una clara vinculación en la primera parte, «Los pormenores». En este primer cuerpo literario palpita una mirada emocionada de lo que fue la infancia, reflejada en recuerdos de personas queridas, de trabajos humildes, de paisajes en apariencia irrelevantes. Todo lo recrea el escritor desde una perspectiva azoriniana, pero transformada siempre por una mirada de lirismo polisémico, sin que falte una moderna visión del «locus amoenus». El asombro infantil es la fuente de esta recreación. Hasta un humilde y primario artilugio como el tobogán del parque se transforma en un símbolo inesperado: «Se diría que era un juego fuera del tiempo, pues era imposible pensar en permanecer de manera estable en aquella lengua que todo lo arrastraba» (p.39).
«Lumbre baja», el segundo cuerpo de la obra («lumbre baja que no brilla pero sí quema. Lumbre baja») es una jugosa y variada miscelánea de impresiones. Escenas chuscas, tipos misteriosos, reflexiones inesperadas, aforismos fugaces, greguerías-¦ sirven para crear una visión variada de la realidad. No falta la apasionada y nostálgica elegía a Antonio Coca, en «Llanto por un librero», derrotado en su humanismo cultural por la voracidad comercial de los nuevos tiempos. La obra se cierra con el bloque «De la ciudad oscura», una gavilla abigarrada de vivencias en torno a la ciudad de Zamora, contemplada desde la perspectiva del paisaje cambiante o del recuerdo de la misteriosa relación entre el pianista zamorano y el músico Maurice Ravel, unidos tal vez por la pasión por el bolero de Algodre.
A la originalidad de los textos se une la bella edición de la obra con los dibujos de Benjamín de Pedro y las fotografías de Gregorio Fdez. Castañón y Víctor Fdez. del Río. Sin olvidar ciertos detalles plásticos de elaborada condición artesanal e individualizada. Todo ello hace de
Los pormenores
una obra exquisita. Una muestra excelente de esa escritura que el autor, en un guiño al lector, considera «sobrevenida».