Un viaje a mundos de fascinación y fantasía
El hombre de los
dos corazones
Ana Merino. Ilustraciones: Beatriz Martín. Ed. Anaya, Madrid, 2009. 136 pp.
Una fantástica novela, en la doble acepción del adjetivo. Fantástica, además, y como extensión, para la puesta en común en el aula por la atracción del argumento, por lo que supone de reflexión viva, práctica sobre la creación y por interiorizar la convicción de que todos estamos poblados por multitud de seres imaginarios.
La madre de Raquel decidió inventarse una historia para dormir a la niña «y hacer que se olvidase de aquel monstruo que tanto le angustiaba: Había una vez un hombre que tenía dos corazones-¦». Dos corazones que no se acompasaban. El médico siente mucha curiosidad por el caso.
Dormida la niña, su padre, Abraham, muy interesado en el cuento, pide a su mujer que lo continúe. Y continúa con el deseo del hombre por descubrir de quién es su segundo corazón. Inicia para ello un viaje que nos lleva a espacios mágicos -”la Ciudad de los Vientos, el Valle de las Lágrimas, el Bosque de los Árboles Risueños, el Circo de los Extraños-¦-” y a situaciones que la imaginación hace posibles.
Esta estupenda lección de cómo construir /contar cuentos en que los límites de la ficción y lo real son difusos permitirá a Reyes, la madre y narradora, y a Raquel compartir la trama narrativa, estableciéndose así dos historias paralelas, la del hombre de los dos corazones propiamente dicha y la de la familia, que va construyendo, rectificando el devenir del cuento y sus personajes: «-¦ yo os inventé el otro día, sois los personajes del cuento que contaba a mi hija». No es de extrañar, por tanto, que el hombre de los dos corazones acabe regalando uno a Reyes porque el suyo «estaba sufriendo un proceso degenerativo irreversible». Ésta es una de las preguntas que se hace en el Epílogo : «¿Quién hubiese podido suponer que ella era la hermana perdida que él había estado buscando todo ese tiempo?».
Insisto en la bondad de la obra, sobre todo por la capacidad de imaginación de mundos y situaciones que permite que el argumento ejerza sobre el lector una irresistible atracción. El tono de misterio, el juego y el vaivén entre la realidad y la ficción nos mantienen en vilo, especialmente, además, cuando el lenguaje se desliza por los ámbitos de la sensibilidad y la finura poéticas. En todo momento estamos ante una prosa limpia, precisa, hermosa.
La publicación se enriquece con las sugerentes ilustraciones de Beatriz Martín, delicadas en el trazo y en la concepción, integradas perfectamente en el tono fantástico del texto.