La Tercera Revolución Industrial: Un kit para mil usos

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León

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La principal función de una impresora 3D es resolver cualquier problema donde no hay repuestos ni posibilidad de fabricarlos. Así que el uso principal de una impresora tridimensional son lo que se llaman ‘repuestos imposibles’, que puede ser desde una cincha para sujetar cables hasta una agarradera de tuberías o un sujeta casquillos de bombilla o un filtro de lavadora. (Ahorrarse el transporte desde Alemania de un filtro de este tipo permite que el que sabe reparar la lavadora pueda planificar su jornada y abaratar sus costes. O que el manitas de casa pueda hacerlo él mismo).

En un uso empresarial, se puede diseñar cualquier pieza mecánica, imprimirla como prototipo y probarla, y si no funciona como es debido, corregir su diseño en el ordenador, volver a imprimirla y probarla de nuevo y así hasta que el objeto cumpla a la perfección su cometido. Todo ello en menos de una semana. Eso sin esperar a la empresa de prototipos que tarda días, sino semanas en realizar la pieza, enviarla y, además, cobra un dineral por su trabajo.

Esto implica también que si se puede hacer un ‘prototipado rápido» se crean productos a demanda, evitando tener que pedir miles como ocurre cuando se solicitan las piezas a una industria. Es una de las ventajas de lo que se llama la Tercera Revolución Industrial, que se puede controlar la producción ya que se sabe cuánto se tarda en terminar un objeto (por ejemplo, la carcasa de un mando a distancia) y se puede indicar al cliente en cuánto tiempo puede tenerlo en casa. Además de producir en España, suprimiendo los riesgos de que un pedido se quede en la aduana.

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