ª1. Rehabilitador de turbinas

Gonzalo Morán García. Ingeniero industrial, encontró trabajo en León al acabar la carrera.

Gonzalo Morán García practicando su gran afición.

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S. VERGARA PEDREIRA | LEÓN
León

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Dice que tiene suerte. Eso y un buen currículum. Nada más acabar la carrera, ha encontrado trabajo. Y sin tener que irse de León.

Gonzalo Morán García ha estudiado dos carrereas. Primero Ingeniería Técnica Industrial. Se especializó en electricidad, analizó el mercado laboral y optó por ampliar estudios y matricularse en Ingeniería Industrial. Fue una buena decisión. No estuvo parado ni un día. Primero haciendo mantenimiento de centrales hidráulicas y después ya directamente un contrato en la empresa en la que trabaja.

Ha disipado, de momento, sus temores de tener que hacer la maleta y emigrar. Sobre todo, se siente muy orgulloso de poderse ganar la vida co sus estudios. Pero todo se lo toma con modestia. Como cuando asegura que sus notas fueron «bastante variables» porque «en ingeniería es difícil conseguir buenas calificaciones en todas las asignaturas». Él, que tiene de nota media en la carrera 8,50.

Siempre le gustó experimentar, «ser curioso», preguntarse «por el funcionamiento de las máquinas», dice. De ahí su pasión por la rehabilitación de turbinas y alternadores de centrales hidráulicas.

Quiere seguir dedicándose a estudiar la generación, transporte y distribución de la energía eléctrica, un campo en el que «afortunadamente» se encuentra inmerso.

Le hubiera gustado que en la universidad hiciesen ver a los alumnos que «lo que se está estudiando tiene su aplicación en el mundo laboral» para no sentirse tan perdido al entrar en una empresa. «No sirve de nada conocer la teoría si no sabes para qué se aplica. Y luego cuando comienzas a trabajar, todo te suena pero no lo relacionas».

Se siente afortunado. Sabe que la situación para la mayoría de sus compañeros y amigos no es ni similar.

«Comenzamos los estudios con una situación laboral excepcional, llena de excesos, donde fácilmente se encontraba un buen trabajo y rápidamente se ascendía, disfrutando de una buena calidad de vida. De golpe, todo desapareció: el trabajo tienes que buscarlo fuera, en malas condiciones y aceptando lo que te echan porque si tú no lo haces hay otro a tu lado que lo hará», describe.

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Apuesta por no dejar pasar ni una oportunidad. Ni en el trabajo ni en la vida. Cada fin de semana se cuelga la mochila y va en busca de picos, nieve y hielo. También en eso tiene suerte. En la provincia no falta. Y este invierno, menos.