premio. el nobel que no será por ahora
así es francis mojica, el español que estuvo hasta el último día en las quinielas del galardón más importante del mundo científico. L a semana de los Premios Nobel de 2016 deja a España un conocido sabor de boca. En la Academia Sueca Francis Mojica sonaba, según todos los medios nacionales, como candidato al Nobel de Química o de Medicina por su descubrimiento del sistema Crispr.
Francis Mojica, en una imagen reciente en su despacho de la Universidad de Alicante.
Durante la semana pasada, la incidencia mediática en torno al investigador alicantino se hacía particularmente intensa, reflejando las altas opciones que la comunidad científica concedía a Crispr para recibir una medalla este año. Pese a estos presagios, el Nobel de Medicina finalmente recaía sobre Yoshinori Ohsumi, por sus estudios sobre los mecanismos de la autofagia, y el de Química sobre Jean-Pierre Sauvage, Fraser Stoddart y Bernard Feringa por el diseño y síntesis de máquinas moleculares. El Nobel de Crispr tendrá que esperar.
Crispr es un mecanismo natural de defensa empleado por bacterias para combatir invasiones víricas. Se trata de una forma de inmunidad adaptativa, basada en la eliminación específica de secuencias genéticas a las que las bacterias se han visto previamente expuestas. El gran entusiasmo que ha suscitado Crispr se debe al desarrollo de un método biotecnológico, denominado Crispr/Cas9, que partiendo de este sistema permite no sólo cortar, sino también insertar secuencias génicas a voluntad en el ADN de células de cualquier especie, incluida la humana. De esta forma, Crispr/Cas9 está llamada a convertirse en una tecnología fácil, rápida y barata para modificar cualquier genoma. Algo que, en el contexto de la medicina personalizada, la gran revolución que se está gestando en el ámbito médico, va a permitir corregir un amplísimo número de enfermedades genéticas.
El apoyo de la prensa española a Mojica viene siendo unánime desde los últimos meses y, con la misma periodicidad con que Crispr sea noticia, es de esperar que su nombre regrese pendularmente a las páginas de ciencia de los diarios. Si bien el lobby ejercido en favor del alicantino debe ser interpretado como un hecho positivo, los medios han de evitar omitir partes cruciales en el desarrollo de esta tecnología, pues con ello se corre el riesgo de sobresimplificar el proceso científico y que ello impacte en la percepción de la sociedad.
En el momento actual, los grandes avances tecnológicos ya no son obra de una única persona en un «momento Eureka», sino fruto de desarrollos incrementales producidos de modo multidisciplinar y por parte de diferentes equipos, habitualmente a nivel internacional. En el caso de Crispr, una constelación de investigadores de todo el mundo ha contribuido en la descripción fina del sistema y en su desarrollo posterior hacia la prometedora tecnología de edición génica que hoy se considera.
Antecedentes
En 1987, Yoshizumi Ishino, de la Universidad de Osaka, descubrió una serie de repeticiones en el genoma de una bacteria, que años después Mojica caracterizaría como un sistema inmune procariota utilizando bacterias aisladas de las salinas de Santa Pola. El propio Mojica acuñaría el término Crispr que hoy empleamos, en una serie de correspondencias con Ruud Jansen, de la Universidad de Utrecht, primero en utilizar dicha denominación en una publicación científica en 2002.
El nuevo sistema inmune bacteriano sería estudiado a fondo tanto por investigadores industriales, entre ellos Philippe Horvath y Rodolphe Barrangou de Danisco (adquirida más tarde por DuPont), como por una larga serie de académicos, incluyendo a John Van der Oost de la Universidad de Wageningen, Luciano Marraffini de la Rockefeller University, Sylvain Moineau de la Université Laval, y muchos otros.