Publicado por
Ruth de andrés
León

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enóloga

La embriaguez es casi tan vieja como la humanidad y de sus peligros andamos todos avisados. Aunque a veces lo tomemos más como una frase hecha, la verdad es que ponerse ciego puede llevarnos estrictamente a quedarnos ciegos. Especialmente cuando malbebemos, y con esto quiero decir no sólo beber más de la cuenta sino beber cualquier cosa. Y aunque estos artículos los dediquemos al vino, no está de más por una vez saltarnos la regla y hablar de otros alcoholes, los destilados, y sus peligros. Pero primero aclaremos que llamamos destilados a las bebidas espirituosas, es decir, obtenidas por destilación de alcoholes: brandy, ginebra, ron, whisky, vodka, orujos, coñac, tequila, pisco, calvados... pero también los famosos chupitos, los licores de whisky, las cremas de orujo... todos ellos susceptibles de convertirse en garrafón.

A todos nos han dado gato por liebre alguna vez y hemos sufrido las consecuencias del garrafón. Ya saben, se toman una copa y al día siguiente parece que una taladradora les haya atravesado el cerebro. Entonces, nos acordamos de aquella endemoniada consumición y concluimos que la culpa es del garrafón. Esos licores, que simulan ser lo que no son, entrañan un verdadero peligro no sólo para nuestra resaca sino en general para nuestra salud. Detrás de una inocente etiqueta falsificada de cualquier whisky, ginebra o ron se esconde una ilegalidad que nos proporcionará un despertar de perros. Estos problemas son sin duda más frecuentes en los destilados que en el vino porque la capacidad de adulterar una ginebra, pongamos por caso, es más fácil y menos perceptible al ocultarse tras el velo del refresco de naranja, limón o cola correspondiente .

El alcohol etílico o etanol es el que de manera natural encontramos en vinos y buenos destilados (los llamaremos así). Su toxicidad es baja, aunque por supuesto que en exceso nos da problemas; pero, salvo excepciones, lo toleramos. Lo que llamamos vulgarmente el garrafón son licores en los que la concentración de alcohol metílico o metanol (noten que no es el etanol) es alta. El metanol se denomina alcohol de madera porque originalmente se obtenía de la destilación de esta materia en ausencia de aire. Actualmente puede producirse a partir de gas natural, carbón, madera, e incluso de residuos orgánicos. Es el más simple de los alcoholes y se caracteriza por ser incoloro. Su ingestión causa ceguera porque destruye irreversiblemente el nervio óptico y una dosis superior a 30 mililitros provoca la muerte. Su producción es barata y su manipulación sencilla, de ahí que se utilice para rebajar considerablemente el precio de los destilados sin rebajar su grado. Noten que el agua, que también es barata, rebajaría el grado alcohólico del destilado por lo que no sirve. Como ven, nefasto para nosotros. Sin embargo tiene su utilidad como anticongelante que es lo que echamos a los coches pues hace descender el punto de congelación del agua hasta cuarenta y cinco grados bajo cero. Los buenos destilados se deben consumir con moderación; los malos destilados no hay ni que olerlos. Aunque para evitarlo, lo tenemos difícil. Lo que está claro es que un buen productor nunca lo elaboraría y un buen hostelero nunca nos lo serviría. Fíense de esto.

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