Filosofía urbanita elevadaal cubo-¦ Nissan Cube

Icono urbano, el Cube ha vendido en Japón 1.000.000 de unidades desde 1998

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J. FERNÁNDEZ-ZARDÓN
León

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Cuadrado por fuera, redondo por dentro. Hirotada Kuwahara (más nipón-¦ imposible) no se ha parado en barras a la hora de explicar sus pinceladas: exterior rotundo y «cuadradote», combinado con un interior tan práctico y relajante-¦ como un jacuzzi. ¡Ahí queda eso!.

La consecuencia de este sueño inspirativo es un puro urbanita que, en el fuero interno de su fabricante, se propone al usuario español como alternativa a otras dos iconográficas reinterpretaciones de principios del XXI: el Fiat 500 y el Mini.

Exteriormente asimétrico (cristal lateral derecho prolongado hasta la luneta trasera y pilar izquierdo de chapa) la cubemanía tiene continuidad en un habitáculo en el que, entre otras cosas, se monta una consola central en forma de guitarra antigua; incluso se adoptan infinidad de elementos que simulan las ondas de una gota de agua y, como guiño de procedencia, cortinilla de techo de inspiración japonesa. Ganchos por doquier y multitud de huecos portaobjetos «redondean» la practicidad de un diseño que, como poco, no dejará indiferente. Hasta los amantes de los tebeos -”me resisto a lo de «cómic», ya perdonarán-” dirían que el Cube parece salido de una viñeta-¦ y cobra vida.

La tercera generación del Cube, que ahora desembarca en el mercado español con sólo una mecánica de gasolina (1.6 litros, 110 CV), aunque dentro de un par de meses dispondrá también de un gasóleo con idéntica potencia, es todo un superventas en su mercado matriz, donde lleva desde 1998, lo que no deja de ser todo un marchamo de autenticidad en un país, el nipón, en el que están más que acostumbrados a realizaciones pelín extravagantes.

Aquí, las ventanillas laterales se asemejan a los marcos de un cuadro -”de los de pinacoteca, se entiende-” y, como en las neveras, el portón trasero del Cube es de apertura lateral soluciones ambas que, unidas a su cuadradota carrocería, le confieren una evidente sensación de amplitud y luminosidad interior. Eso sí, la tal cuadratura penaliza la aerodinámica (Cx 0,35) aunque, claro, algún peaje había que pagar por lo arriesgado del diseño. Tampoco tanto como para penalizar excesivamente un consumo cuya media se sitúa por alrededor de los 6 litros, con lo que llegan a rondarse los 700 kilómetros sin visitar el surtidor.

La banqueta trasera puede desplazarse longitudinalmente hasta 24 centímetros, lo que permite configurar un maletero entre 250 y 400 litros de capacidad aunque, lógicamente, en este segundo supuesto se reduce el espacio para las piernas de los ocupantes de las plazas traseras.

Dos motores, un gasolina (5 marchas) y un gasóleo (en abril, 6 marchas), ambos de 110 CV, conformarán una gama que se declina en tres acabados. Desde el escalón de entrada (Tekna) ya se cuenta de serie con el control de estabilidad ESP, asistencia a la frenada de emergencia BA, también distribuidor de fuerza de frenada EBD y 6 airbag, incluidos laterales y de techo; aire acondicionado radio con CD, Bluetooth, faros antiniebla y control de velocidad de crucero. Este acabado Tekna, con techo acristalado panorámico, cuesta 16.950 euros y, además, pueden añadirse dos paquetes opcionales que, en el Premium, se completa con llantas de 16 pulgadas, llave inteligente con botón arranque/parada, cámara de visión trasera, climatizador automático, navegador, luces y limpiaparabrisas automáticos-¦

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En definitiva, toda una «rompedora» propuesta con la que Nissan pretende «romper» -”valga la redundancia-” moldes en el particular segmento de urbanitas de diseño. ¡Atrévanse!