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solidaridad frente a crisis y burocracia

Las ong que gestionan acogidas estivales para niños extranjeros piden un esfuerzo porque la crisis ha disminuido el número de familias que se ofrecen

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cristina gallardo
León

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Pese a las dificultades económicas y las trabas burocráticas, cada verano el aeropuerto de Barajas sigue siendo testigo de la llegada a España de oleadas de niños que pasarán los meses estivales en hogares españoles, donde reciben todos los cuidados, incluido el cariño, de los que en muchos casos carecen el resto del año. Los niños de los campos de refugiados saharauis en Tindouf (Argelia) son los «veraneantes infantiles» que vienen en mayor número pero no son los únicos; también proceden de regiones de Ucrania y Bielorrusia, afectadas por la explosión del reactor nuclear de Chernóbil; de orfanatos rusos, y de países africanos con crisis humanitarias frecuentes, como Etiopía.

Varias decenas de familias vinculadas a la ONG Ven con Nosotros han dado la bienvenida este mes a 41 niños ucranianos de los alrededores de Kiev y de la región de Rovno a su llegada a Castilla y León, donde permanecerán hasta septiembre. La presidenta de esta organización, María Jesús Cid, asegura que la acogida supone algo mucho más grande que ayudar a un niño. «Es como una bola de nieve, se va convirtiendo en algo mucho más fuerte hasta el extremo de que son como nuestros propios hijos», ha asegurado.

En los últimos años, María Jesús ha acogido a cuatro hermanos, que ya son adultos. Ahora cuida durante los veranos a Anastasia, un «torbellino de 7 años», que en Ucrania vive con su padre y su abuela con 100 euros al mes. Todos tienen seis años o más y llegan con carencias de hierro, calcio y vitaminas, causadas por una dieta pobre, cuyos alimentos básicos son el pan y las patatas.

Algunos padecen también problemas de visión, asma o problemas óseos, fruto de la contaminación radiactiva a la que se ven expuestos en su tierra natal. Sin embargo, al poco tiempo de llegar su mejoría es «palpable» y son «unos niños distintos a los que llegaron». María Jesús reconoce que en un primer momento, los pequeños llegan «asustados» pero «con muchas ganas», y que su adaptación es muy rápida, ya que permanecen en contacto telefónico con su familia en Ucrania y con otros niños del programa. María Jesús afirma que la crisis está suponiendo «un tortazo, un azote muy fuerte» a la hora de reclutar familias de acogida, pero que este año, gracias al 25 aniversario de Chernóbil y a la crisis de Fukushima, han recibido un gran número de llamadas y ningún niño se ha quedado sin familia. La asociación vasca Chernobileko Umeak espera la llegada de los 109 niños ucranianos afectados también por la radiación de Chernóbil, que aterrizaron en el aeropuerto de Barajas esta semna y que fueron recibidos por las familias y el cónsul de Ucrania en España.

La recesión ha perjudicado más al programa Vacaciones en Paz, organizado por la Federación de Asociaciones de Amigos del Pueblo Saharui, que este verano traerá a España 7.000 niños de los campamentos de refugiados de Tindouf (Argelia), mil menos que el año pasado. Gely Ariza, coordinadora estatal de esta iniciativa, asegura que han sufrido muchos recortes en materia de subsidios, sobre todo por parte de los ayuntamientos receptores, por lo que han tenido que recurrir a rifas y sorteos de todo tipo para recaudar fondos y poder llevar a cabo el programa.

En el caso de los menores saharauis, tienen entre 8 y 12 años y pasarán los meses estivales repartidos por todas las comunidades autónomas. El 80 por ciento de ellos vienen a repetir la experiencia con la misma familia, y el objetivo prioritario del programa es que reciban atención sanitaria. «Hace años sus carencias eran impresionantes, pero el trabajo continuado ha logrado que sus problemas de salud a día de hoy sean menos numerosos, básicamente patologías oculares por culpa de la arena y algunas respiratorias y dentales», ha precisado Gely.

También de Rusia o Etiopía

Manuel Fernández, presidente de la asociación Todos somos niños, ultima los detalles para la llegada de 73 niños, procedentes de las regiones rusas de Niznevartovsk, Kamensk, Tula y Briansk, algunos de los cuales también están afectados por la radiación de Chernóbil. Hasta este año, la asociación de Manuel traía también menores que vivían en orfanatos, pero un reciente cambio de la normativa rusa ha impedido la salida de 10.000 de estos niños con destino a Europa, 700 de los cuáles venían a España.

Todos somos niños también está en trámites para comenzar a acoger niños etíopes residentes en orfanatos, una iniciativa pionera para este país del cuerno de África, cuyos menores nunca han pasado un verano con familias extranjeras. «Este año me puse en contacto con una ONG sobre el terreno y tenemos ya quince familias listas para recibirles este verano, aunque todavía estamos pendientes de que nos confirmen los trámites para su salida de Etiopía», ha detallado Manuel.

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Aunque cada año estas organizaciones tienen que superar trabas económicas y burocráticas, todos sus representantes se muestran optimistas y esperan ya, impacientes, la llegada de los niños en avión, momento en el que sienten que todo el trabajo de un año ha merecido la pena.