Teleclubs

Más jóvenes cada año

Con medio siglo en la memoria muchos teleclubs son el punto de encuentro de varias generaciones, que los mantienen vivos pese a la despoblación

Fundadores del Casino de Villanueva.

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León

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Mientras la parroquia de gran parte de los teleclubs de la provincia merma a cada año, el Centro Cultural Recreativo «El Condado», más conocido como el casino de Villanueva, suma clientela y gana popularidad cincuenta años después de su fundación. La principal responsable de esta recuperación es la juventud. El casino ha sabido envejecer. Junto a la anticuada caja registradora funciona ahora el router del wifi -gratuito para toda la clientela-, al único canal de televisión de hace cincuenta años se le han sumado los más de medio millar de la televisión por satélite, el house ha jubilado a los boletines informativos del transistor y los copazos de ron con cola conviven con los carajillos de toda la vida.

Los mozos de hoy conservan la voluntad recreativa de los de hace medio siglo, cuando «en Villanueva del Condado siendo las 20 horas del día 10 de marzo de 1961 se reunieron en local los jóvenes del pueblo con objetivo de construir una sociedad que lleva por título El Condado acordando nombrar junta directiva».

Desde los seis impulsores del origen hasta los 285 socios que el casino tiene actualmente han pasado cerca de tres generaciones que a cada fin de semana se mezclan en el casino, exactamente igual que en los de muchos otros pueblos de la provincia.

Además de la cuota de socios también han aumentado los precios de las consumiciones. Andando el tiempo se puso en negro sobre blanco que los asociados tendrán que pagar «una cuota de entrada de ciento setenta y cinco (175) pesetas y la cuota mensual hasta el día 1 de septiembre, y los solteros que hoy entran en el pueblo pagarán ciento setenta y cinco (175) pesetas y seguirán pagando la cuota mensual». Los precios se han adaptado a los tiempos actuales y el servicio es fijo, aunque muchos años corriera a cargo de los socios.

Para recordar aquellos años y conmemorar los 50 de su existencia se celebró en marzo una fiesta con vino español y baile. Como muchos veraneantes no pudieron asistir, el acto se repetirá en agosto, con otro público, pero el mismo espíritu.

No obstante, no todos los teleclubs han seguido la misma evolución. A media docena de kilómetros de Villanueva, en Secos del Condado, el teleclub ha servido para muy distintas actividades, pero siempre con el mismo ánimo de unir a los vecinos.

Él de Secos siempre ha estado en el mismo inmueble, aunque en distintas ubicaciones. Antes de que la administración empezara a repartir televisores por los pueblos de la provincia, el teleclub era simplemente la casa de concejo. El chigre estaba en la planta alta porque en la baja estaban las escuelas. Allí se celebraba el antruido-tradición que se mantiene hoy en día-. En él los hombres mataban una oveja de la que todos comían. Las mujeres no estaban invitadas, hasta un buen año que decidieron saltarse la tradición y acudir a la fiesta con unas mantecadas que habían cocinado para endulzar su atrevimiento. La hazaña cuajó y al siguiente año acudieron la mayor parte de las mujeres del pueblo con una lata de mantecadas cada dos.

Otro ejemplo de vecindad que se vive dentro de esas paredes es la conmemoración de San Isidro, en la que se reparte escabeche entre los asistentes. Cuando todos están satisfechos, se subastan las latas y lo que se saca va para el cajón del teleclub.

El mismo salón también sirvió de consultorio médico. Durante años iba un médico cada tres meses, que cobraba por visita. Más tarde comenzó a ir una médica que no cobraba, pero pidió que se reformara el consultorio. Y antes de la llegada de la pequeña pantalla, era un alguacil de Vegas, Abilio, el que iba a Secos «a hacer cine». Más tarde llegó la televisión y la casa de concejo colgó el cartel de teleclub. Durante muchos años la escuela continúo instalada en la planta baja. Una de las últimas maestras que pasaron por allí, Doña Emilia, subía a los estudiantes al teleclub a ver los programas de Félix Rodríguez de la Fuente. Cuando se cerró la escuela se instaló la barra en la planta baja de forma definitiva, de modo que la planta alta ya sólo se abre para las fiestas y la televisión hace muchos años que se quitó, aunque todos los sigan llamando el teleclub.

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Villanueva y Secos son dos ejemplos de la importancia de los teleclubs en los pueblos. Sobrevivientes envejecidos de una esencia provinciana, que se muere tan deprisa que los hace más jovenes a cada año.