«Hubo rumores de que GAdafi estaba escondido en Gadamés»
Desierto libio en enero del 2009. A finales de agosto del año pasado, la prensa especuló con la posibilidad de que los tuareg tuvieran refugiado al dictador en Gadamés.
A Gadafi lo capturaron el 20 de octubre del 2011 a las afueras de la ciudad de Sirte, su localidad natal en la costa del Mediterráneo, pero durante unas semanas a finales del verano, mucha gente creyó que podía ocultarse en Gadamés, el osais situado en el triángulo estratégico que une Libia con Argelia y Túnez donde Mireya González estuvo trabajando antes de salir del país. «Hubo un momento de rumores sobre que Gadafi estaba en Gadamés», contaba la arqueóloga el pasado viernes desde Leicester, justo el día del primer aniversario de la revuelta en Libia.
El rumor no parecía infundado. Después de la caída de Trípoli el 28 de agosto, y en vista de que el rastro del dictador parecía haberse evaporado en el desierto, los periódicos internacionales comenzaron a especular con la posibilidad de que la tribu de los tuaregs estuviera protegiendo a Gadafi en los alrededores de la Ciudad de los Tejados. Al final, lo único que se desvaneció fue el propio rumor y al sátrapa lo encontraron en una alcantarilla del extrarradio de Sirte, de donde estaba tratando de huir tras la caída de la ciudad.
En Gadamés también hubo combates. Una semana después de la salida del equipo de arqueólogos de la Universidad de Leicester, las protestas subieron de tono y Mireya sabe que hubo ataques a los comercios locales. Al principio, los compañeros libios del equipo internacional que se habían quedado en la ciudad bajo control gadafista sólo se atrevían a comunicarse con Inglaterra a través de mensajes lacónicos. «No nos pasaban información que pudiera perjudicarles. Mi contacto con ellos era semanal, pero como lo hacíamos en inglés, teníamos cuidado con lo que decíamos, así que sus respuestas eran ‘todos estamos bien’», cuenta Mireya un año después. En el norte, sin embargo, en territorio rebelde, los amigos libios del equipo hablaban con más libertad. A través de personas como el artista Saed —muy activo usando las redes sociales, donde publicaba fotografías de los murales que iba pintando en la ciudad de Cirene reclamando la democracia para Libia— Mireya sabía que en Gadamés «tenían agua y alimentos».
Pero lo peor fueron los últimos coletazos del régimen. Cuando Gadamés ya estaba bajo control rebelde, a finales de septiembre, un centenar de gadafistas trató de apoderarse de la ciudad. Los echaron.