CIENCIA
Gas pizarra, la nueva energía
Gas de pizarra o ‘shale gas’. Según un reciente informe del Parlamento Europeo, esta nueva y debatida fuente combustible de energía «se encuentra atrapada en el interior de una roca sedimentaria porosa, llamada esquisto, y pertenece a la categoría de los gases naturales no convencionales».
Para extraerlo, se perfora la tierra y abren brechas en las formaciones rocosas que lo almacenan, para después inyectar a alta presión agua con arena y otros químicos como ácidos, cloros y sales. Después de la extracción del gas, la presión acumulada se libera y se devuelve el líquido a la superficie. Este proceso se conoce como fractura hidráulica o ‘fracking’.
Las comisiones de Energía y Medio Ambiente de la Comunidad Europea han reconocido el derecho de sus Estados miembros a decidir si explotan el gas de esquisto, pero advierten que «en la perforación se necesita precaución y reglas estrictas para evitar dañar el medio ambiente». Algunos países de la UE como Austria, Alemania, Holanda, Suecia y Reino Unido, permiten prospecciones y se preparan para comenzar a extraer si se demuestra posible. En Polonia ya se está extrayendo, y estados como Francia, Bulgaria y República Checa han suspendido los planes al respecto.
La comisión de Industria y de Medio Ambiente del Parlamento Europeo ha aportado estudios según los cuales, el desarrollo de la extracción de gas de esquisto en Europa contribuiría a reducir la dependencia energética exterior y podría suponer una bajada global de precios y abrir oportunidades laborales.
La ‘cruz de la moneda’ —según el Parlamento Europeo— es la gran cantidad de agua necesaria para proceder a su extracción, la contaminación de las aguas subterráneas que podría provocar, sus posibles efectos sísmicos y el riesgo de fugas. Según un estudio del ingeniero Hugh Rudnick, las existencias de ‘shale gas’ en el mundo totalizan 6,622 trillones de pies cúbicos, y entre las naciones con mayores reservas técnicamente recuperables figuran países como EE.UU, Francia, China, Libia y Brasil.
España prevé autorizar las extracciones de gas no convencional cumpliendo las cautelas medioambientales y la normativa europea y entiende que, los «riesgos específicos» que implica esta técnica industrial, pueden gestionarse adecuadamente y minimizarse con la última tecnología en la materia.