Muros
Una carrera sin obstáculos sería tan inconcebible como un invierno sin frío, ¿no cree? El problema es que muchos de esos obstáculos los llevamos puestos. Esos, los interiores, son los más difíciles de combatir. Y no me refiero a que procrastine o a que se ponga excusas que no se cree ni usted, eso son sólo los síntomas. Lo que le impide avanzar está debajo de todo eso.
La falta de confianza. «Sólo puede salirte bien lo que hagas confiando en ti», me dijo una vez alguien. ¡Qué razón tenía! Por ello, si quiere ser un buen líder, no se permita dudar n?unca de su capacidad para alcanzar sus objetivos.
Los miedos: el miedo al error, al cambio, a no ser lo suficientemente bueno, a que le digan que no, a fracasar, a perder lo que tiene, a lo que opinen los demás, a que le critiquen… La lista de miedos puede ser interminable. La de antídotos no lo es tanto. De hecho, y hasta que inventen la vacuna del miedo, sepa que sólo hay una manera de quitárselo de encima: hacer como si no existiera.
La falta de flexibilidad. Es decir, seguir haciendo lo mismo aunque no le esté funcionando, simplemente porque piensa que esa es la manera de hacerlo. Y sí, está genial que crea en su idea, pero no a costa de todo. Aprenda a analizar los resultados que está obteniendo y a cambiar lo que haya que cambiar sin quitar la vista de su objetivo.
Sus creencias limitantes: lo que usted cree que es así y ni se plantea que pueda ser diferente. Como que dejar algo a medias es fracasar, que vender es sinónimo de engañar o que para alcanzar el éxito hay que tener algo especial.
Su manera de ver las cosas: el optimista, como cree que va a conseguir lo que quiere, se implica y se esfuerza mucho más. En cambio, el que no espera conseguir nada, tampoco invierte casi nada. Y así es como lo que ve -o cree ver- condiciona su comportamiento y también sus resultados
Así que, si ha identificado alguno de estos muros como suyo, pregúntese qué es lo que ese obstáculo está impidiendo que consiga y qué opciones tienes para superarlo.