La Catedral de hierro cruza el rubicón del tiempo
El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León cumple su mayoría de edad con más de 650.000 visitantes, 150 exposiciones temporales, más de 2.000 actividades culturales y nuevos proyectos para ampliar sus espacios
El 14 de mayo de 1846 se colocaba la primera piedra de la Ferrería de San Blas, en Sabero. Aquel acto marcaba el comienzo de un proyecto siderúrgico que llevaría la revolución industrial al norte de España. En torno a aquella iniciativa se reunieron los impulsores de la industria, las autoridades y buena parte de la población local, que asistía con expectación al nacimiento de una actividad que acabaría formando parte de la historia del valle.
Ciento sesenta y dos años después, el 2 de julio de 2008, la Ferrería de San Blas volvía a convertirse en escenario de un acontecimiento de especial relevancia para Sabero. Ese día se inauguraba el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, una institución que nacía con la intención de recuperar un espacio singular del patrimonio industrial y convertirlo en un centro dedicado a la historia de la siderurgia y de la minería de la comunidad.
La inauguración contó con la presencia de numerosas autoridades, encabezadas por Juan Vicente Herrera, entonces presidente de la Junta de Castilla y León, e Isabel Carrasco, consejera de Economía e impulsora del centro junto a Francisco García, alcalde de Sabero durante los años de construcción. También participaron numerosos vecinos del Valle de Sabero y de la comarca, ilusionados ante la puesta en marcha de un proyecto que debía desempeñar un papel importante en el futuro del territorio.
Entre la colocación de aquella primera piedra de la Ferrería y la apertura del museo transcurrió una parte fundamental de la historia del valle. Sabero conoció primero el nacimiento de la siderurgia y su final apenas dos décadas después. Posteriormente llegó el desarrollo de la minería del carbón, que proporcionó casi un siglo de prosperidad, hasta que en 1991 se produjo el cierre de Hulleras de Sabero.
Fue precisamente aquel cierre el que desencadenó la idea de instalar en Sabero un museo dedicado a la siderurgia y la minería. El objetivo era contribuir al turismo y ayudar a la comarca en el proceso de reconversión que se abría tras el final de la actividad minera. Desde el principio se preveía que aquella reconversión iba a presentar dificultades y, finalmente, así ocurrió.
Para albergar el nuevo museo se eligió la Ferrería de San Blas, una construcción de especial valor que había permanecido durante más de un siglo alejada de su función original y que había acogido diferentes usos. La recuperación del edificio permitía devolverle parte de su aspecto original y convertirlo en el espacio destinado a conservar y explicar la historia de la siderurgia y la minería.
De esta manera, la antigua ferrería volvía a adquirir una función vinculada a la historia industrial de Sabero. El espacio que había acogido la actividad siderúrgica pasaba a convertirse en museo y en lugar de conservación, divulgación y recuerdo.
Con el nacimiento del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, conocido como MSM, se ponía en marcha un centro de carácter autonómico dedicado a relatar la historia de aquella ferrería y de la minería en Castilla y León. Además, se trataba de un museo de estas características situado en un entorno rural, lo que planteó inicialmente dudas e incertidumbres sobre su gestión y su futuro.
Dieciocho años después, esas dudas han quedado atrás. El museo se encuentra consolidado, mantiene una intensa actividad y cuenta con nuevos proyectos en marcha.
Su director, Roberto Fernández, considera que este recorrido responde a varios factores. Entre ellos señala el apoyo constante de la Junta de Castilla y León, el trabajo de las personas que han formado parte de los diferentes equipos del museo, la colaboración de profesionales vinculados a la historia siderúrgica y minera, la ayuda de los medios de comunicación y las características del espacio que ocupa el centro.
Fernández también destaca la respuesta del público y el respaldo de las instituciones locales y de los vecinos del valle y de la comarca, que han apoyado el proyecto durante estos años.
El director considera asimismo que se han cumplido los objetivos que llevaron a la creación del museo. Entre ellos estaba la recuperación de la Ferrería de San Blas como bien emblemático del patrimonio industrial español y la dotación de un nuevo uso para el edificio. También la creación de un espacio dedicado a la memoria y al recuerdo de la minería, como homenaje a los territorios, las empresas y los trabajadores que hicieron posible aquella actividad.
A estos objetivos se añadían la creación de un atractivo turístico que contribuyera a la mejora económica de la comarca y la consolidación del museo como centro cultural con una programación de calidad.
Cifras de infarto
La trayectoria del museo puede medirse también a través de sus cifras. Desde su apertura, más de 650.000 visitantes han pasado por sus instalaciones, exposiciones y actividades.
Durante estos dieciocho años, el centro ha mantenido una intensa programación expositiva y cultural. El volumen de actividad, según el propio museo, se sitúa al nivel de la de grandes museos de Castilla y León, pese a contar con un presupuesto muy inferior.
En este periodo se han organizado 150 exposiciones temporales, la mayoría de ellas diseñadas y producidas por el propio museo. A ellas se suman más de 2.000 actividades culturales, en las que han participado nombres destacados del panorama musical, literario y cultural del país.
La actividad cultural constituye una parte fundamental de la labor del museo. Su programación permite profundizar en la difusión de la cultura minera y siderúrgica de Castilla y León, dar a conocer la Ferrería de San Blas y facilitar la creación de una comunidad vinculada al centro.
Roberto Fernández considera que la experiencia de estos años ha demostrado que es posible ofrecer una programación cultural de calidad en un entorno rural y con pocos recursos.
El museo tampoco ha permanecido estático desde su inauguración. Durante estos dieciocho años ha experimentado una transformación importante. Aproximadamente el 80 por ciento de su museografía ha sido renovada, se han creado nuevas secciones y se han incorporado numerosas piezas a la exposición permanente.
El objetivo de estos cambios ha sido mantener un museo en el que los visitantes puedan encontrar elementos nuevos cuando regresan. La renovación de la museografía y la incorporación de piezas han permitido modificar progresivamente los contenidos y ampliar las posibilidades de la exposición permanente.
Fondos del museo
También han crecido de manera importante los fondos del museo. A lo largo de estos dieciocho años se han incorporado más de 3.000 piezas, en su mayoría procedentes de donaciones.
Entre esas donaciones se encuentran objetos relacionados directamente con la vida de las familias mineras. El propio Roberto Fernández destaca el significado de recibir objetos como la lámpara con la que trabajó un abuelo en la mina o la cartilla del economato utilizada por una madre. Son piezas que llegan al museo procedentes de las propias familias y que pasan a formar parte de sus fondos.
Uno de los hitos de estos dieciocho años ha sido la creación del Archivo Histórico Minero de Castilla y León, vinculado al museo. Este archivo custodia cientos de miles de documentos, planos y fotografías pertenecientes a las empresas mineras de la comunidad y es objeto de numerosas consultas.
Junto al archivo se encuentra la sección Memoria Oral de la Minería, que reúne 500 testimonios de mineros en formato vídeo. En este caso, la historia minera queda recogida a través de las voces de quienes fueron protagonistas de la actividad.
El museo ha desarrollado además otros fondos y proyectos relacionados con la documentación y difusión de la cultura minera. Entre ellos se encuentra una biblioteca minera con miles de volúmenes y la Colección de Pintura Minera de Castilla y León, integrada por 50 obras.
A lo largo de estos años, el centro también ha publicado una docena de libros, ha emitido 500 programas de radio y ha realizado una docena de documentales, además de otras iniciativas vinculadas a su actividad cultural y de divulgación.
La actividad desarrollada durante estos dieciocho años no supone, sin embargo, el final del crecimiento del museo. El MSM afronta ahora nuevos proyectos que permitirán aumentar de manera considerable su capacidad.
El museo tiene previsto desarrollar durante los próximos meses un proceso de crecimiento que permitirá duplicar con creces sus espacios y posibilidades de visita.
Una de las principales actuaciones será la puesta en valor del patio de los hornos altos. El objetivo es integrar en el recorrido del museo este espacio en el que se fundía el mineral de hierro.
El proyecto cuenta con un presupuesto de dos millones de euros y contempla la finalización de la excavación arqueológica del lugar, la consolidación de los restos encontrados y su posterior musealización para que puedan ser comprendidos y disfrutados por los visitantes.
La intervención permitirá incorporar al recorrido del museo un espacio directamente relacionado con la actividad desarrollada en la Ferrería de San Blas y con el proceso de fundición del mineral de hierro.
La mina sucesiva
A esta actuación se suma la rehabilitación integral de las instalaciones de la Mina Sucesiva, situadas junto al museo. El proyecto cuenta con un presupuesto de 2,5 millones de euros y contempla transformar estas instalaciones en un almacén visitable.
El nuevo espacio permitirá mostrar algunas de las piezas más significativas que actualmente permanecen en los almacenes del museo y que, por falta de espacio expositivo, no forman parte de la visita habitual.
La actuación incluye además la recuperación de diferentes espacios de las instalaciones de la Mina Sucesiva. Entre ellos figuran la lampistería, la sala de máquinas, el vestuario, la cuadra de mulas y una pequeña galería. También se contempla la recuperación del entorno ajardinado.
Las dos actuaciones están siendo desarrolladas por la Junta de Castilla y León mediante fondos europeos y recursos propios. Su puesta en marcha permitirá ampliar las instalaciones del museo y abrir nuevos espacios vinculados a la historia siderúrgica y minera de Sabero.
El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León llega así a sus dieciocho años de existencia con una trayectoria marcada por el crecimiento de sus colecciones, la renovación de sus espacios, una programación cultural continuada y la creación de nuevos instrumentos para conservar y divulgar la historia minera y siderúrgica de la comunidad.
El proyecto iniciado en 2008 continúa creciendo. Y lo hace sobre el mismo espacio en el que, en 1846, comenzó la historia siderúrgica de Sabero.