Hyundai Tucson, todoterreno asequible

Precio atractivo y polivalencia de uso. Los mimbres con los que Hyundai ha construido su nuevo todoterreno, cuyas mejores bazas se encuentran en un completo equipamiento y en unas buenas condiciones dinámicas. Su tarifa comienza en 19.500 euros

Publicado por
JAVIER FERNÁNDEZ | texto
León

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Sin «veleidades» técnicas, aunque con equipamiento que para sí quisieran muchos de sus enemigos naturales, el Tucson hace gala de una estética sensiblemente más atractiva, y actual, que la del Santa Fe, lo que ya es toda una garantía de éxito comercial para un modelo que, además, se ofrece con una tarifa francamente contenida. Esa, como tantas veces en los catálogos del fabricante coreano, puede ser ­-de hecho lo será- una de las más contundentes cartas de presentación para el Tucson. Sin tratarse de un todo terreno en su acepción más dura... y pura , al Tucson cabría encuadrarlo en esa categoría tan en boga últimamente cual es la de los llamados todo camino , donde, ya se sabe, prima la polivalencia de uso carretera/campo (más de lo primero) y el abultado equipamiento. El aspecto estético también se ha cuidado hasta el punto de ofrecer una imagen que se inscribe, sin estridencias, dentro del más puro estilo musculado de este tipo de vehículos: voluminosos paragolpes, marcados pasos de rueda, protecciones en los bajos de caja y a todo lo largo de la carrocería... todo pintado en color distinto al de la chapa y que confieren al conjunto un evidente sello off road . Eso sí, atención porque el grado de protección «real» de estos elementos no es tan elevado como pudiera parecer y conviene ser prudentes a la hora de abandonar el asfalto. Para nadie es un secreto que este tipo de realizaciones todo camino cumplen perfectamente con su cometido de circular sin mayores complicaciones por pistas de tierra (preferiblemente bien conservadas) y son ya menos «amigos» -los todo camino - de los descarnados «caminos de cabras» que, a primera vista, pudieran parecernos de lo más atractivos para una excursión dominguera. En general, y por abundar en el aspecto estético, los 18 centímetros menos de longitud del Tucson en relación a su hermano Santa Fe, amén de los recortados contornos de sus voladizos delantero y trasero, le confieren a nuestro protagonista una imagen mucho menos «pesada» y sensiblemente más atractiva. Sensación que se acentúa nada más que se accede al interior de un habitáculo donde el primer golpe de vista -el que más cuenta casi siempre- resulta de lo más agradable... tapicería de cuero y un volante recubierto de idéntico material y con un aro lo suficientemente grueso -sin exageración- como para manejarlo con autoridad. Solamente los tonos -quizá- excesivamente claros de los recubrimientos pueden poner en apuros la integridad de los materiales sin el usuario gusta demasiado de la conducción fuera de carretera. Un cajón articulado entre los dos asientos delanteros, a modo de guantera (dos compartimentos) y ocasional reposabrazos dada su posibilidad de regulación en altura, permite alojar objetos del más variado tamaño y, a la vez, se complementa con una bandeja longitudinal reposavasos hasta la base de la palanca de cambios. El salpicadero también muestra rasgos atractivos, aunque sin demasiadas concesiones estéticas mientras, eso también, el fabricante sigue firmemente empeñado en conservar la «dichosa» carátula extraíble en la radio... una solución tan obsoleta como antiestética que, ¡lástima!, acabará por convertirse -si es que no lo ha hecho ya- en todo un sello distintivo -¿por qué?- de Hyundai; bueno... Aunque el volante solamente se regula en altura, la postura de conducción que ofrece el Tucson es buena (el asiento es regulable en altura, lástima que la banqueta resulte un tanto corta) con un conjunto de pedales correctamente situado y con un reposapié izquierdo que propicia una evidente confortabilidad. La palanca del cambio «cae» a mano; otra cosa es su tacto, con recorridos largos y unos engranados no tan perfectos como sería deseable. Y una curiosidad: los respaldos de los asientos delanteros se reclinan totalmente, de forma que puede formarse una auténtica cama como los asientos traseros, plegables estos últimos, con lo que ello trae de ampliación de la zona de carga (el maleteo tiene una capacidad normal de 325 litros). En el capítulo de la polivalencia de uso, apuntar que nuestro protagonista hace gala de unas buenas sensaciones dinámicas sobre carreteras de todo tipo, sin tener que actuar constantemente sobre el cambio y con la posibilidad de mantener buenos cruceros con unos consumos ajustados. Los frenos (con ABS, el ESP ni siquiera se ofrece en opción) son uno de los mejores apartados del vehículos -buen tacto y resistencia a la fatiga-, junto con unas suspensiones que cumplen dignamente su cometido, tanto en asfalto como en tierra, siempre teniendo en cuenta que sus cortos recorridos, para lo que puede ser habitual en un todoterreno, limitan los pasos por zonas especialmente delicadas y propician algún que otro «levantamiento de pata»; aunque, ya se ha dicho, el Tucson es más un «todo camino» que un drástico 4x4. En este sentido, en el de la tracción, el Tucson monta un sistema 4x4 inteligente -control electrónico- en el que prima por completo la tracción delantera (ahí está la clave del recortado consumo) y que, cuando detecta pérdidas de adherencia, se convierte en un «50/50» repartiendo el par sobre ambos ejes. Para situaciones difíciles, fuera del asfalto, se cuenta también con la ayuda de un diferencial central que se conecta apretando una sencilla tecla situada en el salpicadero y que se desconecta automáticamente cuando el vehículo supera los 35 por hora de velocidad. Por cierto, rueda de repuesto normal y montada en llanta de aluminio... ¡enhorabuena!. En suma, que el Tucson pone de manifiesto su carácter de familiar polivalente, «vestido» de todoterreno, con una línea moderna y agradable y, lo mejor, con una tarifa que tampoco asusta. La relación precio/calidad es su mayor baza.

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