El arte de fotografiar a los muertos
La trascendencia más allá de la muerte fue buscada por los limeños del siglo XIX a través de daguerrotipos y fotografías que preservaron los últimos instantes de los difuntos antes de ser enterrados, según demuestra una exposición itinerante qu
WALTER HUPIÚ
La exposición Fotografía post mortem en Perú ha sacado a la luz una gran cantidad de retratos de difuntos que estuvieron guardados durante más de un siglo en los archivos de la Biblioteca Nacional peruana. Esos retratos describen los ritos mortuorios de los antiguos limeños, quienes veían en las imágenes de sus muertos, en los velorios y en los suntuosos panteones una prolongación del recuerdo de sus seres queridos para la posteridad. Según explicó el investigador y comisario de la muestra, Jason Mori, la exposición busca «rescatar una tradición social en el país que tuvo su clímax a mediados del 1800 y que se remonta al retrato de Santa Rosa de Lima de 1617 que realizó el pintor Angelino Medoro». Mori ha determinado que en 1844 se inició en Lima «la costumbre de realizar imágenes posteriores a la muerte con los daguerrotipos del francés Daviette, quien se publicitaba en los diarios limeños como un 'artista fotogénico recién llegado de París' que se encargaba de retratar los difuntos de diversas formas, entre otras, con cuadros al óleo». Se hizo común, en ese entonces, la publicación de avisos de fotografías mortuorias como el que salió en el diario El Comercio el 27 de marzo de 1846: «Las familias que tengan la desgracia de perder algún deudo de quien deseen poseer un momento de esta naturaleza pueden lograrlo por medio del daguerrotipo, para cuyo efecto el profesor Furnier ofrece ejecutar el retrato en el mismo aposento mortuorio; como es costumbre en Europa actualmente». En la exposición se pueden apreciar las fotografías del ex presidente peruano Miguel de San Román, que fue retratado en 1863 a las pocas horas de muerto por el fotógrafo francés Eugene Maunoury, imagen que se hizo famosa entre los capitalinos junto a la del famoso empresario inglés de trenes Henry Meiggs, retratado en el lecho mortuorio por el francés Eugene Courret en 1877. Las imágenes que más abundan en la muestra son, sin embargo, las de bebés, que en el siglo XVIII tenían un alto grado de mortalidad debido a las condiciones insalubres de Lima que favorecían el desarrollo de la tisis, el cólera y la fiebre amarilla, según señaló el cronista e historiador Manuel Atanasio Fuentes en La estadística general de Lima , de 1857. Los bebés muertos se volvieron la especialidad de fotógrafos extranjeros que recalaron en Lima, como el ecuatoriano Rafael Castillo, los franceses Adolphe Dubreuil y Maunoury y el estadounidense Estanislao Harvey, entre otros. Los bebés fallecidos aparecen en los retratos maquillados como muñecos, rodeados de flores y con los ojos bien abiertos, porque, según las creencias de la época, al morir sin ser bautizados debían «ver» la gloria de Dios y las madres no tenían que llorar porque «mojarían sus alas de angelitos que volaban hacia el cielo». Los limeños del siglo XIX hicieron suya la frase en latín Memento Mori , que significa «recuérdame al morir», porque cultivaron múltiples imágenes de luto, celebraron pomposas honras fúnebres y construyeron el cementerio Divino Maestro, que acogió mausoleos y tumbas de mármol que son consideradas obras de arte. En la exposición se muestra un «porcelanotipo», un raro ejemplar del fotógrafo estadounidense Richardson Villoy, que era una fotografía del difunto recubierta de cerámica y que se repartía a los que asistían al velatorio como un recuerdo familiar. Mori dijo que los limeños de entonces no tenían problemas en posar junto a un familiar muerto como si se tomaran una fotografía durante un viaje de placer y turismo, e incluso era común que sugirieran el uso de una escenografía especial. El artista que más destaca «por su crudeza» en la muestra es el ecuatoriano Rafael Castillo, quien tiene imágenes de padres con sus bebés fallecidos que podrían ser confundidas con las fotografías de la realeza europea cuando presentaban a sus niños recién nacidos.