Medio centenar de españoles han llegado a la cima «¡Mi vida cuando estoy en León es estresante!» La vida durante una expedición en el Himalaya

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León

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|||| Desde 1921, cientos de personas de todos los lugares del mundo han intentado coronar la cumbre de la montaña más alta de la tierra. Los primeros datos que se manejaron sobre el Everest datan del siglo XVIII en los que aparecía en los mapas como Lanckma -Diosa Madre de la Tierra- pero se desconocía su altura. Tras nueve años de investigaciones y cálculos, la altura del pico se hizo oficial en 8.840 metros, tan sólo ocho metros menos que la información actual. Los primeros en llegar a la cumbre fueron Edmun Hillary y su expedición el 29 de mayo de 1953. Una lucha constante contra todas las adversidades que se presentan en la montaña sumando las dificultades de la falta de oxígeno, el hielo y la falta de experiencia y conocimiento en la materia. Desde este primer hallazgo, muchos han sido los que lo han intentado aunque no todos han encontrado la fuerzas para pisar la cumbre. Más de 53 españoles han coronado la cumbre más alta del planeta. El primero fue Martín Zabaleta el 14 de mayo de 1980. Tardaron en igualar la hazaña cinco años y fueron los catalanes Oscar Cadiach, Antoni Sors y Carles Valles que llegaron a lo más alto el 28 de agosto de 1985. Los castellanos y leoneses también lo han conseguido Este es el caso de Alfonso Juez, en mayo de 1992, Emilio Lagunilla, Pedro Rodríguez, Martín Ramos y Carlos Soria en mayo de 2001. Ellos fueron los últimos en hollar el techo del mundo. El leonés Jesús Calleja partirá a finales de marzo de 2005 para cumplir un sueño y añadir un nombre más a la extensa lista de escaladores españoles que han coronado la cumbre más alta. |||| «¡Mi vida cuando estoy en León es muy estresante!». Así define Jesús Calleja un día en su ciudad, en la cual confiesa sentirse agusto y tener todo lo que quiere. Cuando el día comienza, Jesús Calleja no se permite ni un descanso, sobre todo cuando está preparando algún viaje. Su negocio, un taller de venta de vehículos que lleva su apellido, es su principal atadura mientras está en la ciudad. Lo comparte con su hermano, sin el que no podría hacerlo ya que cuando está realizando cualquiera de sus viajes es Enrique el que se hace cargo. «Quique lleva el peso del negocio», asegura. Además del negocio, los papeleos del banco, los seguros, el coche y demás actividades, Jesús Calleja imparte conferencias y charlas sobre sus viajes, el conocimiento que tiene de las culturas que conoce y sobre las actividades que realiza. Todas estas iniciativas suelen cerrarse con mucho éxito. Y, como no. Un deportista de las características de Calleja debe mantenerse en forma y, para lograrlo es necesaria una buena alimentación. Asegura que no tiene reparos a la hora de mantener una dieta sana y equilibrada y en ella incluye los productos leoneses. Además, el ejercicio es imprescindible, por lo que Calleja, tiene que acudir al gimnasio y salir a correr cada mañana. Una de sus pasiones, además de la escalada son las motos a las que también les dedica gran parte del tiempo. Pero, sin duda, lo que más horas le roba cuando se acerca el invierno y con él sus viajes es planificar sus aventuras y su trabajo como guía en el Himalaya. Tiene que dejarlo todo preparado: los clientes, los destinos, el equipaje, los papeles, todo lo necesario para su viaje. De este modo, se podría describir un día entre semana en la vida del leonés Jesús Calleja. Cuando llega el fin de semana, el alpinista no deja sus cuerdas y arneses aparcados, es más, aprovecha el tiempo libre para hacer escapadas y recorrer las montañas de la península ibérica aunque demuestra especial privilección por las de la Cordillera Cantábrica. «Hago escalada en las montañas de Picos de Europa y con ello disfruto tanto del paisaje como de la gente, comparto muy buenos momentos con mis amigos, para eso no tengo que irme fuera, y a la vez me sirve como entrenamiento y me ayuda en la aclimatación», afirma Calleja. «Hacemos roca, escalada deportiva, hielo y de este modo, practico más o menos todas las técnicas de escalada; así me mantengo», continúa explicando. Una vida estresante, corriendo para arriba y para abajo sin parar, trabajando para cumplir con una vida normal en León y luchando por un sueño que vive en su cabeza mientras está en casa y se hace realidad en la montaña, sin olvidar que antes de llegar hay mucho camino por andar, quizás sea más mientras está en casa que el recorrido que le lleva a la cumbre. Un día de la vida de una persona normal que ha renunciado a lo que en occidente conocemos como una vida normal -matrimonio e hijos- por hacer realidad sus sueños y de su vida una aventura. |||| «Lo más importante es que no sé dónde vivo, qué día es ni qué hora es», describe sorprendido Calleja. El escalador destaca que la situación de desorientación en cuanto al tiempo es muy grande debido a los cambios que sufre el cuerpo y el trastorno que supone marchar de un sitio al otro. Jesús reconoce que, en ocasiones, no sabe ni el día ni la hora y debe preguntar a sus compañeros para orientarse porque puede pasarse cinco o seis días sin preguntar. Por otro lado, es en las expediciones cuando se entrega al cien por cien físicamente. Desde que sale de León hasta que llega a la falda de la montaña pueden pasar entre siete y quince días. Debe volar, en primer lugar hasta el país, trasladarse hasta el lugar accesible más cercano a la montaña y después trasladarse caminando hasta llegar a su destino, para emprender posteriormente el ascenso hacia la cima. La mayor satisfacción que vive un escalador se produce cuando llega a la cumbre y, según afirma Calleja, no exagera cuando dice que llora al culminar una ascensión. «En el caso del Cho Oyu, el año pasado con mi amigo y compañero, Manuel Caballero, al llegar a la cima nos abrazamos y lloramos por ver realizado el sueño». «Cuando te marcas un proyecto y luchas por él, cuando lo ves cumplido te acompaña un magnífico sentimiento de recompensa. Además, yo soy muy sensible en este aspecto», explica. Las cosas no son fáciles hasta llegar arriba y asegura que no es el paisaje -como dicen muchos- lo que te recompensa o lo que te llena. «El paisaje es espectacular pero en ocasiones ha coincidido que hay una tormenta y no te deja ver nada. Lo verdaderamente importante es que luchas durante meses: cuando comienzas a pensar en el proyecto, mientras subes el pico, cuando sufres con las tormentas, el hielo y la nieve y finalmente cuando ves todo recompensado al llegar a la cumbre». Jesús Calleja se muestra emocionado y resume sus andaduras de la siguiente manera: «Lo importante es que además de ser la cima de la montaña es la cumbre de un sueño, una satisfacción personal enorme», dice Por otro lado, la alimentación en una expedición es básica, nada de productos de León y nada de una dieta completa. Sólo cuentan con productos básicos para mantenerse y poder soportar el esfuerzo físico que conlleva. La comida que pueden trasportar debe ser lo menos pesada posible. Leche, pan y calorías son los productos básicos para evitar problemas en el ascenso, Luchar contra el frío y contra la montaña precisa de un buen mantenimiento calórico en la alimentación. Pero al igual que se sube hay que bajar. Por ello, hay que mantenerse fuertes hasta el último momento, «un viaje nunca se termina hasta que se llega de nuevo a casa». La experiencia de un escalador se resume en estas líneas, aunque cada uno vive a su manera y cada experiencia es distinta, esta es una jornada para Calleja en una de sus aventuras. Las cosas cambian cuando va como guía en una expedición, aunque el fundamento es el mismo, una lucha constante por llegar a la cima.

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