EL PERSONAJE DE LA SEMANA
De «atleta de Dios» a un auténtico teólogo del sufrimiento
|||| Las diferentes enfermedades que aquejan desde hace varios años al Papa Juan Pablo II han transformado al llamado «atleta de Dios» en un auténtico teólogo del sufrimiento. El Papa celebró el 16 de octubre 26 años de su elección como jefe de la Iglesia católica. Para toda una generación de católicos es el único jefe de la Iglesia católica que han conocido, y para una gran parte del mundo representa un punto de referencia ante un mundo globalizado. Del sacerdote fuerte, vigoroso y apasionado de los deportes que mandó construir una piscina en la residencia veraniega de Castelgandolfo después de su elección -desencadenando todo tipo de polémicas y críticas- queda sobre todo el temperamento recio y la personalidad de hierro en un cuerpo frágil. El Papa no se ha dejado vencer a pesar de la lenta decadencia física, que comenzó cuando sufrió el atentado en mayo de 1981, al que le siguieron toda una serie de quebrantos físicos, entre ellos la extirpación de un tumor benigno del colon en 1992, la posterior luxación al hombro y, sobre todo, la fractura del fémur derecho en 1994. Apelando a su recia voluntad de querer mantenerse activo a pesar de los dolores y los impedimentos físicos, el Sumo Pontífice espera cumplir próximamente sus citas ordinarias, como la bendición del domingo y recibir a la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice. «La enfermedad lo ha transformado en un tronco rígido, cada vez más rígido. Pero del dolor nace su homilía más convincente», afirmó esta semana el escritor y vaticanista Vittorio Messsori, amigo personal del pontífice. «Viejo y anciano, Karol Wojtyla es testimonio del dolor de su jefe, Cristo. El Papa en la cruz es como el mismo Jesús», sostiene Messori. Mientras todos pronostican la mejoría del Papa y el Vaticano se esfuerza en transmitir mensajes tranquilizadoras, hay quienes consideran que se ha cerrado definitivamente una fase de su pontificado, uno de los más largos de la historia del cristianismo. «La firmeza del Pontífice frente a sus padecimientos, antes de debilitar al Vaticano inspiran a la Iglesia y a sus fieles», suele decir el portavoz del Papa. Ese optimismo no convence completamente a muchos observadores, que detectan una pérdida de poder real de Juan Pablo II y la presencia mayor en organismos claves de la curia romana de hombres de movimientos conservadores, como el Opus Dei. 1397124194