Estado, región, comunidad

¿Cómo y por qué se llegó a la configuración autonómica actual? ¿Quiénes fueron los protagonistas de esa historia? Y sobre todo, ¿por qué el debate aún no se ha cerrado? Esta serie divulgativa que ahora comienza dará respuesta a todo ello

JESÚS

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DAVID MARTÍNEZ | texto
León

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El año 2005 va a ser fundamental en la Historia de España en cuanto a la organización del Estado. No en vano el Gobierno se ha fijado como objetivo la reforma de la Constitución y ha apoyado las negociaciones para modificar los Estatutos de Autonomía. Por lo tanto, si el encaje de diversas comunidades en el Estado español es complejo, no menos lo es en el caso de León. Cuando se pretende dar un paso adelante en el estado autonómico, la problemática leonesa sorprende a propios y extraños, puesto que llama la atención la existencia de un movimiento ciudadano que cuestiona el lugar de León dentro de su comunidad, e incluso que pretende salir de dicho ente. Frente a ello, se afirma que este cuestionamiento se debe únicamente a los intereses de ciertos grupos políticos, pero lo cierto es que la problemática construcción del Estado autonómico es histórica, ya que procede de los primeros tiempos de la Transición. El dar a conocer estos hechos a las nuevas generaciones para que se formen una opinión clara es el propósito de la serie de artículos divulgativos que ahora comenzamos y que aparecerán cada domingo en la Revista . Vocablos como Estado, nación, país, región o autonomía suscitan numerosos equívocos, por lo que es preciso reflexionar sobre ellos. Durante la dictadura de Franco, España era un Estado, país y nación, mientras que la autonomía era un término prohibido, ya que remitía a la Segunda República, y las regiones eran entidades geográficas sin poder real, ni siquiera administrativo, debido al férreo centralismo defendido por el franquismo. «Café para todos» En la Transición se produjo la construcción del estado autonómico con la idea del gobierno de la Unión de Centro Democrático (UCD) de frenar las tendencias autonomistas y nacionalistas de las nacionalidades históricas: para ello se extendería el estado de las autonomías a todo el país, es lo que se ha conocido comúnmente como el «café para todos». Así, el Estado pasaría a ser el conjunto de instituciones que permanecería articulando España, mientras que país sería más bien un término geográfico. El término nación se convirtió en un auténtico caballo de batalla, pues los grupos nacionalistas pretendían que sus territorios fueran reconocidos de esta manera en la Constitución, pero los partidos de ámbito español temían que, si cada nación debía tener su propio Estado, ello supusiese la total disgregación de España. Este dilema lo solucionó la Constitución de 1978 mediante su artículo 2º, en el que se «reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones» de España. Así, región pasó a ser sinónimo de aquellas comunidades autónomas sin carácter de nacionalidad histórica. En ese momento adquiere auténtica vigencia el problema de lo que es una región, por lo que es necesario clarificar algunos conceptos: se han usado criterios geográficos para justificar la existencia de Castilla y León, pues se aduce que la configura la cuenca del Duero, aunque a esto se ha replicado que no todas las comarcas leonesas vierten sus aguas a este río. Entre los económicos, se consideraba que toda región debía tener suficientes recursos para poder afrontar la autonomía, de lo que se deduce que León no los tenía; lo sorprendente es que sí los tendrían entonces La Rioja y Cantabria, con menos habitantes que aquella.

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