EL PERSONAJE DE LA SEMANA
La revolución regia; Mónaco podría tener un príncipe negro
|||| De solterón a pater familias, de supuesto gay a presunto supermacho. La leyenda que se cierne sobre Alberto de Mónaco no conoce el término medio. Desde que su padre falleció y él tuvo que hacerse cargo del trono, el príncipe monegasco no gana para sorpresas. Esta primavera, en concreto, le brotan hijos naturales cual si fueran champiñones en el siempre resbaladizo, sombrío y enmarañado bosque del cotilleo. Si ayer se le reprochaba el no tener un descendiente al que convertir en heredero, hoy cuenta con dos candidatos: una niña de trece años y un bebé de veinte meses y sangre africana que, a través de sus astutas mamás, reivindican desde las portadas de las revistas sensacionalistas europeas un lugar de honor en la línea sucesoria monegasca. «¿Por qué este tipo de asuntos salen a la luz precisamente ahora?», se pregunta con sarcasmo Thierry Lacoste, abogado de la familia Grimaldi. Lacoste anuncia que la estrategia judicial se precisará en los próximos días. Y, teniendo en cuenta su apellido, no se descarta una dentellada legal de cocodrilo que acabe de raíz con el problema. De no ser así, Alberto II se expone a terminar reescribiendo una nueva versión del famoso drama de Arthur Miller Todos eran mis hijos . Y es que debería ser al revés, pero lo cierto es que, desde que Alberto se convirtió en soberano, es como si para algunos se hubiera abierto la veda. Si Sabater se refirió a un apartamento de soltero en Montecarlo «donde organiza sus juergas», las madres de esos niños aspirantes a grimaldis lo retratan como un ligón profesional de esos que te piden una cita como quien te pregunta la hora. «Lo conocí en 1997, en un vuelo París-Niza, y enseguida me pidió el teléfono, luego tuvimos una relación de seis años», ha relatado Nicole Coste, azafata natural de Togo, madre del pequeño Alexandre, de veinte meses, y mujer que asegura disponer de pruebas de paternidad, papeles en los que el príncipe reconoce al niño y documentos que confirman pagos periódicos. De ser cierta la historia, Mónaco podría contar algún día con un soberano mulato, lo cual no haría sino enriquecer con sangre africana las múltiples ascendencias -irlandesa, francesa, norteamericana, italiana, alemana...- que ya atesoran los Grimaldi.