El Fogón de Aldonza, un romántico a la orilla del Eria
Este restaurante, en La Bañeza, es una combinación de las mejores cocinas de España
CUEVAS
Castrocalbón es un pueblo leonés situado en el valle de La Valdería, a pocos minutos de La Bañeza y casi en las puertas de la Cabrera. Allí se encuentra uno de los restaurantes más bonitos y singulares de la provincia. Se llama El Fogón de Aldonza y esconde, tras unos impresionantes muros de piedra, un romántico comedor en el que la modernidad se une a una decoración neobarroca llena de encanto¿ y romanticismo. Ana María Alonso y José Luís Ayuso son sus creadores, un matrimonio que quiso perder de vista la gran metrópoli, para esconderse en los silencios de un pequeño pueblo. «Nosotros -comentan- venimos de Madrid, donde teníamos unos trabajos muy estresantes y que nada tenían que ver con la hostelería, yo soy de la rama económica y mi mujer de la rama médica. Lo que hemos buscado es olvidar el estrés, salir de Madrid y buscar un pueblo chiquitín, chiquitín. Por ejemplo, La Bañeza, de donde mi mujer es natural, nos resultaba una población demasiado grande, ya tiene bancos, semáforos¿ Por eso buscamos un pueblo como Castrocalbón, un poco fuera de todas las grandes rutas y que para nosotros tiene un toque familiar, porque fue donde vivió la abuela de mi mujer». El Fogón de Aldonza nace con la vocación de convertirse en una prolongación de la propia casa de este singular matrimonio. «Sí, deriva de la afición que siempre hemos tenido de hacer celebraciones gastronómicas con amigos en casa. Nos dimos cuenta de que a mi mujer no se le daba mal la cocina y empezamos un poco en plan de broma, y al final lo que decidimos fue ampliar el comedor de casa y trasladarlo a Castrocalbón. Naturalmente saliéndonos del estándar de hostelería completamente. Aquí ni la vajilla, ni la cristalería, ni la cubertería son el estándar de hostelería, son vajillas de casa, la cubertería es una Cruz de Malta¿» Un trato diferente El escenario es distinto y lo mismo sucede con el trato. «Aquí -explican- no hay uniformes, queremos dar un trato más familiar, más de amigos, y en la clientela que estamos logrando si que se nota, porque realmente son gente muy repetitiva con la que poco ha poco vamos cogiendo amistad. Esa es nuestra manera de entender la hostelería. Hemos abierto hace año y medio, naturalmente la zona representa un potencial de clientes mucho más reducido que si hubiéramos estado en Madrid o en otra ciudad grande, pero ese es también un encanto añadido, el que los clientes puedan venir ex profeso aquí. No pretendemos la rotación de mesas, ni mucho menos. Nosotros cuando vienen los puentes festivos u otras fechas señaladas y tenemos ocupadas por reservas siete u ocho de las doce de que disponemos, ya no recogemos más reservas. No intentamos llenar todas las mesas, preferimos que no haya barullo, que la gente pueda comer con tranquilidad y hacer largas sobremesas, cosas que de hecho están sucediendo, la gente se va a las seis de la tarde o a las cuatro de la mañana. Pretendemos que los clientes estén tan cómodos como en su propia casa, esa es nuestra filosofía». 1397124194