Aviación deportiva: El auténtico placer de volar por volar León acogerá el día uno el III Raid Noroeste Ibérico
Sujeta a las mismas normativas aeronáuticas y de seguridad que la aviación comercial, su vertiente deportiva y de recreo se escapa a las «ataduras» burocráticas de las compañías
RAMIRO
ARMANDO STO. TOMAS | texto Mucho antes de que los hermanos Wilbur y Orville Wright realizaran su primer vuelo pilotando una máquina más pesada que el aire propulsada a motor, corría por aquel entonces el año 1903 y más concretamente un 17 de diciembre, cerca de Kitty Hawk, en el Estado de Carolina del Norte, en el que se lograría cubrir una distancia de 260 metros en 59 segundos, ya existían antecedentes de numerosos intentos por conquistar un medio que le fue vetado al ser humano desde el inicio de los tiempos y que en su ansia de conquista, no dudaría en intentar alcanzarlo imitando incluso el movimiento de las aves. En el siglo V de nuestra era ya se había diseñado el primer aparato capaz de volar, denominado «papelote», más cercano al concepto que hoy en día tenemos de una cometa. Durante el siglo XIII se llegaría a conclusiones en las que se le atribuiría al aire el mismo principio que se le daba al agua, al pensar que si esta última podía sostener un barco, el aire podría, a su vez, mantener igualmente «suspendido» un aparato o ingenio sin que se precipitara a tierra. Debería llegar el siglo XVI para que Leonardo da Vinci diera un giro en el nacimiento de la aviación que hoy conocemos, aplicando teorías científicas que dieron como resultado ingeniosos mecanismos entre los que podríamos destacar un «ornitóptero», ingenio que imitaba el movimiento de las aves mecánicamente y para el que Leonardo da Vinci confiaba en la fuerza muscular humana, teoría que a todas luces «caería» por su propio peso a través de experiencias posteriores. Durante los cien años de aviación existentes, mucho ha cambiado este apasionante y cercano mundo para algunos y lejano y desconocido para otros muchos, aún cuando actualmente, la aviación pertenece a nuestro entorno más cotidiano, llegando incluso a hacerse imprescindible en numerosas ocasiones para poder desarrollar de forma satisfactoria nuestro quehacer diario. El empeño del mundo por progresar tecnológicamente ha costado el esfuerzo de muchas personas, entre ellas ingenieros, intrépidos pilotos que no dudaron en «canjear» sus propias vidas por avanzar y empujar a un mundo aeronáutico que muchas veces tuvo que pagar caro sus adelantos poniéndolos a disposición de cruentas guerras para que llegáramos a ver, más tarde, cómo la aviación «despegaba», alcanzando cotas tan altas que nos permitirían ser testigos de una era aeronáutica concebida para el uso y disfrute meramente civil y poder contemplar el nacimiento de colosos del aire comercial como el Boeing 747 (conocidísimo Jumbo) que sorprendería al mundo un 9 de febrero de 1969, sobrevolando por primera vez los cielos de Everett (Washington) EE.UU. Pero mucho más cercano, y posiblemente más desconocido, tenemos los leoneses nuestro propio mundo aeronáutico, cerca, muy cercano a nosotros. Corría la primavera de 1951, cuando en el pabellón de oficiales de la Base Aérea de León, alguien lanzaría la idea de crear un Aero Club similar a los ya existentes en algunas provincias españolas. En menos de un mes, las previsiones para crear esta sociedad aeronáutica, con unos esperados cien socios, quedaría desbordada al conseguir nada menos que setecientos. Nacería así, comenzando su andadura aeronáutica, el Real Aero Club de León, creando su primera Junta Directiva presidida por don Francisco de Cadenas y Vicent, pasando por distintas etapas y juntas directivas hasta llegar a la actual, presidida por don Andrés Mateos de Paz, en la que la sociedad posee 3.732 socios titulares y un total de 7.339 contando los asociados no titulares actualmente. En 1954 saldría de la Escuela aeronáutica de esta sociedad leonesa, el primer piloto civil. Más adelante, en 1958, el RACE organizaría un festival aéreo en homenaje a S.A. el infante don Alfonso de Orleans, con motivo de hacerle entrega del diploma «Paul Tissandier», concedido por la Federación Aeronáutica Internacional y en el que el Real Aero Club de León participó con tres aviones. A partir de este momento, la actividad aeronáutica de esta sociedad leonesa no ha dejado de crecer y crecer dando como resultado una lista interminable de pilotos privados de avión a través de la enseñanza en sus primeros Buker E 3 B-170 y I-11B-EC-Buz, hasta llegar a los actuales Cessna 152 II, Piper PA-28-140 y PA28RT 201 que la sociedad dispone para la enseñanza, uso y disfrute de la totalidad de sus socios, siendo la aeronáutica otra más de las tantas y diversas actividades deportivas que el Aero Club baraja en unas magníficas instalaciones y en las que en numerosas ocasiones ha sabido hacerse destacar notablemente. También brinda la posibilidad, para todos aquellos interesados, que sin ser socios titulares del Real Aero Club, quieran conocer y acercarse a un mundo tan apasionante como es la aviación, en este caso en su vertiente más deportiva, para que inicien, comiencen o emprendan su andadura profesional como pilotos. Hay que destacar que de la escuela de pilotos civiles que esta sociedad mantiene, la totalidad de sus instructores, así como un gran número de alumnos, han «saltado» al mundo profesional como pilotos de prestigiosas aerolíneas españolas. Nos hemos podido acercar a comprobar el desarrollo de estas prácticas aéreas que el Real Aero Club realiza desde su punto de operaciones en la Base Aérea de La Virgen del Camino, lugar en el que «duermen» los cuatro aviones de los que dispone la sociedad y que gracias al apoyo, colaboración y extraordinaria relación existente entre la sociedad y las autoridades militares conviven en un entorno verdaderamente aeronáutico y descubrir un ambiente de camaradería aeronáutica entre pilotos, alumnos, instructor y técnico de mantenimiento de aeronaves (TMA). Nuestra visita estuvo comprendida en dos etapas. La primera de ellas, fue la experiencia en vuelo, de la mano de Enrique, socio del Real Aero Club y piloto experimentado, ofreciéndonos la posibilidad de iniciar un viaje a través de parte del noroeste español así como una pequeña incursión en nuestro país vecino, Portugal. El vuelo Un sábado, soleado en León y con cierta inestabilidad en el norte peninsular, nos convenció para iniciar un viaje más al Oeste, exactamente hacia la ciudad de Vigo. Una vez fuimos recogidos por nuestro piloto, Enrique, en el Aeropuerto de León y creado el plan de vuelo correspondiente, tras las comprobaciones de peso individual y equipos fotográficos, nos dispusimos a adentrarnos en el mundo aeronáutico a «lomos» de una Piper Cherokee (PA28-140) que nos haría remontar el vuelo exactamente a las 10:40 h., a.m. (08:40 h., a.m. zulú, que es la hora real al margen de ajustes horarios propios de los países y con la que se «trabaja» en el mundo aeronáutico). La torre de control del aeropuerto nos autorizó para dirigirnos a la cabecera de pista 05, en servicio en ese momento (en León la pista de despegue/aterrizaje posee dos cabeceras en ambos extremos que están orientadas según rumbos magnéticos. Es decir, situados en la 05, justo delante de nosotros nos encontramos el rumbo 050º hacia el Noreste) bajamos flaps 10º que nos ayudarán a irnos antes al aire y despegamos para en unos minutos virar a rumbo 267º W (Oeste) que nos llevará práctica y directamente al aeropuerto de Vigo. Nos encontramos a una distancia de unas 136 millas náuticas y tenemos por delante una hora y cuarto aproximadamente de vuelo. A medida que ascendemos vamos desconectando física y mentalmente de la tierra para observar desde otra óptica completamente distinta, parte de esta «piel de toro», piel quemada y humeante que no deja de sangrar rojas llamas y que son tantos los focos observados, que el equipo de comunicaciones de nuestro avión no deja de «delatar» a través de las voces de los pilotos «apagafuegos» la incansable lucha por «curar» esas heridas que se extienden como un cáncer por nuestra tierra, tierra que sufre por la mano de chalados desaprensivos que no entienden el significado de la palabra «vida». Desgraciadamente, esta triste historia nos acompañará durante todo el viaje hasta nuestro país vecino. Paisajes como Las Médulas harán que giremos la cabeza para quedar «alucinados» de las maravillas próximas que poseemos; ciudades como Ponferrada y Ourense, que dejamos a nuestra derecha nos darán una visión amplia de su expansión y crecimiento, para llegar en breve al punto de notificación para vuelos VFR (condiciones de vuelo visual) ECHO (concretamente sobre la vertical de Ponteareas), al Este del aeropuerto. Una vez más, el Control de Tráfico Aéreo de Santiago de Compostela nos informa de las operaciones contraincendios que se están llevando a cabo en la proximidad. Tras asignarnos el segundo turno, a la espera del despegue de un Air Nostrum, nos autorizan a «tomar» por la cabecera 02, cosa que hacemos rápidamente para recompensarnos, una vez nos guíe al estacionamiento correspondiente el típico automóvil amarillo de los aeropuertos «FollowMe» («Sígame»), con un estupendo desayuno en un aeropuerto repleto de turistas esperando el momento de embarcar en tres Iberias estacionados, seguramente, para diferentes destinos. Nuestro siguiente desplazamiento lo hacemos, tras informar a la torre de control de Vigo, sobre parte de las Rías Baixas, algo difícil de describir si no se ha visto antes desde el aire. Islas como Las Cíes (que no se pueden sobrevolar) o la isla de Sálvora, la playa de La Lanzada, La Toja, O Grove, son escenarios que tenemos a un simple golpe de vista. Los 23 ºC en la zona, ayudan a que el decorado de veleros aumente más aún, si cabe, la espectacularidad de una Galicia que se está recuperando, a Dios gracias, de las secuelas del «chapapote». Solicitamos pasar por la vertical del aeropuerto a 4.500 pies y ascendemos a nivel 8,5 (8.500 pies) hacia la ciudad portuguesa de Bragança, no sin tener que recurrir a la ayuda del VOR de Vigo y el apoyo del GPS debido a la gran calima generada por un terrible incendio en nuestro país vecino. Bragança, ciudad en sus orígenes militar, dio cabida a una ciudad romana que con las invasiones bárbaras y guerras entre moros y cristianos acabaría por desaparecer. Hoy todavía constituye un viaje en el tiempo hacer un recorrido por Rua Dieita (actualmente Rua dos Combatentes da Grande Guerra) y la Rua de Trás para contemplar los edificios medievales, largos y con herrajes en las puertas, o conocer su castillo, sobre un otero, en la villa de Benquerenças y seguir contemplando el «Domus Municipalis», preciosa arquitectura portuguesa del siglo XIII. En esta peculiar ciudad seríamos recibidos por Luis de Carvalho, presidente del Aeroclube de Bragança, quien nos acercaría hasta el centro de la población para comer en uno de los restaurantes más entrañables, Solar Bragançano, regentado por Desiderio, que cuida con extremo mimo el ambiente en su local, aderezando los platos con un fondo musical clásico y que no duda en buscar cualquier excusa para realizar una escapada a nuestro país. Tras una sobremesa de intercambio de impresiones con Desiderio, nos diriginos nuevamente al aeropuerto para contemplar una vez más el ir y venir de los aviones «apagafuegos» que a pequeños intervalos de tiempo volvían una y otra vez a repostar, en escasos cinco minutos, sin llegar a detener los poderosísmos motores de 1.200 caballos de potencia que estos aviones «monomotores» poseen. De esta ciudad portuguesa a nuestra capital no tenemos más allá de 63 millas y unos 45 minutos de vuelo, aunque no nos ayudó mucho el viento de cara que soportamos durante todo el recorrido. Este último trayecto fue realmente cómodo a media tarde donde se contemplaban Los Lagos de Sanabria, parte de La Cabrera a nuestra izquierda, sobrevolamos la vertical de La Bañeza, visionando Benavente y Astorga al mismo tiempo y directamente, apoyados por el VOR del aeropuerto de León, y establecidos en el radial 232 con rumbo 052º aproximadamente, nos condujo nuevamente hasta la cabecera 05 del aeropuerto de nuestra capital, en el que una vez autorizados a realizar una aproximación directa al campo, a medida que nos íbamos acercando, se iba dejando ver la ampliación, sobre todo en su anchura, de la pista de aterrizaje. Nuestro vuelo terminó con unas «cañas» en el aeropuerto y comentando la llegada del III Raid Aéreo Noroeste Ibérico que, patrocinado por el Real Aero Club de León y el Aeroclube de Bragança se iniciará el día 1 de septiembre, recorriendo parte de Portugal: Bragança, Viseu, Coimbra, Covilhä y Mogadouro hasta el día 4 de septiembre. Escuela de pilotos De las muchas actividades deportivas que el Real Aero Club desarrolla en sus instalaciones, la aeronáutica hace buen honor a su nombre. En ella, aparte de la disponibilidad para todos los socios en cuanto al disfrute de las aeronaves, también se desarrolla una actividad de enseñanza. Hemos conversado con las personas que diariamente se encuentran atendiendo las instalaciones, José Manuel del Pie, Técnico en Mantenimiento de Aeronaves (TMA) y Rodrigo González de Miguel (instructor de vuelo). Rodrigo es piloto comercial e instructor del Aero Club desde hace dos años aproximadamente. A sus 24 años posee en su haber cerca de 1.000 horas de vuelo y aprobados los cursos teóricos para el acceso a líneas aéreas. -Rodrigo, ¿qué requisitos son necesarios para acceder al título PPL (Piloto Privado de Avión)? -Se puede obtener la licencia de piloto a partir de los 16 años con autorización paterna o con 18 años tras superar un exámen médico de Clase 2. -¿De qué consta el curso y qué duración tiene aproximadamente? -El curso consta de 45 horas reales de vuelo de las cuales 30 son de doble mando, es decir acompañado por un instructor, 10 de vuelo en solitario por parte del alumno y 5 más a elección del mismo, doble mando o en solitario. Y la duración, depende un poco de la disponibilidad del alumno, pero aproximadamente un año. -¿Cuáles son los temores iniciales por parte de los alumnos? -Creo que lo que un alumno acusa en un principio son temores a las sensaciones corporales en un espacio que no está concebido para el ser humano por naturaleza, superado esto, son las «tomas» o aterrizajes y maniobras como «la pérdida» requeridas y necesarias para obtener el título, las más acusadas. -Un alumno a piloto ¿qué es lo primero que ha de lograr por sí sólo? -A volar recto y nivelado. Es la base de un buen futuro piloto. -Operar en el entorno de un aeropuerto comercial como el de León, beneficia o no a un alumno que está aprendiendo a pilotar un avión? -Aprender a volar en un entorno en el que coexisten más aviones comerciales o militares afianza y da seguridad al futuro piloto. -¿En qué momento el aspirante a piloto debe comenzar a volar por sí sólo? -La «suelta» del alumno depende de cómo vea el instructor su progreso durante el curso, aunque hay un punto en el que el propio alumno «siente esas ganas» de querer hacerlo solo, síntoma de su avance en conocimientos y seguridad en sí mismo. -Por último, Rodrigo, ¿cuál sería el siguiente paso para acceder al mundo profesional una vez superado en León el título de Piloto Privado de Avión? -El paso siguiente sería obtener el título y licencia de piloto comercial, para lo que deberíamos realizar unas 180 ó 200 horas de vuelo y obtener la calificación de vuelo instrumental, la cual, muchos pilotos privados aún no teniendo en sus objetivos dedicarse profesionalmente al mundo de la aviación, la obtienen para ampliar más aún sus conocimientos y no depender tanto de la meteorología en un momento determinado. José Manuel del Pie es el técnico de mantenimiento de aeronaves en el que recae la tremenda responsabilidad del cuidado de las mismas. Vinculado desde hace 30 años con el Real Aero Club de León, son los últimos 15 en los que se ha dedicado en cuerpo y alma al mantenimiento de estos aviones no dejando escapar, ni antes de salir ni después de cada llegada, un repaso de la aeronave para su tranquilidad. Tanto es así, que durante este reportaje hemos tenido la ocasión de hablar con uno de los pilotos más veteranos en cuanto a horas de vuelo se refiere y que vuela en este Aero Club de León, Javier Aguado, con cerca de 2.000 horas de vuelo en su haber, que no duda en desplazarse desde Toledo para volar en León, aún teniendo mucho más cerca Madrid, por encontrar los aviones de esta sociedad con un extremo cuidado y mimo por parte de José Manuel. Técnico de mantenimiento de aeronaves (TMA) desde 1966, no sólamente prueba los motores en tierra, sino que en su condición de piloto, con más de 300 horas de vuelo, revisa y prueba los aviones en pleno vuelo. -José Manuel, ¿con qué aviones cuentan los socios del Real Aero Club de León? -Actualmente contamos con dos aviones Cessna 152 II de dos plazas cada uno, un Piper Cherokee PA28-140 y un Piper Arrow IV PA28RT 201 con tren retractil, de tres y cuatro plazas respectivamente. -¿Cómo se realiza el mantenimiento de los aviones? -Se revisan, al margen de que cada vez que salen y entran de volar se supervisan, cada 50 horas, llegando a una revisión más exhaustiva a las 100 horas, a las 500, 1.000, 1.500 y 2.000, momento éste en el que se cambia literalmente el motor del avión. Cada una de estas revisiones, siempre, va acompañada de la supervisión y visto bueno por parte de un ingeniero aeronáutico de la Dirección General de Aviación Civil. -¿Se preocupan los pilotos por la mecánica de los aviones, o delegan siempre en el TMA? -Es importante que cada piloto se preocupe por el funcionamiento del avión que va a pilotar y en este caso, sí he de decir que les gusta estar siempre al tanto del estado del avión. -¿Qué tipo de combustible necesitan estos aviones? -AVGAS 100 LL, aunque están haciéndose notar cada vez más en el mercado los aviones con motores diesel o incluso JET-A1, más conocido como queroseno. Dejamos a José Manuel «faenando» en el motor de uno de los aviones PA28RT 201, matriculado como EC-DTA y familiarmente conocido como la «Tango Alfa» según las dos últimas letras identificativas de su matrícula. No podíamos dejar pasar la oportunidad de hablar con un aspirante a piloto privado para que nos comentara en primera persona las sensaciones experimentadas en su primer encuentro con el mundo del pilotaje. Para esto nos ayudó Arantxa Soto Pérez, socia del Aero Club y aspirante a piloto. Hay que decir que Arantxa ya posee el título de TCP (Tripulante de Cabina de Pasajeros), aunque su pasión, sin duda alguna, es atender más a los mandos y controles de un avión que del pasaje. Con 2 horas de instrucción de vuelo en su haber, Arantxa nos comenta que no recuerda exactamente cuándo comenzó a sentirse atraída por el mundo de la aviación, «creo que siendo muy cría ya me gustaban los aviones porque siempre he tenido ese sentimiento hacia el mundo de la aeronáutica». -¿Te estás planteando intentar dedicarte en un futuro a esta profesión? -En principio lo quiero tomar como un hobbie, por el propio placer de volar, aunque nunca se puede descartar si el futuro en algún momento te brinda esa oportunidad. -¿Cuál es la sensación en la primera hora de vuelo como alumno? -De cierta desorientación. Puedes estar encima del aeropuerto y no verlo. También la sensación del cuerpo en un medio que no es el tuyo, aunque esto yo lo llevo bien y por supuesto la hora de tener que «tomar» tierra, que genera cierta impresión. -¿Te imaginas dentro de algunas horas volando en solitario, controlando tú totalmente toda la técnica del vuelo? -¡Uff!, (mira a Rodrigo, su instructor) creo que para eso ha de pasar algún tiempo aún. Dejamos a Arantxa y a Rodrigo haciendo una «pre-vuelo» como comúnmente se conoce a la inspección por parte del piloto antes de irse al aire y nos vamos convencidos de que en León existe un ambiente aeronáutico excelente, que estos aviones, cada vez que despegan, rumbo a otros aeropuertos, son un estandarte para esta sociedad que lleva a su más alta cota su propio nombre, Real Aero Club de León, y que de una forma u otra contribuye positivamente a dar a conocer nuestra ciudad allí donde van y participan estos aviones, ayudando también, junto con la aviación comercial local, a crear un ambiente más moderno y vanguardista, en una ciudad como León, que poco a poco, paso a paso se está dando a conocer en el mundo de la aviación nacional. Gracias a la totalidad de sus socios, encabezados por su actual presidente, Andrés Mateos de Paz, el Real Aero Club de León podrá seguir contribuyendo durante mucho tiempo, a la formación de pilotos privados, en cursos que oscilan entre los 3.000 y 6.000 euros, dependiendo de la condición de si se es socio o no y que a buen seguro, serán futuros profesionales de la aviación, que cómo alguien dijo en alguna ocasión, serán pilotos que se encargarán de llevar a gente de un lado a otro, ¡pero de este mundo! El próximo día 1 de septiembre dará comienzo en León el III Raid Noroeste Ibérico, patrocinado por el Real Aero Club de León y el Aeroclube de la ciudad portuguesa de Bragança, con la colaboración de los Aeroclubes portugueses de Coimbra y Viseu. El día 1, una vez hayan llegado todos los aviones al aeropuerto de nuestra capital, se realizará una visita turística por la ciudad para acabar comiendo en las instalaciones del Aero Club. Al pie de las 18:00 h. se procederá a la salida hacia Bragança, culminando con una cena con la asistencia del presidente de la Cámara Municipal de esa ciudad. El día 2, el raid se dirigirá hacia Covilha donde se almorzará con autoridades locales. A media tarde los aviones se dirigirán a la ciudad portuguesa de Coimbra en la que serán recibidos por la Cámara Municipal y se les brindará con una visita turística a la ciudad. El día 3 el destino será Viseu, con comida en el aerodromo, amenizada con bailes regionales y una exihbición aérea acrobática. Ya, el domingo, día 4 se saldrá nuevamente hacia Bragança, donde se realizará una visita turística y se dará por finalizado el raid.