TESTIMONIO DE ÁNGELA FRANCO
«La situación de las esculturas de la Catedral es calamitosa» La intervención salvadora de los ochenta
Entre los años 1981 y 1982 se realizó una restauración en el grupo escultórico de la fachada occidental de la Catedral
|||| La Catedral de León es una estructura viva en difícil equilibrio. Tiene la fragilidad propia de una monumental caja creada a partir de la piedra y el vidrio. El primer templo leonés, debido sobre todo a lo arriesgado de su arquitectura, ha sufrido un sin fin de avatares a lo largo del tiempo, hasta estar a punto de desaparecer a finales del siglo XIX, entonces su salvación exigió la colaboración de toda Europa en un proyecto de restauración que para muchos fue de auténtica reconstrucción. Mas allá de sus conocidas y admiradas vidrieras, uno de los elementos que distingue al primer templo leonés es su fabuloso conjunto de escultura gótica, la mayor parte de ella situada en el exterior del edificio y en trance de desaparición. Ángela Franco Mata, autora del libro Escultura Gótica en León y Provincia, reflejo de la tesis doctoral que realizó a principios de la década de los setenta de la pasada centuria, es una auténtica referencia en el tema y una enamorada de la catedral. «Estuve varios años visitando a diario la Catedral, especialmente para estudiar sus piedras, sus esculturas y cada vez que voy a León la visito con emoción y compruebo que su imparable deterioro continúa», explicó Ángela Franco. Treinta años en el filo de la navaja La investigadora recuerda que hace treinta años ya advertía del estado calamitoso de unas esculturas que son únicas en la historia del arte occidental. «En 1975, cuando terminé mi tesis doctoral, ya llamé la atención a propósito del deterioro progresivo, sobre todo de los estribos correspondientes al pórtico occidental. Naturalmente el problema es mucho más patente en las obras que están en la parte externa, dos de los evangelistas, dos de los profetas y otros dos profetas de la portada de San Juan, junto con la imagen que representa a la Sinagoga, eran entonces esculturas que habían sufrido muy profundamente el paso del tiempo», añadió Franco. De algunas de estas esculturas ya solamente queda el recuerdo y el proceso se agudiza. «La situación es cada vez más dura, porque ha seguido pasando el tiempo y, salvo que la plaza se ha hecho peatonal, todo ha seguido sumido en el abandono. La situación de las esculturas es verdaderamente calamitosa», comentó. Hoy unas vallas protectoras alejan a la gente de las esculturas, o quizá las protegen de los desprendimientos pétreos que pueden suceder, pero santos, vírgenes, apóstoles, demonios, reyes y plebeyos de piedra siguen manteniéndose indefensos ante los elementos. «Solamente se protegió una de las esculturas de este conjunto único, la Virgen Blanca, que ahora se conserva en una de las capillas radiales del templo, figurando en la portada la copia que realizó el escultor Seoane. Curiosamente era una de las que menos sufría, porque no recibía directamente el impacto de la lluvia». Pero quizá era la imagen que con más asiduidad aparecía en los libros de arte, y esto también cuenta. «Yo propuse en aquel momento que deberían guardarse también las otras esculturas, sustituyéndolas por buenas copias. No era una misión fácil, pero si era algo muy factible. Los desperfectos que han sufrido en este tiempo ya son ahora irremediables. Tanto las esculturas de la fachada occidental, como las de la orientada al sur están sufriendo una tremenda erosión que acabará por destruirlas en no demasiado tiempo. Aunque no sucede lo mismo con las que se conservan en la fachada norte que están protegidas por la estructura del claustro», aseguró. Ineficacia de la restauración A mediados de los años 80 del pasado siglo, se realizó una restauración de estas imágenes que no ha servido de nada. La piedra se crasuela, se abren grietas, las piedras de Boñar no tiene vocación de ser eternas y se desmoronan, se mueren. Ángela Franco se desespera ante la sensación de impotencia que provoca tanta dejadez: «Si esto no se soluciona pasará como con las pinturas de Nicolás Francés en el claustro, que ya sólo se han podido recuperar parcialmente, lo que buenamente se pudo, pero que se han vuelto a dejar a merced de los elementos. Yo en su momento propuse que se colocaran sobre ellas unos cristales, que tampoco puede decirse que sea una cosa antiestética, pero nadie ha hecho caso y posiblemente acaben por perderse definitivamente. También en el claustro hay una importante serie de monumentos funerarios que se están deteriorando. Es muy triste que no sepamos conservar lo mejor de nuestro patrimonio». Conjunto ejemplar en Europa El conjunto escultórico de la Catedral es uno de los más importantes de Europa y así lo reconocen los más destacados expertos internacionales. «Las obras pertenecen a tres talleres de la escultura gótica europea importantísimos. Uno es el denominado Maestro del Juicio Final, otro el denominado de la Virgen Blanca y el tercero es el llamado Maestro de las Jambas. Estas esculturas son fundamentales para comprender el arte gótico, son una especie de síntesis ideal de una serie de catedrales francesas y españolas, ya que toman elementos de Reims, Amiens, Chartres. También tienen referencias de Nòtre Dame y algunas connotaciones iconográficas con otras catedrales del sur de Francia, como la de Bayona. Es una maravillosa colección de esculturas y bajorrelieves», matizó Franco. De entre todo este conjunto destaca por derecho propio el Juicio Final. «Es uno de los programas iconográficos más importantes de la Catedral, su autor tuvo unas referencias parciales del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela, como la disposición del Cristo con los brazos alzados mostrando las heridas de la Pasión. Luego hay otra serie de elementos que están en relación con la portada de la Coronería de la Catedral de Burgos. En mi opinión su realización se debe, al menos el friso de los Condenados y el de los Salvados, a un escultor francés de enorme calidad. Se trata de un conjunto verdaderamente armonioso que tiene una gran dosis de imaginación. Es una joya dentro de la escultura gótica europea, no solamente española, yo he visto mucha escultura por Europa y hay pocos conjuntos que puedan comparársele», concretó. Un día hay que lamentarse del estado de las vidrieras, al siguiente de los arbotantes, ahora estamos hablando del deterioro imparable de las imágenes góticas que adornan el exterior de la catedral. «Hay que tener en cuenta que es un edificio que se hizo con muchísimo atrevimiento constructivo y que por tener tantos vanos cubiertos de vidrieras es una auténtica maravilla. Su fragilidad ya supuso un primer desmoronamiento en el siglo XV y ha provocado a lo largo del tiempo varias reconstrucciones, algunas bastante desafortunadas. Pero es un edificio emblemático, un monumento con muchísima personalidad en el que se resume lo mejor de otras muchas catedrales. Es una joya que hay que conservar en conjunto y en todos y cada uno de sus detalles», finalizó la escritora. Entre los años 1981 y 1982 se realizó una intervención en el grupo escultórico de la fachada occidental de la Catedral, en ella se trataron las 23 estatuas exentas, que se apearon de sus emplazamientos y se trasladaron a un taller provisional situado en la cercana casa propiedad del Cabildo, y también el resto de los elementos que fueron tratados in situ. En ambos casos el tratamiento no cambió en esencia. Las figuras presentaban la aparición de finas escamas y costras en su superficie que estaban claramente arenizadas, con faltas de unión en la piedra hasta el nivel de deshacerse en granos. Los análisis realizados pusieron de manifiesto una superabundancia de elementos salinos solubles al agua y partículas de sulfato de magnesio, sulfato de calcio, nitratos y otros cloruros alcalinos, que fueron los elementos del ataque directo a la piedra, contribuyendo también a su deterioro, aunque en menos proporción, la lluvia y el viento. Al deteriorarse la policromía de las estatuas esta perdió su función protectora, penetrando en la piedra gases contaminantes del SO2, dando origen al peligrosísimo sulfato de magnesio, el cual ejerce su acción destructora al alcanzar valores altos. Rutina de intervención Se fijó la superficie pulverizada con un producto que mantiene en lo posible las características de porosidad de la piedra. Posteriormente, se procedió al secado de la piedra, sacando el agua de adentro hacia fuera, y arrastrando en lo posible las sales a la superficie. Finalmente se procedió a aplicar un producto de protección a base de barniz y se consolidaron las esculturas al vacío con resina y disolvente. El equipo de restauración dejó claro, y eso es lo más importante en este momento, que «los productos empleados no son la panacea, debemos entender que el equilibrio que desde la Edad Media había permitido la conservación de estas obras ha quedado descompensado por tres razones fundamentales: el debilitamiento de la policromía, la falta de mantenimiento y la introducción en el sistema de un nuevo factor, el gas sulfuroso de la contaminación ambiental, especialmente peligroso en su conjunción con los compuestos magnesianos de esta roca. Todo esto implica que una vez ejecutado el tratamiento se hacen necesarias revisiones periódicas para no llegar a estado que el pórtico sufría, y así poder evitar perdidas irreparables». Pues bien, han pasado más de veinte años y este conjunto escultórico gótico, uno de los más importantes de Europa, que es lo mismo que decir del mundo, está a punto de convertirse en arena definitivamente.