«Es un mito que todos los andaluces seamos buenos bailarines»

Antonio Banderas | El actor y director malagueño interpreta a un profesor de baile en el filme «Déjate llevar», que el viernes, se estrenó en las pantallas españolas

Publicado por
ANGÉLICA MARTÍNEZ | texto
León

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Encantador y seductor como muchos de los personajes que ha interpretado, Antonio Banderas se ha puesto en manos de la veterana directora de vídeos musicales Liz Friedlander para dar vida a un profesor de baile que ofrece clases gratuitas a los alumnos más conflictivos de las escuelas de Nueva York, en la película Déjate llevar , que ya está en las pantallas españolas. A punto de terminar el montaje de la que es su segunda película detrás de la cámara, El camino de los ingleses, el internacional malagueño sale airoso de esta nueva aventura basada en la verdadera historia de Pierre Dulaine. Orgulloso de sus raíces andaluzas y de su matrimonio con Melanie Griffith, Banderas goza de muy buena prensa en Estados Unidos porque, según él asegura, es «un tipo normal; no hay secretos». «No me meto en la vida de mis colegas, no juzgo lo que hacen ni tampoco su comportamiento», dice. -Habitualmente, lo normal es que las estrellas del cine sean distantes, a veces incluso son antipáticas, pero usted es todo lo contrario... -Se consiguen menos cosas cuando te muestras de la manera que usted describe. No quiero de ninguna manera dar a entender que yo soy más bueno o más inteligente, sólo sé que he elegido mi propio camino y que prefiero ser amable con la gente. -La critica estadounidense ha dicho que en «Déjate llevar» usted interpreta un papel hecho a su medida, y los críticos incluso añaden que usted era el único que podía hacer este trabajo. ¿Es cierto? -La verdad, confieso que me ha sorprendido la reacción del público, sobre todo la de los jóvenes. Cuando me dijeron que iba a trabajar en un filme sobre bailes de salón, pensé que no era lo mío. Luego, mi agente me presionó para que leyera el guión, aunque yo le comenté que no estaba seguro de la idea porque me parecía una historia un poco cursi, pero le hice caso y me pareció una trama inteligente porque no se circunscribe al baile, sino que gira sobre las escuelas en América y sobre todo lo que se mueve alrededor de los estudiantes. Los productores me enseñaron el documental de Pierre Dulaine -añade el malagueño-, y fue entonces cuando empecé a engancharme. La decisión definitiva la adopté al conocer a Dulaine, una persona singular, muy disciplinada y que hace cosas sin esperar nada a cambio. Su compromiso con la vida es fascinante. -Después de rodar las dos entregas de «El Zorro», usted comentó que para nada se consideraba un buen bailarín. -Esa es la magia del cine, porque en realidad no bailo tan bien como parece. Eso de que todos los andaluces somos buenos bailarines es un mito. En mi época de adolescente iba a las discotecas y bailaba muy rápido, pero me gustaban más las piezas lentas porque me ofrecían la oportunidad de acercarme más a las chicas [sonríe]. En los años ochenta estalló la batalla de los sexos, ganaron las mujeres y desde entonces sentimos y vivimos el ritmo de manera individualista. Todo gira en torno al «yo, yo, yo y mira que bien lo hago». Ya no se necesita una pareja para bailar, y lo interesante de la película es que nos recuerda lo bonito que es tener una mujer entre los brazos y la disciplina que se necesita para asumir compromisos con tu pareja. -Pero eso también es una cuestión de confianza, ¿no? -Por supuesto -contesta con rapidez-, cuando estoy bailando con otra persona no pienso en mí, sino en ella, en lo que necesita, en cómo responde a los movimientos de mis manos... Es un conjunto de pequeñas cosas lo que hace que lo que cuentas o lo que haces conecte con la gente. -El filme también aborda las relaciones entre el maestro y sus alumnos, y en cierto modo las relaciones entre los adultos y los jóvenes o los niños. ¿Es usted estricto con sus hijos? -No. Melanie es mucho más estricta que yo. Todo lo que hacemos con nuestros hijos tiene sus razones. Dos de mis tres hijos tienen padres distintos, y esto condiciona. Alexander ya tiene 20 años, es un hombre, y Dakota está en los 16, una edad en la que duda entre jugar con muñecas o salir con el hijo del vecino. Y mi pequeña Stella es de mi sangre. Trato de ser un buen padre para los tres, hablo mucho con ellos. Resumiendo, no soy estricto porque no creo en el castigo. Además, a mi me educaron en la tolerancia. -Quienes mejor le conocen afirman que usted está muy satisfecho con la película «El camino de los ingleses». ¿Es una percepción real? -Mire, el contenido de ese filme no es divertido, ni tampoco suave. Es duro, oscuro, sexual. Está ambientado en la España de los años setenta, pero no se habla de Franco, ni de política y tampoco trata de drogas. He contado la historia de un grupo de personas involucradas en algo muy específico y muy particular. No he tratado de hacer una película realista, sino algo poético. Es un filme con un muy marcado acento europeo. -¿Acaso es, de algún modo, una película con acento autobiográfico? -La película está basada en la novela homónima de Antonio Soler, que es quien también ha escrito el guión. Algunas de las personas que aparecen en el libro son mis amigos de Málaga y, por tanto, en efecto, yo he vivido la realidad que queda refleja en la novela y en la película. -Su esposa y usted están a punto de celebrar diez años de matrimonio. ¿Qué balance hace, qué siente? -Diez años parece algo increíble en el mundo que vivimos, ¿no? Tanto ella como yo habíamos tenido relaciones previas que habían fracasado pero de las que ambos aprendimos. Melanie y yo hemos tenido crisis, como todas las parejas, pero las hemos superado y nuestra relación ha salido más fortalecida. Cada cierto tiempo me vuelvo a enamorar de mi mujer. Una de las cosas más importantes en las relaciones de pareja es tener mucha paciencia, y pasar el máximo tiempo posible el uno con el otro. Mañana será maravilloso mirar atrás y comprobar que hemos compartido una historia personal con todas las cosas buenas y malas que hemos disfrutado y superado juntos. -Habla usted de la necesidad de dedicar tiempo a la vida personal y de pareja. ¿Cómo disfruta de su tiempo libre? -Le parecerá curioso, pero me encanta ver películas, aparte de estar con mi familia y mis amigos. Y en cuanto a las películas que veo, debo confesar que paso muchas horas viendo los trabajos de Orson Welles, que fue un genio. Además, Welles estaba enamorado de España y parte de sus cenizas están esparcidas en Ronda, en la costa granadina, que casualmente es la localidad donde fue bautizado mi padre.

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