Un bacalao para chuparse los dedos
La nueva dirección del Restaurante Románico sorprende también con su gelatina de gin-tónic
CUEVAS
Los amantes del bacalao están de enhorabuena. El Restaurante Románico, en pleno Barrio Romántico, en la calle del Cid, ha cambiado de dirección y entre su amplia oferta culinaria destaca el Bacalao al ajo arriero, que nada tiene que ver con el que hacemos por estas tierras, y sí con el que se practica en la cocina vasca de donde, por cierto, proceden profesionalmente Óscar Moreno y Fernando Paniagua. La cocina del renovado establecimiento tiene tanto de tradición como de renovación, aunque están muy presentes en ella los toques clasicistas de la famosa gastronomía vasca de la que, como decíamos, es de donde sus responsables han realizado un largo periplo de perfeccionamiento. Como el lugar requiere, estando como está ubicado en una zona de chateo, tiene un largo apartado de «picoteo», entre los que destacaremos los más originales. Jamón de conejo, Ventresca de bonito con anchoas, almejas plancha, espárragos de Navarra, croquetas de jamón ibérico y sus ensaladas, la Ilustrada y la Románica. Mención especial merecen sus chipirones a la plancha, sorprendentes. Naturalmente todos los platos de este apartado son estupendos entrantes. Los pescados los reciben en el Románico directamente de Vigo, por lo que su frescura y su calidad están garantizadas. Ya hablamos de la altura culinaria del bacalao al ajo arriero, pero también consiguen unos resultados excelentes con la merluza a la cazuela, el rodaballo salvaje y los chipirones en su tinta. En la sección de carnes nos encontramos con grandes contrastes. Por ejemplo su solomillo al foie, primorosamente elaborado, se contrapone al pantagruélico chuletón de ternera, que se ofrece a 22 euros el kilo y que sea lo que Dios quiera. También son estupendas sus mollejas de lechal, guisadas con mucho arte y los lomos y chuletillas de conejo, originales por la falta de atención que nuestros restauradores dedican a este sabroso animal. Las chuletillas de lechal correctas. La cocina del Románico se convierte en obrador para ofrecer una espléndida carta de postres, sorbete de limón o mandarina, crema de chocolate, tarta de tres chocolates, tartaleta de fresa, tiramisú¿ y dos incomparables especialidades de la casa, la increíble tarta de orujo, con todos los sabores de la bebida más popular de estas tierras, y una inconmensurable gelatina de gin-tónic, en la que el comensal, si cierra los ojos, puede pensar que está saboreando un largo vaso de esta popular bebida. Hay platos que pueden encargarse, ya que no figuran en el menú del establecimiento, como el cordero asado, el cochinillo, el besugo, el rodaballo y el arroz con bogavante, de sus cualidades nada podemos decirles, pero nos aseguran que los hacen con tanto cariño como sapiencia. La carta de vinos está muy bien seleccionada, teniendo una clara preponderancia los riojas, que vuelven a ser los vinos de moda, después de una larga temporada en la que fueron los riberas los que encabezaron las listas de éxitos. Los precios, como se está haciendo habitual entre quienes quieren mover su bodega, son muy ajustados. También hace gala la nueva dirección del establecimiento de una escogida carta de güisquis, lo que no deja de ser una propuesta original. A diario tiene el Románico un menú de ejecutivo, de 13 euros y los fines de semana uno especial, muy concurrido por cierto, de 15.