Grande en la escena, divina en el canto Grande en la escena, divina en el canto 1397124194
|||| En estos momentos en los que cada vez se prodiga menos, ya que sólo ofrece una decena de conciertos por año, Kiri Te Kanawa ha vuelto a España, y en concreto al Auditorio de León, quince años después de sus apoteósicas actuaciones en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y en el Liceo de Barcelona, para brindarnos la esencia de un arte del que ella es todavía la representante más excelsa, Con 62 años y una carrera que abarca más de cuarenta sobre los escenarios, Te Kanawa ama el recital por encima de todas las otras demostraciones canoras ya que en él se siente muy cómoda y culpa a la edad sus cada vez más contadas apariciones en la ópera, «porque cuando una se hace mayor -dice- es mejor dejarla para los más jóvenes. La ópera tiene una línea argumental continua, mientras que el concierto consiste en una serie de historias pequeñas», puntualizó la soprano. Su repertorio acoge todos los estilos y épocas, desde le jazz hasta el clásico pasando por el pop, Kiri siempre ha sabido captar a los públicos más dispares. «Enfoco mis recitales, como si fueran canciones populares especialmente si tienen palabras encantadoras y un aire atractivo. Eso es importante tanto si la música es de Wagner como si es de Andrew Lloyd Webber». Mozart ha sido y continúa siendo uno de sus caballos de batalla, del que pasó cantándolo un par de años consecutivos. «Mozart es como un tranquilizante para mí -confiesa- pero también es tremendamente técnico y exigente tanto en el aspecto musical como en el dramático. Es fascinante y un reconstituyente de la voz porque su música es limpia, desprovista de todo lo superfluo por lo que es imposible disimular nada y mucho menos cantarlo mal porque el resultado es devastador». Sin embargo Strauss marcará un antes y un después en su fulgurante carrera. Con Arabella y posteriormente con el Caballero de la Rosa Kiri demostró que era la soprano straussiana por antonomasia. «El secreto de cantar Strauss -puntualiza- se reduce a saber si uno puede emitir todos esos millones de notas y sentirse cómodo». Para la soprano su música es mil veces más difícil que interpretar ópera italiana, lo que explica que Strauss, a su entender, sea menos popular que, por ejemplo, Puccini. «cantar cosas italianas, explica, es más fácil porque uno se deja llevar por la línea melódica, y el trabajo se hace casi por sí mismo, aunque presenta algunas dificultades, como el final de ciertas arias, en los que los cantantes se detienen un poco esperando los aplausos del público. Strauss no permite eso; hay que seguir. No hay un momento de respiro, ni siquiera para pensar en el aplauso», confiesa la cantante neozelandesa.