La ciudad santa volvió a acoger a todos los ástures

La levítica Astorga, epicentro del país de trasmontanos y cismontanos, convocó a diversas tribus para festejar la fiesta de Imbolc, Las Candelas según el nombre cristiano. Se bailó, se comió cecina y cuajada, y hasta se invitó a algunos romanos

JOSÉ CARRO

Publicado por
E. GANCEDO | texto
León

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Así como para algunos el estudio de nuestra Historia resulta una tarea ardua y hasta agotadora, otros han buscado un método que lo convierte en una serie de iniciativas de lo más divertidas. Es el caso de la Asociación de Ástures y Romanos de Astorga, quienes más que reconstruir, reviven y festejan los momentos más alegres e intensos de aquellas tribus, antepasados de los actuales leoneses y asturianos. Y así, el pasado 12 de febrero, la asociación festejó en la gran Astúrica Augusta, al pie del dios-monte Teleno, la fiesta del Imbolc, lo que en la tradición cristiana pasaría a ser más tarde Las Candelas. Representantes de las tribus de los orniacos, lancienses, pésicos, incluso hasta varios romanos, participaron en una fiesta de confraternización y de camaradería. Un orniaco de pro, Enrique Soto, nos habla del significado de esta cita tan señalada: «Desde que los hombres y mujeres aparecieron sobre la tierra como seres humanos, se dieron cuenta de que en la vida tenía que haber algo más que comer y beber de modo ordinario. Entonces les salieron al encuentro unos momentos clave, los que marcan las encrucijadas del año y de las estaciones. Es en esos tiempos significativos en los que celebramos las fiestas, es decir, donde comemos y bebemos, pero de un modo especial». Todos los pueblos tienen fiestas en los momentos y tiempos que han percibido como especiales a lo largo del año, «aunque cada uno lo ha interpretado y explicado con los elementos de su propia cultura», dice Soto. «En la época que recreamos, siglo I de la era cristiana -continúa-, se construía la interpretación del mundo desde la tradición del pueblo ástur, que conservaba elementos de la cultura celta, y desde la cultura romana que enseguida iba a incorporar elementos cristianos». Un personaje adquiere singular relevancia en esta recreación, Avolgia. «Se trata de nuestra bruja más conocida y querida, su clarividencia es muy valorada entre todos los ástures, sobre todo entre los miembros de la tribu de los orniacos. Nosotros recurrimos a ella para solucionar problemas de salud, para saber el momento propicio para sembrar, recoger o ir de caza. Ella nos explica las leyendas, nos recuerda nuestra historia y nos estimula a trabajar por nuestro futuro. Su aportación y presencia en las ceremonias sagradas les dan una dimensión realmente trascendente». Confiesa Soto que Avolgia «me ha contado una serie de recuerdos y hechos que ha coleccionado a lo largo de su prolongada y bien aprovechada vida. Me confesó que en esta fiesta del despertar de la naturaleza siempre se acordaba de algo que vio hace muchos años cuando era muy joven y también ella empezaba a despertar a la vida. Dice que entonces vio una estrella y que creyó ver en ella el signo evidente de que allá por el oriente había nacido un nuevo sol; un sol que vencería definitivamente a las tinieblas». «Una esclava griega que vive en Astorga, Lyda se llama, y con la que Avolgia habla siempre que se encuentran, le ha contado, según me dijo ella misma, que en su país veneran a un dios desconocido que podría ser el mismo que nosotros sabemos habita en el Pico Teleno y del que tampoco decimos su nombre». «Además, un amigo nuestro legionario que participa de nuestras fiestas y se encuentra ahora entre nosotros, acaba de llegar de Roma y nos ha comentado algo que enseguida Avolgia ha relacionado con todo lo anterior: resulta que en Roma circula ya de boca en boca que en uno de los países más orientales del Imperio hubo un hombre todo bondad que predicaba el amor, llevaba la alegría a los tristes y la esperanza a los pobres, sanaba enfermos y hasta dicen que devolvía la vida a los muertos». «Denunciaba las injusticias y abusos y, como no tenía miedo a los poderosos, los poderosos terminaron teniéndole miedo a él. El caso es que las envidias de unos y el miedo de otros le llevaron a ser crucificado como un malhechor. Ahora resulta que sus seguidores dicen que ha resucitado y que todo el mundo tiene que saberlo y la noticia ya ha llegado a Roma. Bueno, y ahora ya se habla de ello también en Astorga y Avolgia empieza a pensar que todo tiene que ver con todo: el nuevo sol que anunciaba la estrella, el crucificado, el Dios desconocido de los griegos, nuestro Dios sin nombre que habita en el Pico Teleno y el secreto anhelo de todos los hombres de vivir felices». En el momento más emocionante de la fiesta, todos, ástures y romanos, pasaron por donde estaba Avolgia y encendieron su vela en la suya. Si conseguían volver a su sitio con la vela encendida, era signo de que su espíritu estaba en paz. Si se apagaba, era señal de que debían buscar ayuda en los amigos y familiares. En este ambiente festivo se compartieron los mejores manjares de la tierra. Destacaron las cecinas, el inigualable pote orniaco y la cuajada de leche de oveja con miel del bosque.

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