Peugeot 207 RC (175 CV), cautivador... Peugeot 1007 (HDI 110 CV), más rutero

Las bazas del león: 175 «domables» caballos, chasis «de carreras», sugestivo comportamiento dinámico. Peugeot lanza un órdago al segmento de polivalentes con la versión más deportiva del 207, a 22.000 euros «la pieza».

Publicado por
JAVIER FERNÁNDEZ | texto
León

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Momentos dulces. El liderazgo comercial del 207 en el siempre correoso escalón de compactos polivalentes, parece celebrarlo Peugeot con el lanzamiento de una cautivadora versión de su compacto de referencia: motor turboalimentado de 175 CV, cuidada presentación y un comportamiento dinámico que no dudamos en calificar de excepcional en su categoría... y en muchas otras que se arrogan, sin tener porqué, el sello de la deportividad. El as en la manga se apellida RC. Sin estridencias estéticas, aunque con los aditamentos justos como para diferenciarse lo suficiente de sus demás hermanos de gama: llantas de 17 pulgadas, gomas de perfil 45, un discreto deflector aerodinámico coronando la luneta trasera y doble salida trapezoidal de escape; nuestro protagonista deja las cosas -exteriormente- lo suficientemente claras, como para calificarlo de racing . Eso, por no hablar de los asientos delanteros baquet , de serie y con «hombreras», el volante de tres radios, aro grueso y generoso tacto, amén de un pedalier de aluminio antideslizante y con generoso reposapiés izquierdo. Así, la anatomía del conductor encajará perfectamente en el «ambiente» propuesto por Peugeot para su más agresivo pequeño león de última hornada. Eso sí, para los teóricos puristas, apuntar que el carrerista pierde un mínimo de eficacia aerodinámica (Cx de 0,33 frente al 0,31 del 207 básico) merced a la monta del generoso equipo de rodaje y a la no menos generosa boca de refrigeración frontal... ¿alguien lo notaría si no se lo hiciesen «notar»? Pues eso... El caso es que el 207 RC se beneficia, ahora sí que auténticamente, de los recientes «entendimientos» entre los galos de PSA y los germanos de BMW en el sentido, como ya habrán supuesto quienes hayan conseguido alcanzar éste párrafo, de la veintena larga de caballos suplementarios (de 150 a 175) que ofrece la nueva versión del tetracilíndrico multiválvulas inyección directa de gasolina 1.6 THP (Turbo High Pressure). Y que, amén de una recortada expulsión de emisiones -cuando «todos» enarbolamos la bandera ecológica-, puede presumir, no sólo de una abultada potencia «bruta», también, y fundamental en la doma de la caballería, de un sorprendente par: 24,5 metros/kilo a sólo 1.600 vueltas, instantáneamente subido a 26,5 metros/kilo gracias al concurso del «overboost» y con sólo pisotear sin piedad el pedal del gas en las tres últimas marchas (3ª, 4ª y 5ª). Por cierto, hablando de marchas, lástima la ausencia de una sexta, por mucho que el fabricante se empeñe en afirmar que al 207 RC le basta y sobra con la caja de cinco -puede ser- y que -ahí sí que sí- su escalonamiento y relaciones cambio/grupo resulten tan impecables como que el conductor, convertido ya en ocasional piloto , casi llegará a olvidarse de la palanca de cambios... tal es la elasticidad, y fulgurantes aceleraciones, del grupo motopropulsor en, sobre todo, los revirados trazados de montaña donde hubo ocasión de ensayar la perla . Un par de cuerdas en el bolsillo , en las estribaciones de los Alpes Marítimos, dos de los «más» míticos tramos del Montecarlo (suponiendo que no lo sean todos... los tramos, digo). Y eso no es todo. Por si quedaban dudas, la entrega de par máximo se mantiene estable, y poderosa, entre las 1.600 y las 4.800 vueltas... de ahí lo no verse obligado a «machacar» el cambio. Aún más, la mecánica del 207 RC nos permitirá juguetear con la zona roja del cuentavueltas sin la mínima protesta. Será entonces, al borde de las 6.000, cuando los silbidos del turbo, su homogénea patada y hasta algún que otro coscorrón contra el anatómico reposacabezas del baquet ... nos hagan revivir la magia de las carreras, a punto de traspasar la barrera de la ensoñación, con la absoluta convicción de que el 207 RC entrará por ahí ; sin aspaviento alguno, sin reparo, gracias al concurso de un impecable guiado de las 2,9 vueltas de la dirección asistida eléctricamente, al aplomo de un tren delantero que jamás resbalará... más que lo justo y, eso también, a la inestimable ayuda de una zaga que, con sólo tirarla un poquito, lo hará -resbalar- hasta el sitio justo. Y así... curvas y curvas, enlazadas y enlazadas, hasta que el también ocasional copiloto ponga «cara de póquer», ensaye codazo a las costillas -menos mal la protección lateral del baquet -, y las cosas vuelvan... al sentido de la razón pura. Enarbolando la agilidad como bandera y el aplomo como razón de ser, el 207 RC acabará convirtiéndose en un delicado juguete en manos del conductor, despojado ya de su instantánea condición de piloto y con la satisfacción del ritual cumplido. ¿Cuestión de imagen? ¿Pasión intensa? Al final... apasionada imagen. Los fabricantes que aman -y practican- la competición, de vez en cuando, nos regalan los sentidos... ¡Atrévanse!.

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