La Bélgica más rebelde quiere borrar su imagen gris Una constitución europea con versos flamencos y españoles

La región rebelde del país trata de contrarrestar la erosión que ha causado la reciente crisis política del país

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JUAN OLIVER | texto MERCEDES REPARAZ | foto
León

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Los flamencos no lo entienden. Tienen un país envidiable con una tradición histórica y artística de riqueza incalculable; son los pioneros de la construcción europea y sus pueblos y ciudades son un ejemplo de urbanismo y cuidado arquitectónico que atrae cada año a miles de turistas. Quienes las habitan disfrutan de una paz social y una calidad de vida excepcionales, gracias a una de las economías más pujantes e innovadoras del planeta, que tiene en la protección del medio ambiente una de sus líneas estratégicas. Saben idiomas, son elegantes, solidarios y cultos , y han construido un modelo ejemplar de integración de los inmigrantes. Por si fuera poco, tienen ochenta kilómetros de costa salpicados de algunos coquetos pueblos playeros. Sin embargo, los medios extranjeros solo transmiten de ellos la imagen más negativa. Cuando aparecen en las noticias, se los relaciona siempre con los crímenes racistas, el auge de la ultraderecha, la división de Bélgica o los diamantes ensangrentados de África. Y los flamencos no lo entienden. «Tenemos un país estupendo, pero la imagen que se transmite de nosotros casi siempre es la de los malos de la película», dice Lex Mooelnar, comentarista político de la Gaceta de Amberes. Junto a un grupo de editores y directores de medios en lengua flamenca, Mooelnar participó hace unos días en una cena con corresponsales extranjeros, parte de una campaña apoyada por el Gobierno regional para contrarrestar la influencia de la prensa francófona y mejorar la imagen del país, y que incluye encuentros con representantes de la cultura, la política y los negocios. Para frenar la erosión de su imagen internacional que ha provocado la crisis política de Bélgica, gobernada en funciones desde las elecciones de junio, Flandes también ha abierto ocho embajadas en todo el mundo, y el año que viene inaugurará la número nueve en Madrid. Herencia de guerras Con la mitad de superficie de Galicia pero el triple de habitantes, Flandes es heredera de una larga historia de guerras e invasiones hasta que se unió a Valonia en 1830 para formar Bélgica. Entonces era una región agrícola pobre y subdesarrollada, pero desde la Segunda Guerra Mundial experimentó una explosión económica que la ha situado en la vanguardia económica. El arqueólogo y escritor flamenco David van Reybrouck llevó hace unos meses a la práctica la idea de crear un colectivo internacional de poetas que representara y publicitara la riqueza multicultural de Bruselas. Y entre los componentes de ese equipo, inicialmente formado por nueve escritores, Van Reybrouck eligió al gallego Xavier Queipo, afincado desde hace años en la capital belga y que sumó así la lengua de Galicia a un proyecto en el que participan también poetas en neerlandés, español, árabe, rumano y francés. El grupo ha participado desde entonces en varias celebraciones artísticas, la última de ellas el pasado domingo con un recital en la Feria del Libro Amberes, en el que cada uno leyó, en su lengua y en flamenco, un texto creado en honor a la región. Ahora, su propuesta más ambiciosa es redactar una Constitución Europea en la que los escritores del continente puedan promulgar, sin el rigor de los textos legales pero con el asesoramiento de expertos y juristas, los derechos básicos para construir la sociedad europea del futuro. Curiosamente, la base de su trabajo, que durará año y medio, serán la Constitución de Sudáfrica de 1996, que entró en vigor con Nelson Mandela, y la Constitución Belga de 1830, que unió a Flandes y a Valonia para dar origen a Bélgica y que, según el propio Queipo, destila en pocos artículos los conceptos democráticos fundamentales.

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