«Vine aquí buscando una vida sin tanta necesidad creada»

Llegó hace ya diez años y decidió quedarse en un intento de darle algo de tranquilidad a su ajetreada vida en Madrid. Ahora, el leonés David Gil está seguro de que no se equivocó y dedica parte de su tiempo a atender uno de los restaurantes más

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León

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|||| Cansado de las carreras a las que te somete la vida diaria en las grandes ciudades, un día decidió cambiar de rumbo y pensó en Chile como una de las mejores alternativas gracias a un conocido que le propuso un trabajo al otro lado del Atlántico.

Ese fue el punto de partida de la nueva vida de David Gil, madrileño de nacimiento pero leonés de adopción. Aquí vivió varios años junto a su familia, que aún sigue en León. Por eso sigue muy unido a la provincia, que visita dos o tres veces al año para reecontrarse con sus padres, hermanos y amigos de la infancia.

De eso hace casi una década y su vida, asegura, «ha cambiado mucho». «Vine a Puerto Varas buscando otra forma de vida, sin tanta necesidad creada -”explica-”, más tranquila. Tardo ocho minutos en llegar de casa al trabajo y no tengo horarios estrictos». Como contrapartida, «vivo de una forma más humilde económicamente hablando», asegura.

Su primer trabajo estaba relacionado con la exportación de pescado chileno. Ahora ha conseguido una mayor independencia y, hace ya cuatro años que abrió, junto a su socio chileno, un restaurante en Puerto Varas, Govinda.

Allí ofrecen una cuidada carta con algunos toques españoles como las croquetas, y con la calidad y el buen trato como una de sus premisas principales. Aún es verano y la llegada de turistas se nota. El comedor, con espectaculares vistas al lago Llanquihue, suele estar prácticamente lleno, incluso a diario. Cuando acabe marzo llegará otra vez la calma que caracteriza al invierno. David se mete de lleno en atender a su clientela y en procurar que todo salga perfecto. Ese es su trabajo.

Una nueva vida

Entre las ventajas de este cambio de vida, «tener más tiempo para disfrutar de tu vida y descubrir muchas cosas que nunca te habías parado a mirar. Uno empieza a andar más despacio».

Ahora su día a día transcurre entre su trabajo y el tiempo libre que disfruta con dos grandes aficiones: el deporte y los bonsáis. También con su mujer -”española-” Reyes, sus amigos y sus inseparables perros, que sirven también como guardianes de su casa en una comuna en la que la pobreza y necesidad de buena parte de sus habitantes provoca no pocos robos en las viviendas.

De hecho, ha encontrado tiempo para descubrir otra afición que, además de satisfactoria, le resulta práctica en su restaurante. La producción de cerveza artesanal, que se elabora en el mismo recinto que alberga el restaurante, ha introducido una novedad la oferta de Govinda a sus clientes, algunos de los cuales también se interesan por conocer de primera mano el proceso de elaboración a partir del lúpulo.

Asegura que, al menos de momento, no tiene intención de volver a España, a donde le unen muchas cosas. «allí veo una vida que discurre en una burbuja de cristal, muy vacía y siempre anteponiendo el beneficio personal al colectivo».

Si tuviese que elegir algo de Chile, se quedarían sin dudarlo, «con el entorno y la vida en el campo». Y lo peor para él ha sido entender las costumbres de los chilenos, a quienes describe como «gente poco comprometida». Esto lo justifica argumentando que «ellos no tienen las mismas necesidades que en España».

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Los comienzos de su nueva vida no fueron fáciles, pero el paso del tiempo le ha dejado una nueva perspectiva y la certeza de que quien no arriesga no gana.