La gestión forestal sostenible puede crear millones de empleos

Según la FAO, invertir en esta actividad en las zonas boscosas, además de ser una contribución importante al esfuerzo por combatir el cambio climático, también permitiría la generación de diez millones de puestos de trabajoen todo el mundo y ay

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León

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|||| La inversión en gestión forestal sostenible podría generar diez millones de empleos en todo el mundo. Así lo ha afirmado, Jan Heino, director general adjunto de la FAO, quien añadió que esta solución podría reducir la pobreza y mejorar el medio ambiente. Como los bosques y los árboles son claves para la retención del carbono, esta inversión puede convertirse en una contribución muy importante al esfuerzo de mitigar y adaptarse al cambio climático, aseguró Heino.

Desde la FAO se recuerda que estos empleos se concentrarían en el sector agroforestal, los cultivos agrícolas, el desarrollo y gestión de senderos y lugares de esparcimiento, la gestión de espacios verdes urbanos, la restauración de bosques degradados y la reforestación. Una mejor gestión forestal y las nuevas plantaciones de árboles podrían reducir de forma significativa la tendencia a la disminución de la cubierta forestal que sufren muchos países. También ayudaría a reducir las emisiones de carbono derivadas del cambio de usos del suelo, y podría tener un efecto potencial positivo en el cambio climático más importante que cualquier otra iniciativa que estén considerando o planificando en la actualidad los líderes mundiales.

Ordenación forestal

Cualquier política forestal se realiza a largo plazo y no consiste sólo en hablar de cantidad de hectáreas arboladas, y por tanto de repoblaciones, también de calidad. Los bosques ordenados en Europa desde hace dos siglos y los montes ordenados en España desde finales del siglo XIX constituyen la demostración más palpable de la conservación de los valores naturales y paisajísticos, de productividad y de perdurabilidad. La protección de los bosques y su conservación es sinónimo de gestión sostenible, para que sea la base de la calidad del sector forestal, de la biodiversidad y del desarrollo de oportunidades, empleo y riqueza en el mundo rural.

Según se indica desde la Consejería de Medio Ambiente, las decisiones que se toman en la ordenación forestal deben basarse en una sólida base técnica y contar con el mayor consenso posible porque ven su reflejo en el monte durante muchos años. Pero, ¿en qué consiste? La ordenación forestal se materializa en tres pasos: inventariar, organizar y programar los trabajos.

El inventario es esencial para valorar las posibilidades y recursos que se deben potenciar, así como las restricciones y riesgos a tener en cuenta. En esta fase, se toman datos sobre factores ambientales y ecológicos (relieve, clima, calidad del suelo, flora, fauna), las características de las masas forestales (dimensiones de los árboles, relaciones entre las especies, estado sanitario, riesgo de incendios) y las infraestructuras existentes (caminos, cerramientos, tomas de agua). Se valora, además, su estado socioeconómico (usos tradicionales, industrias relacionadas), que tendrá por objeto la consideración del monte o grupo de montes como generador de una oferta múltiple de bienes y servicios analizando sus condicionantes económicos y su relación con la demanda social de los mismos.

Conocido el estado del monte, para lograr una gestión ordenada y racional de los recursos hay que consensuar con todos los agentes implicados (propietarios, instituciones, técnicos) las principales características de su ordenación, determinar los usos actuales y potenciales (protección ecológica, recreo, producción), las restricciones que puedan ser impuestas a los mismos, las posibilidades y compatibilidades entre usos, la determinación de los objetivos concretos de la ordenación y, finalmente, su división en zonas homogéneas de ordenación.

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Por último, se programan las actuaciones que el monte necesita en los próximos 10-15 años, que son de dos tipos. Las de mejora, dirigidas a optimizar las condiciones ecológicas, de uso recreativo y de producción del monte, y las de aprovechamiento, que permiten obtener gran variedad de productos forestales (madera, setas, miel, piñones, pasto, biomasa). Tanto las especies principales (las que constituyen masas forestales) como las secundarias (se presentan aisladas o en pequeños grupos) serán objeto de tratamientos silvícolas adecuados para garantizar su persistencia, dosificar la competencia entre individuos y conseguir la mayor renta anual posible.